El Consenso de Beijing
Desde aproximadamente 1984, la doctrina económica “políticamente correcta” impuesta al mundo en desarrollo, ha sido lo que corrientemente se denomina “El Consenso de Washington”, que dio como resultado una receta de “leseferismo” comercial, globalización y cambios estructurales, dictados por las Instituciones Financieras Internacionales (IFI)s. Algunas de estas recetas, tomadas como dogmas, han sido objetadas, sin mucho éxito, por economistas de orientación nacionalista. Cualquiera que osara pensar diferente a lo que un brillante profesor latinoamericano de Harvard llamaba la “tautología de los economistas”, era considerado, por lo menos, retrógrado.
Anteriormente al Consenso de Washington, campeó en Latinoamérica con buen éxito, y durante varias décadas la doctrina de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL), que incluía la sustitución de importaciones, el proteccionismo a las industrias nacientes y otras medidas que hoy día son anatema. Sin embargo, estas teorías de la CEPAL fueron adoptadas por los países emergentes de Asia, adicionándoles una fortísima dosis de intervención o apoyo estatal a las exportaciones, cosa en la que, quizás, había fallado la CEPAL. Esta adición a la doctrina tradicional "cepalina”, con la cual se desarrollaron con mucha celeridad los “Tigres Asiáticos”, no es más que, en buena medida, el vilipendiado mercantilismo comercial que todos los países desarrollados condenan pero que todos practican de las formas más solapadas posibles.
Hace un mes, fui invitado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, como orador, a un simposio sobre “La República Popular China (RPC) y Latinoamérica”. Asistieron unas 40 ó 50 personas entre diplomáticos, académicos y analistas de diferentes agencias del gobierno norteamericano y de universidades y gobiernos latinoamericanos, así como el encargado de Latinoamérica en Beijing. Las intervenciones formales fueron ciertamente interesantes, y me prometo escribir sobre ellas, pero lo que me pareció de interés inmediato para Panamá, fueron ciertos comentarios hechos en los corrillos durante los recesos, que es cuando la gente habla más libremente. En este ambiente, de lo más claramente conservador y ortodoxo imaginable, se aceptaba lo que alguien sintetizó así: “El Consenso de Washington está muerto, lo que viene es el Consenso de Beijing”. Yo quise aclarar más preguntando si se trataba de la vuelta a las medidas de la CEPAL, con un contenido mercantilista, y, bromeando, me dijeron que más bien era el mercantilismo rampante con algo de la CEPAL.
Esta semana, la prensa internacional confirma esto informándonos que el llamamiento de noviembre del G-20, a no levantar barreras arancelarias “fue rápidamente ignorado por los países del G-20 en su mayoría, que bloquearon las importaciones de otros países, favoreciendo sus propias exportaciones a expensas de los competidores”. Frederick Erixon, director del Centro Europeo para Economía Política Internacional añade que los países del G-20 no fueron realmente serios acerca de bloquear los movimientos hacia el proteccionismo.
En la actual crisis económica, es urgente revisar nuestra estrategia de desarrollo para el futuro próximo y medio, teniendo en cuenta, obviamente, la forma en que se mueve el mundo. El tener un 75% de nuestro PIB en el sector servicios nos coloca en una situación de gran vulnerabilidad. Además, la amenaza de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) de declararnos “paraíso fiscal” es otra medida que de alguna manera pone en riesgo nuestra realidad económica.
Para reciclar los empleos que probablemente perderemos en la construcción y el turismo, debemos hacer un esfuerzo verdaderamente serio para reactivar a nuestros olvidados y disminuidos sectores productivos: el agro y la industria, que son los que más empleos permanentes pueden proveer.
Nuestras dos oportunidades más grandes para desarrollar una estrategia de diversificación económica y de nuestras exportaciones, están seriamente limitadas por las dificultades que se presentan para la ratificación del TPC y, por la exclusión de Panamá de las preferencias arancelarias europeas. Roguemos para que el actual gobierno tenga mejor éxito al resolver el tema de “paraíso fiscal” con la OCDE y podamos todos comenzar a enfocarnos en serio sobre cómo manejarnos lo mejor posible dentro de lo que resta de la crisis actual.