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El consumidor requiere de protección


La CLICAC, más es el efecto propagandístico que lo que realmente ejerce en beneficio del consumidor y ya hay quienes han afirmado que sus máximos dirigentes, con sus intervenciones ruidosas y públicas, lo que persiguen es hacerse una carrera política más que proteger al consumidor. Pudiera ser y por ello sería recomendable que la CLICAC, para desvirtuar lo que pudieran ser críticas mal intencionadas, dé a la publicidad cuál ha sido el resultado de su mediación entre los consumidores y comerciantes. No queremos disculpas. Por ejemplo, ojalá nos digan en qué quedó el sonado caso de la harina en que se habló de una multa millonaria y otros renombrados casos que consumieron mucha tinta y espacio en los diarios, más no estamos seguros de los resultados obtenidos.
Son muchas las situaciones en que los consumidores estamos en la indefensión de nuestros derechos pues nadie hace nada para sancionar a los empresarios irresponsables. A quién no le ha pasado, por ejemplo, que al retirar su ropa de la tintorería, la mancha que motivó la visita a dicho lugar está intacta o peor aún, más notoria debido al descoloramiento que ha sufrido la pieza. O que al ir a buscar su auto al estacionamiento de algún centro comercial se encontró con un golpe que antes no existía o que le hurtaron cosas de su interior, no obstante haberlo mantenido bajo llave. En situaciones como éstas, el mismo que minutos antes recibió gustoso su dinero asegura sentirlo, pero que, tal como lo dice o lo advierte la boleta o un cartel colgado en algún rincón, no se hace responsable de ese tipo de daños. De esta forma no se está protegiendo el derecho de los consumidores pues en el primero de los casos, el de la tintorería, cuando el consumidor acude a la tintorería y no lo hace por su cuenta, confía en los servicios profesionales que ofrece la tintorería, de otra forma no incurriría en ese gasto. Si no son capaces de eliminar la mancha, no deben aceptar la prenda de vestir. Y en el segundo de los casos, no queremos decir nombres, pero en un centro comercial, muy rimbombante, por cierto, ocurren frecuentes robos a los autos aparcados en sus instalaciones, con todo y la vigilancia que ofrecen, pero que a todas luces es insuficiente. En una ocasión vimos a dos dueños de autos presentar quejas, casi simultáneamente, y el establecimiento se limitó a afirmar que ellos no son responsables por los robos ocurridos en los predios de aparcamiento porque no hay forma de saber dónde ocurrió realmente el robo. Además de eludir la responsabilidad le dicen al consumidor que es un deshonesto, pero para aceptar su dinero si es bueno.
No se trata de una caza de brujas para el empresariado, como algunos no hay duda exclamarán, sino que consiste en darle importancia en el ajedrez a un alfil al que antes no se le había reconocido su calidad de pieza en el juego. No podemos dejar al consumidor a expensas del humor o consideraciones exclusivas del dueño del establecimiento comercial. Se trata de establecer reglas claras entre consumidores y proveedores, facilitándole a los primeros la información necesaria para adquirir bienes o servicios, y a los segundos, obligándolos a ser más estrictos en su atención.
Son muy frecuentes los casos cuando un artefacto, sobre todo electrónico, es adquirido y se daña a los días de comprado. Cuando se lleva adonde se adquirió, toda clase de situaciones surgen y finalmente cuando la empresa decide aceptarlo de vuelta lo hace únicamente para su reparación, cuando lo correcto debe ser la devolución en efectivo del valor de la compra. Es frecuente que las reparaciones son largas y tediosas y mientras tanto el consumidor penando sin poder usar el artículo que adquirió y no desean aceptar que la garantía mantiene su vigencia mientras el producto está en servicio técnico, para así evitar el caso de que ésta caduca durante el "largo" período de reparación. Tampoco deben aceptarse los argumentos de que el artículo no estaba en garantía porque se trataba de una "venta especial" o que se vendió por debajo del precio regular ya que ello sería injustamente transferir la mala manufactura o baja calidad del producto al consumidor, un riesgo que éste no estaba dispuesto aceptar cuando compró el artículo con descuento. Todo producto vendido por un establecimiento debe poseer garantía, derecho irrenunciable por el consumidor, no importa a qué precio adquirió el producto.
¿Y qué de las ventas al crédito? Debe especificarse el precio al contado y a crédito para que el consumidor sepa cuál es el sobrecargo, cuánto está pagando realmente por el artículo y no permitirse el cobro de intereses adicionales sobre el precio establecido a plazo. Esto evita los continuos reclamos de los consumidores que al recibir el cobro, constatan sumas que no esperaban y que elevan el precio del producto pagado por el consumidor.
Otras formas de abuso hacia los consumidores se dan en la presentación de espectáculos públicos en donde se da la sobreventa, muy frecuente en presentaciones musicales donde concurre la juventud. Después de pasar horas en una cola para obtener la entrada no se puede entrar al espectáculo por el cual se ha pagado porque "está todo lleno" o si lograr hacerlo tiene que permanecer de pie o en un lugar que no le permite observar ni disfrutar el espectáculo. Multas ejemplarizantes deben aplicarse a los organizadores de espectáculos públicos, incluidos los artísticos y deportivos, que pongan en venta una cantidad de localidades que superen la capacidad del recinto. Además con ello se pone en peligro la vida de los asistentes en caso de necesidad de evacuar la sala con urgencia.
Igualmente la publicidad falsa debe ser castigada a través de la suspensión de la misma o por medio de la publicidad correctiva, y deben existir normas de carácter penal en casos de publicidad engañosa, homologable al fraude. Los consumidores muchas veces se ven engañados con ofertas que al final resulta ser mercancía defectuosa y de baja calidad con el cuento de que se trata de una liquidación total que luego resulta ser un total engaño, pues el establecimiento sólo cambió de razón comercial y a veces hasta en el mismo lugar permanecen.

101 años de Panamá América

 
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