El cuerpo como valor de uso
Hace poco tuvimos conocimiento de la aciaga noticia de cuatro jóvenes reconocidos en la farándula, tres mujeres hermosas y un varón exitoso, encontrados muertos en una casa de cita de la localidad.
La orgía cegó sus sentidos hasta acabar con sus vidas, pero más allá de las especulaciones lógicas, el hecho trae al análisis un tema, inmoral para los escribas y fariseos de la religión, pero de preocupación para los que visualizan las consecuencias.
La salud sexual y reproductiva no sólo tiene que ver con el acto sexual en sí. En ella converge un conjunto de interrelaciones personales basadas en valoraciones y construcciones de identidad, que son las que nos impulsan en determinada situación a tomar actitudes de aprobación a ciertas prácticas en lo público y privado de nuestras vidas.
La homosexualidad, bisexualidad, lesbianismo, el sexo grupal y ocasional, la bigamia, la poligamia, se han convertido en ritos de una sociedad humana aquejada por una diversidad de crisis, donde el ejercicio de estas conductas está casado, muchas veces, al estereotipo de hombre o mujer exitoso(a), con poder adquisitivo, famoso(a), reconocido(a); sin embargo, los que no gozan realmente de estos adjetivos e idealizan como ellos, pero no tienen los recursos para ostentar de una salud física ni mental mínima, y se exponen a riesgos de crisis vivenciales y de una muerte, igualmente trágica llegado su momento.
La sociedad panameña es diversa. A estas alturas, tomar correctivos puede ser bueno a futuro, pero en el presente se toman medidas, pues lo que se ha perdido en distintas generaciones no es recuperable en forma inmediata, a no ser por un reordenamiento súbito del sistema, entiéndase de valores humanos, interrelaciones personales, consumo, económico, político y social.
Lo preocupante es que ante la búsqueda y pérdida de valor de las cosas materiales, va quedando el cuerpo como único valor de uso. Al final, cuando pierda su valor también, pues es perecedero, qué se podrá dar y vender para alcanzar el éxito o adquirir el poder, para sentirse amado y reconocido o valorado e importante por y para alguien; valdrá algo, algún día para el hombre, el espíritu y el alma, podrán ser reconocidos ambos en el comercio como artículos de compra y venta, o en la vida diaria como valor de uso e intercambio.
Amanecerá y veremos.