El cumplimiento de la Ley
"Se acata, pero no se cumple", con ese dictum, los virreyes coloniales cuadraban el círculo de lidiar con leyes absurdas o inconvenientes que provenían de las cortes legislativas madrileñas para regir el llamado "Nuevo Mundo". Ese divorcio entre las leyes y la realidad, produjo un irrespeto consuetudinario a la Ley y por ende su ineficacia. De hecho la capacidad de emitir leyes absurdas o inconvenientes no ha cesado en América Latina, y su irrespeto e incumplimiento tampoco. Hay una gran diferencia entre la forma como los anglosajones se relacionan con la Ley y como lo hacemos los latinoamericanos. El anglosajón es un sistema flexible de estricto cumplimiento; el nuestro es un sistema estricto de flexible cumplimiento. Para Von Mises, el fin único de las normas legales y del aparato estatal de coacción y compulsión es permitir que la cooperación social funcione pacíficamente. Por lo anterior si el sistema legal es de "flexible cumplimiento" es lógico que la "cooperación social sea no menos que disfuncional.
Pero los panameños no estamos condenados a vivir bajo un sistema legal disfuncional. Podemos incluso invocar nuestras raíces hispánicas, pero de la época precolonial, y adaptar a nuestra realidad el juramento de lealtad que proferían los aragoneses a su rey cuando decían: "Nosotros que valemos tanto como vos, juramos ante vos que no sois mejor que nosotros, que os aceptamos como rey y soberano siempre y cuando respetéis nuestras libertades y leyes, pero si no, no". Esta suma de sabiduría popular no puede ser más elocuente. El gobernante es igual a los gobernados y sólo tendrá legitimidad en cuanto respete las libertades de los ciudadanos y gobierne dentro de las leyes que ese pueblo libremente acepte. Así mismo, en el Estado panameño los gobernantes deben entender que no son mejores que los demás ciudadanos y que el respaldo popular se les mantendrá solo en tanto y en cuanto se respeten nuestras libertades y se gobierne bajo leyes justas y lógicas. Si no, no.
Lo que revela la situación es incoherencia y desconocimiento de las normas, en el propio seno de la administración pública. Un servidor público debe tener conocimiento total del cargo que desempeña. Si no lo sabe entonces sus superiores deben encargarse de que se entere y lo ponga en práctica, de lo contrario ¿qué hace en ese puesto?
Pero los panameños no estamos condenados a vivir bajo un sistema legal disfuncional. Podemos incluso invocar nuestras raíces hispánicas, pero de la época precolonial, y adaptar a nuestra realidad el juramento de lealtad que proferían los aragoneses a su rey cuando decían: "Nosotros que valemos tanto como vos, juramos ante vos que no sois mejor que nosotros, que os aceptamos como rey y soberano siempre y cuando respetéis nuestras libertades y leyes, pero si no, no". Esta suma de sabiduría popular no puede ser más elocuente. El gobernante es igual a los gobernados y sólo tendrá legitimidad en cuanto respete las libertades de los ciudadanos y gobierne dentro de las leyes que ese pueblo libremente acepte. Así mismo, en el Estado panameño los gobernantes deben entender que no son mejores que los demás ciudadanos y que el respaldo popular se les mantendrá solo en tanto y en cuanto se respeten nuestras libertades y se gobierne bajo leyes justas y lógicas. Si no, no.
Lo que revela la situación es incoherencia y desconocimiento de las normas, en el propio seno de la administración pública. Un servidor público debe tener conocimiento total del cargo que desempeña. Si no lo sabe entonces sus superiores deben encargarse de que se entere y lo ponga en práctica, de lo contrario ¿qué hace en ese puesto?