El debate laboral para tiempos distintos
Resulta natural la creación de los sindicatos cuando acremente se oponen a la iniciativa empresarial de reformar al Código de Trabajo y sobre todo, cuando el alegato que se instrumentaliza es el problema del desempleo. Ciertamente, las reformas en el pasado no han cumplido su finalidad: generar empleos. Sin embargo, significa lo anterior que el Código de Trabajo es inmodificable. Pienso que no. Como toda sistemática jurídica que se coloca en el plano superestructural de la sociedad está sujeto a cambios.
Dentro de este contexto, existe una situación que debería ser de preocupación importante para los sindicatos. De qué sirve oponerse a cambios en la legislación laboral, cuando ésta no logra contener los despidos que a diario se suceden. La tasa de desempleo desde una óptica sindical tiende a enervar la base de sustentación de organizaciones laborales. Lo anterior es lo que nos lleva a sostener que el sindicalismo no puede resignarse a una cómoda posición defensista en cuanto al Código de Trabajo, cuando en los hechos concretos, la realidad económica y social, no tiene ninguna contemplación con la normativa laboral vigente. Desde esta perspectiva, el sindicalismo panameño debería ser más propositivo, sobre todo en estos tiempos de crisis. Ahora bien, tampoco resulta correcto la posición de sectores empresariales que, montándose sobre la crisis, prenden retrotraer a legislación laboral, a los tiempos de la acumulación originaria del capital y de la fase inicial de la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX. Estos grupos económicos empresariales, más que prohijar algún tipo de flexibilización en las condiciones de trabajo, centran su posición en una especie de desregulación, en el sentido de acabar con los mínimos estatales que contienen normas protectoras por razón de la desigualdad material que se presente como dato en el correlato contractual laboral. Está posición es irracional e inaceptable.
Es importante señalar que algunos derechos laborales hoy son derechos humanos importantes, como por ejemplo: los mínimos salarios, la libertad sindical, la prohibición del trabajo al menor de quince años, la Convención Colectiva. En fin, el principio tuitivo, tanto en lo sustantivo como adjetivo de la sistemática laboral.
Como podemos observar, existe un entorno económico-social, que da cuenta de que la crisis afecta seriamente a los trabajadores y sus organizaciones, pero también, la recesión golpea al sector empresarial económico, variable ésta que explica los niveles crecientes de desempleo.
Si estamos en lo correcto, entonces existe un tramo que posibilita algún tipo de negociación ¿Por qué no intentarlo? Los sindicatos tienen la responsabilidad, dentro del concepto de un sindicalismo propositivo, procurar respuestas para evitar el debilitamiento de su base de sustentación. Lo ideal sería encontrar fórmulas para redimir el arquetipo de modelo contractual de trabajo permanente y por tiempo indefinido. Pero nada impide que se haga un debate para encontrar formas promocionales para la creación de más empleos o modelos flexibilizadores temporales de las condiciones de trabajo que ayuden a generar puestos de trabajo.
Los empresarios deben entender que en este proceso, también tienen que hacer sacrificios. Pretender aprovechar estos espacios para poder andar políticas antisindicales y de sobre explotación no favorece la concertación. Hay que abandonar esas prácticas o posiciones de trincheras y sentarse en la mesa a negociar cómo generar puestos de trabajo y sobre todo, proteger los existentes. No tenemos dudas de que la negociación colectiva para generar una normativa nacional que atienda problemas de la economía y los trabajadores, deviene importante en estos difíciles momentos por los que atraviesa el país.
Dentro de este contexto, existe una situación que debería ser de preocupación importante para los sindicatos. De qué sirve oponerse a cambios en la legislación laboral, cuando ésta no logra contener los despidos que a diario se suceden. La tasa de desempleo desde una óptica sindical tiende a enervar la base de sustentación de organizaciones laborales. Lo anterior es lo que nos lleva a sostener que el sindicalismo no puede resignarse a una cómoda posición defensista en cuanto al Código de Trabajo, cuando en los hechos concretos, la realidad económica y social, no tiene ninguna contemplación con la normativa laboral vigente. Desde esta perspectiva, el sindicalismo panameño debería ser más propositivo, sobre todo en estos tiempos de crisis. Ahora bien, tampoco resulta correcto la posición de sectores empresariales que, montándose sobre la crisis, prenden retrotraer a legislación laboral, a los tiempos de la acumulación originaria del capital y de la fase inicial de la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX. Estos grupos económicos empresariales, más que prohijar algún tipo de flexibilización en las condiciones de trabajo, centran su posición en una especie de desregulación, en el sentido de acabar con los mínimos estatales que contienen normas protectoras por razón de la desigualdad material que se presente como dato en el correlato contractual laboral. Está posición es irracional e inaceptable.
Es importante señalar que algunos derechos laborales hoy son derechos humanos importantes, como por ejemplo: los mínimos salarios, la libertad sindical, la prohibición del trabajo al menor de quince años, la Convención Colectiva. En fin, el principio tuitivo, tanto en lo sustantivo como adjetivo de la sistemática laboral.
Como podemos observar, existe un entorno económico-social, que da cuenta de que la crisis afecta seriamente a los trabajadores y sus organizaciones, pero también, la recesión golpea al sector empresarial económico, variable ésta que explica los niveles crecientes de desempleo.
Si estamos en lo correcto, entonces existe un tramo que posibilita algún tipo de negociación ¿Por qué no intentarlo? Los sindicatos tienen la responsabilidad, dentro del concepto de un sindicalismo propositivo, procurar respuestas para evitar el debilitamiento de su base de sustentación. Lo ideal sería encontrar fórmulas para redimir el arquetipo de modelo contractual de trabajo permanente y por tiempo indefinido. Pero nada impide que se haga un debate para encontrar formas promocionales para la creación de más empleos o modelos flexibilizadores temporales de las condiciones de trabajo que ayuden a generar puestos de trabajo.
Los empresarios deben entender que en este proceso, también tienen que hacer sacrificios. Pretender aprovechar estos espacios para poder andar políticas antisindicales y de sobre explotación no favorece la concertación. Hay que abandonar esas prácticas o posiciones de trincheras y sentarse en la mesa a negociar cómo generar puestos de trabajo y sobre todo, proteger los existentes. No tenemos dudas de que la negociación colectiva para generar una normativa nacional que atienda problemas de la economía y los trabajadores, deviene importante en estos difíciles momentos por los que atraviesa el país.