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El deber de servir


Servir es cumplir con un deber. Sí, servir es un deber que usted tiene para con la sociedad que le vio nacer, para la tierra y la comunidad en donde usted está. Servir es un deber con su propia Iglesia. Servir es un deber que usted ha contraído con la gente con quien convive, porque así como otros velan por usted, así como esta sociedad y esta Iglesia están sirviéndole a usted, es un deber suyo comprometerse y corresponder a los servicios que le han dado.
El servicio es una forma de vivir evangélicamente; es una forma de vivir cristiana y el que no sirve no es cristiano. Hay un pasaje bíblico, muy interesante, que sorprende a todos. En él dice El Señor: "En el juicio final yo voy a separar a las ovejitas de los cabritos y les diré a las ovejitas vengan conmigo al cielo porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba desnudo y me vistieron, estaba solo y me acompañaron, triste y me consolaron, en la cárcel y me visitaron". Podría seguir diciendo, vengan conmigo, porque era pobre y me ayudaron, estaba inválido y me animaron, era un alcohólico y me ayudaron a salir del vicio, era un drogadicto y me ayudaron a redimirme, era tu hijo y me formaste bien, era tu esposa y me quisiste y respetaste, era tu padre anciano y me asististe en mi vejez, era tu empleado y supiste ayudarme, promoverme; fuiste honesto y justo conmigo. También dice El Señor, en el mismo texto, que habrá otros que no verán la gloria de Dios porque al ver los hambrientos, a los sedientos, a los solos, a los tristes, a los pobres, a los que lo necesitaban no ayudaron a nadie, y se mantuvieron en su egoísmo.
Este texto nos hace reflexionar porque en verdad usted nunca podrá decir que es un buen cristiano, si no sirve. De hecho, el servicio es una forma concreta de ganarse el cielo, de parecerse a Jesús. Hay mucha gente que lo necesita y usted siempre debe estar disponible a servir. Conozco muchos casos de personas que han revivido cuando descubrieron que eran necesitados, que podían ayudar, que podían servir. Los he visto sirviendo en diferentes partes y lugares, en diferentes posiciones económicas y sociales, dando lo mejor de sí mismos. Es maravilloso y es motivante ver cómo las personas adquieren felicidad en sus vidas en la medida en que sirven y se sienten útiles.
Hoy le pregunto a usted, ¿en su ambiente, en su circunstancia, a quién puede servir y cómo puede usted servir mejor?, ¿está usted contento con la manera en que sirve?, ¿no podría hacer algo más?, ¿no podría usted desarrollar más sus cualidades y servir con más calidad?, ¿ha visto las necesidades concretas que hay en su casa, en su trabajo, en el ambiente que lo rodea? Hay tantas necesidades: La pobreza actualmente es inquietante; la corrupción que hay en diferentes campos: la moral, el social; la problemática existente con los vicios es terrible: el alcoholismo, la droga; el problema de tanta gente que vive sola aún estando en la campañía de otros; la depresión que hay y la tristeza que embarga muchos corazones. ¿Por qué no hace un estudio de su ambiente?, ¿Por qué no se levanta y dice: "Yo me comprometo a servir a la humanidad hasta el día de mi muerte, porque así yo podré ganarme el cielo".
Para que usted pueda servir de verdad debe ir eliminando el egoísmo. A veces nos cansamos muy rápido de servir, porque no hemos eliminado nuestro egoísmo. Por desgracia vivimos en una sociedad, en una cultura que influye en nosotros y nos empuja hacia el egoísmo. En nuestra economía se defiende esa lucha de todos contra todos como
única doctrina posible. Quien pueda hacerse con mucho dinero, gozar de fama y consideración es el más importante. La grandeza humana significa para muchos de los contemporáneos nuestros, poder ganar mucho dinero y así, servir para muchos no conviene, porque si servimos mucho, no tendremos tiempo para pensar en nosotros y ganar grandes riquezas.
¡Cuidado! De hecho, el egoísmo del cual padecen tantas personas como también nuestra cultura y nuestra sociedad, sólo podrá eliminarse de este mundo mediante un cambio personal: Adquirir una sensibilidad y comenzar a vibrar y a sufrir con el que sufre; abrir los ojos para comprender que hay mucha gente que vive en un tremendo calvario y que tenemos que hacer algo por ellos, que tenemos que ser más sensibles ante su dolor. El culto al "yo" en todas sus formas perpetúa nuestra debilidad de ser egoísta. Solamente se va a crecer mediante una unión interior con los demás, una identificación con todos, especialmente con los que más sufren; hay que volar esas fronteras del "yo" que hemos ido erigiendo y extender nuestra personalidad en el conocimiento de las necesidades del prójimo para así servir más y mejor. Sí, esto nos hará más humanos y también más divinos. Rompa esas fronteras que nos impiden acercarnos al prójimo y recuerde que uno se hace grande "siendo para los demás". Seremos grandes interiormente en la medida en que sirvamos al prójimo. No se olvide que el que quiere ganar su vida debe perderla, dice El Señor; esto significa olvidarse de sí mismo para pensar más en los demás y servir.
¿Que se cansa? Pídale la fuerza a El Señor que le dará toda la ayuda necesaria y con El vencerá su cansancio. ¡Animo, sirva y no se canse! Con el Señor usted podrá vencer su cansancio porque, ¡con El usted es... invencible!

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