El defensor del pueblo quedó atrás
En un principio estuve opuesta a la creación del Defensor del Pueblo, tal vez porque veía venir lo que está sucediendo. Cuando se piensa con mentalidad de pueblo subdesarrollado, se vive como tal, y los panameños hemos demostrado que no avanzamos en nuestras actitudes hacia los progresos que aventajan a unos pueblos sobre otros. Esa es la diferencia entre los países débiles y los fuertes: la actitud mental.
Luego, cuando todo fue avanzando con el Defensor del Pueblo y se veía tan bonito, decidí darle al beneficio de la duda, y también un compás de espera. Cuando supieron elegir al mejor, me enorgullecí de la decisión de nuestra gente.
Sin embargo, no se me disiparon del todo las dudas del éxito total de esa expedición en que nos habíamos metido. Saber aceptar cambios, novedades y aquello que signifique sacarnos de lo rutinario, es crecer, es madurar, es progresar en las expresiones de un pueblo moderno. Pero, esto es sumamente difícil cuando existe por medio del personalismo, el egoísmo, la politiquería y el retraso mental.
Cuando una figura que ocupa un puesto público prominente no puede evitar tomas las críticas como personales y no como a las actuaciones del servidor, estamos muy mal. Comenta la gente sorprendida, que la decisión de la Corte Suprema de Justicia es reflejo de una crítica al Procurador General de la Nación. Y yo me pregunto: ¿Qué tanta influencia tiene este señor sobre nueve miembros de la Corte? De ser eso cierto, estamos muy mal con la "Honorable Corte". Si la justicia es ajusticiada constantemente por todos los panameños, ahora que el más alto cuerpo ha actuado en forma absurda, ya no nos queda esperanzas. Podremos escribir, hablar, gritar y arrastrarnos, que a los nueve "honorables" les tiene sin cuidado. Se limpian la cara sucia que tienen con nuestras palabras y a continuar recibiendo su jugoso salario con actuaciones que los dejan en entredicho.
¿Cómo pudieron llegar a esa decisión unánime? ¿Qué papel desempeñará ahora el Defensor del Pueblo, si no puede tocar a los intocables que son las autoridades del Poder Judicial? De veras que no sé qué pensar. De veras que han ignorado compromisos internacionales con tal de cuidar sus pellejos y la figura del Procurador.
Siento tener que escribir esta columna porque ya no es mi estilo, pero no puedo permanecer callada y hacerme cómplice de un error garrafal como el que han cometido. Sería saludable que nos dieran una explicación de su actuación, pero ellos están muy por encima de este pueblo de ignorantes como para rebajarse a tanto.
Vuelvo a usar mi frase preferida. "Que Dios nos coja confesados" ante la justicia en Panamá. Roguemos a Dios no tener nada que ver con ella porque de entrada sabemos que estamos muertos. Que nos proteja la Divina Trinidad a todos los panameños de aquí en adelante, porque ni el honor del nombre los detuvo.
Luego, cuando todo fue avanzando con el Defensor del Pueblo y se veía tan bonito, decidí darle al beneficio de la duda, y también un compás de espera. Cuando supieron elegir al mejor, me enorgullecí de la decisión de nuestra gente.
Sin embargo, no se me disiparon del todo las dudas del éxito total de esa expedición en que nos habíamos metido. Saber aceptar cambios, novedades y aquello que signifique sacarnos de lo rutinario, es crecer, es madurar, es progresar en las expresiones de un pueblo moderno. Pero, esto es sumamente difícil cuando existe por medio del personalismo, el egoísmo, la politiquería y el retraso mental.
Cuando una figura que ocupa un puesto público prominente no puede evitar tomas las críticas como personales y no como a las actuaciones del servidor, estamos muy mal. Comenta la gente sorprendida, que la decisión de la Corte Suprema de Justicia es reflejo de una crítica al Procurador General de la Nación. Y yo me pregunto: ¿Qué tanta influencia tiene este señor sobre nueve miembros de la Corte? De ser eso cierto, estamos muy mal con la "Honorable Corte". Si la justicia es ajusticiada constantemente por todos los panameños, ahora que el más alto cuerpo ha actuado en forma absurda, ya no nos queda esperanzas. Podremos escribir, hablar, gritar y arrastrarnos, que a los nueve "honorables" les tiene sin cuidado. Se limpian la cara sucia que tienen con nuestras palabras y a continuar recibiendo su jugoso salario con actuaciones que los dejan en entredicho.
¿Cómo pudieron llegar a esa decisión unánime? ¿Qué papel desempeñará ahora el Defensor del Pueblo, si no puede tocar a los intocables que son las autoridades del Poder Judicial? De veras que no sé qué pensar. De veras que han ignorado compromisos internacionales con tal de cuidar sus pellejos y la figura del Procurador.
Siento tener que escribir esta columna porque ya no es mi estilo, pero no puedo permanecer callada y hacerme cómplice de un error garrafal como el que han cometido. Sería saludable que nos dieran una explicación de su actuación, pero ellos están muy por encima de este pueblo de ignorantes como para rebajarse a tanto.
Vuelvo a usar mi frase preferida. "Que Dios nos coja confesados" ante la justicia en Panamá. Roguemos a Dios no tener nada que ver con ella porque de entrada sabemos que estamos muertos. Que nos proteja la Divina Trinidad a todos los panameños de aquí en adelante, porque ni el honor del nombre los detuvo.