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El déficit universitario y el mito de los títulos


A B/.19 millones asciende el déficit de la Universidad de Panamá. El rector, Gustavo García de Paredes, se encuentra haciendo loables esfuerzos para que no aumente. Pero disminuirlo será difícil. Si recorta gastos en exceso puede llegar a la parálisis. El rector está pensando bien y merece el apoyo del Consejo General Universitario. Habla de un aumento de matrícula, a nivel de post grados. Dice que la entidad debe cobrar por los servicios de prestar sus instalaciones. Añade que hay que recortar planillas, incluyendo a administrativos y docentes. Y que debe ahorrar en luz.
Nosotros hemos planteado en varias ocasiones nuestra visión de una universidad más empeñada en la calidad que en la cantidad. Bajo esa fórmula ahorraría gastos, reduciéndose en tamaño. Pero eso debe hacerse dando a los estudiantes de nivel no universitario alternativas de educación y formación de igual o mejor nivel.
Está demostrado que una buena formación profesional puede crear técnicos de alto nivel que no tendrían nada que envidiar a un egresado de maestría. Hay carreras tales como de comunicaciones, refrigeración industrial, mecánica de aviación, de motores de barcos, de máquinas rotativas, mecánica de última tecnología, computadoras, etc. que no requieren de estudios universitarios y que resultan igual de edificantes.
En eso de los títulos universitarios hay mucho de mito. Por ejemplo, nada es mejor que ser un empresario independiente, y eso no requiere de un título. Mario Guardia D., uno de los empresarios más exitosos, que de un camión forjó un imperio, solía decir con un toque de arrogancia a quienes se mofaban de su costumbre de sacar cuentas con pluma y papel: "¡Así me ha ido bien!". No olvidamos a otro, un español que fundó una cadena de supermercados, sin saber leer ni escribir. Ni a un gerente general de banco, que no había terminado siquiera la secundaria, la que concluyó después en un colegio nocturno.
En fin, el estudiante universitario, a más de contar con atributos especiales para cursar estudios superiores, debe aportar más. Y si no puede, debe poder acceder fácilmente a préstamos. Así se hace en los países ricos. ¿Por qué no nosotros en uno tan pobre? En Costa Rica y Chile hay que pagar más porque de otro modo no podrían mantener los altos niveles de calidad que el mundo de hoy exige. Y el resultado es mejor.

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