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El deporte y sus compensaciones


"Cuerpo sano, mente sana", solían afirmar los griegos para destacar la importancia del ejercicio en el cuerpo humano. Hoy ese dicho se ha tergiversado y vemos cómo millones de jóvenes se lanzan a la práctica de ciertos deportes estimulados por las enormes compensaciones económicas que se ofrecen. Parafraseando a los griegos, hoy día diríamos "cuerpo sano, saco lleno". Muchas veces he tratado, sin éxito, de encontrar una justificación a estas compensaciones desproporcionadas con relación a la manera en que se desenvuelve la vida del resto de las personas dentro de la sociedad. Pasemos a ver algunas consideraciones en torno al tema.
Somos partidarios del deporte, lo practicamos en nuestros años mozos y estamos totalmente de acuerdo con que se recompense el esfuerzo, la dedicación o habilidad que una persona pone al servicio de sus actividades, pero creemos que dicha compensación debe ser razonable al esfuerzo realizado y beneficios logrados con relación al resto de los elementos que componen la sociedad.
Cuando un jugador de "baseball", por ejemplo, es remunerado con el pago de varios millones de dólares por su desempeño en una temporada nos preguntamos, en primer lugar, en qué se fundamenta dicha remuneración, ya que el "baseball" es fundamentalmente un juego "de equipo", una contienda de grupo y no individualista, en el que es menester el excelente desempeño de todos los integrantes de cada equipo para alcanzar la victoria. De ninguna utilidad resulta tener un excelente lanzador, o una excelente segunda base, si el resto del equipo no demuestra la eficiencia requerida en el desempeño de sus funciones. Entonces lo correcto sería que la remuneración fuese en relación directa con el desempeño de cada jugador dentro del equipo, que no es exactamente lo que ocurre. Más son las veces en que el héroe de un partido son los jugadores que no reciben los astronómicos salarios, lo que sin duda debe causar un trauma entre los demás compañeros de equipo.
Estas desproporcionadas compensaciones económicas, por otro lado, desvirtúa la naturaleza del deporte en sí y hace de la contienda ya no la suma del esfuerzo de cada integrante de un equipo en beneficio de su equipo, sino que cada cual desea destacarse en lo personal a fin de participar y cotizar en la danza de los millones.
Por otro lado, este sistema de remuneraciones económicas desproporcionadas pagadas a los deportistas han creado también un mercado de libre oferta y demanda a través de agentes representantes de equipos y jugadores que más que favorecer una armoniosa relación entre jugadores y equipos ha conllevado a grados incalculables de hostigamiento. No ha concluido el término del contrato vigente cuando ya están en la negociación de un nuevo contrato y de no lograr los términos deseados con el equipo en que se desempeñan, inmediatamente se declaran "agentes libres", que en otras palabras no significa otra cosa que el jugador queda disponible al mejor postor, sin importar mucho quién éste sea. De esta forma lo primordial ya no es tanto la obtención del banderín del equipo al que se pertenece, sino el desplazamiento personal de los jugadores. Ya no interesa el pertenecer a tal o cual equipo, sino al equipo que mejor oferta haga.
En días pasados leímos en la sección editorial de un diario que se refería a este mismo asunto de las compensaciones económicas desproporcionadas de los deportistas que "ésta debe ser proporcionada y razonable. Pero no parecen lógicas esas recompensas cuando alcanzan cifras astronómicas que no guardan relación alguna con lo que reciben otras personas que se dedican brillantemente a actividades científicas, artísticas, industriales y educativas, que reciben beneficios inmensamente menores que los que obtienen los deportistas". Hay que tomar en cuenta, sigue diciendo el aludido editorial, "que se habla de muchos millones de dólares, mientras que el investigador científico que descubre una vacuna que salva a la humanidad o gran parte de ella, no llega ni al tobillo a la cantidad que reciben esos deportistas. Y lo mismo puede decirse de figuras de otros campos de la ciencia o el arte". "Cuando se piensa en estos desajustes en el campo de la recompensa que reciben los que se dedican triunfalmente a una actividad positivamente meritoria y de trascendencia para nuevas generaciones, se debe producir una frustración en mucha gente que disfruta las victorias deportivas, los esfuerzos de sus artífices, pero que consideran que hay una exageración a veces inconmensurable entre lo que reciben ellos y no reciben otros que ponen al servicio de sus esfuerzos lo mejor de sus inteligencias, de sus espíritus y de su voluntad de cultivar manifestaciones supremas del alma y del intelecto."
Concluye el aludido editorial señalando que "está bien que sigan los empeños a favor del deporte que cumple una gran finalidad social en el sentido de distraer a quienes lo practican o lo observan. Generalmente, quienes se dedican al deporte en cualquiera de sus manifestaciones y niveles, desde la niñez hasta la juventud en la escuela o después de esa etapa en el campo que se le llama profesional, se mantienen al margen de actividades delictuosas o de vicios que destruyen la moral y la salud de las personas, como es el caso de las drogas. Lo que no está bien es que esas remuneraciones sean de dimensiones astronómicas, mientras los que en otros campos de supremos valores luchan por levantar el prestigio de la cultura, cultivándola con esmero en beneficio de muchos millones de personas, reciben por sus empeños, por su dedicación, cantidades de dinero inmensamente más bajas al extremo de no poder subsistir razonablemente bien".

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