El derecho de las minorías
Quien habla de minorías tiene que hablar de su posición en el espacio geográfico y social y, por ende, de sus derechos. Es parte de la democracia respetar ese derecho, tanto a ganar como a perder; tanto a estar en gobierno como en oposición.
Si los partidos políticos grandes tienen el privilegio del poder y de manejar la política a su antojo y capacidad de hacerlo, es justa la presencia y el protagonismo de los partidos pequeños; estos equilibran el exceso de poder del que ocupe la silla presidencial en ese momento. Si tiene la suerte del control legislativo, entonces el pueblo está bajo el yugo "democrático" de ese partido o de esa persona presidencial.
La actual ley electoral beneficia del todo a los partidos grandes y ahora que estamos revisándola, debiera obviarse esos errores; los partidos pequeños somos mayoría en número y estamos obligados a imponer nuestros derechos ante los dos grandes. En la unión está la fuerza.
Las minorías siempre han existido en todos los países del mundo. Existen minorías políticas, étnicas, de género, de edades y otras más. Sin embargo, se respetan sus derechos, porque esa es una de las bases de la democracia. Amigos, democracia no es carecer de dictadura; es, podríamos decir, participación, tener derechos que se respeten, sobre todo de parte de las mayorías.
Si esos cambios en la ley electoral no se producen, seguiremos con un monstruo injusto y lleno de irregularidades, sobre todo que no representa los diferentes quereres a la hora de una elección. Si se hubieran tenido esas modificaciones, varios legisladores que hoy ocupan curules, no las tendrían.
Un peligro que debemos evitar es el poder excesivo de los partidos grandes. Recordemos que nuestro sistema político es presidencialista y partidista; recordemos igualmente que, dentro de algunos partidos no hay democracia, lo que hace más poderosos a sus dirigentes.
Se piensa que ahora existe un balance legislativo, porque varias leyes se han aprobado por consenso. Balance entre quiénes, ¿entre los dos grandes partidos que se entienden? ¿Sabemos los intríngulis de esos arreglos? De ser esto así, ¿qué papel jugamos los partidos pequeños, a quienes ya ni gobierno ni oposición necesitan para aprobar leyes o para sacar un presupuesto?
El gobierno está tranquilo y la oposición también y, entre ellos se entienden. Por eso es que los grandes no apoyan ciertas reformas electorales. Es cómodo para ellos la alternabilidad y la posición entre gobierno y oposición. Es hora de que los partidos pequeños despertemos; que comprendamos que no sólo es alrededor de los primeros de septiembre que somos tomados en cuenta. No sigamos durmiendo del mismo lado; tenemos que conversar, entendernos y demostrar que también tenemos un espacio en el devenir político. Veo con preocupación cómo perdemos la democracia que va quedando sólo en palabras. (ojo con el bipartidismo).
Los partidos grandes dicen que ellos ponen los votos. Sueño a menudo con ver la reunión de los pequeños partidos. ¡Cuán diferentes serían las elecciones! ¡Muy distintos los resultados! Desafortunadamente no estamos preparados para una tercera fuerza, aunque ya empezamos. Pero, como decía un tío mío: "El no perdía película de vaqueros, porque algún día ganarían los indios". Lo mismo digo: "Algún día veré una tercera fuerza en grandecida y un mejoramiento positivo de los partidos tradicionales".
O los partidos cambiamos, nos modernizamos, hacemos una reconversión de los mismos o perderemos el pequeño poder que hoy nos rodea como aureola. Poco a poco, granito a granito podremos lograrlo. Eduquemos a los votantes y tengamos un buen candidato y lograremos, algún día, desplazar a los dos grandes partidos o mejorarlos.
Si los partidos políticos grandes tienen el privilegio del poder y de manejar la política a su antojo y capacidad de hacerlo, es justa la presencia y el protagonismo de los partidos pequeños; estos equilibran el exceso de poder del que ocupe la silla presidencial en ese momento. Si tiene la suerte del control legislativo, entonces el pueblo está bajo el yugo "democrático" de ese partido o de esa persona presidencial.
La actual ley electoral beneficia del todo a los partidos grandes y ahora que estamos revisándola, debiera obviarse esos errores; los partidos pequeños somos mayoría en número y estamos obligados a imponer nuestros derechos ante los dos grandes. En la unión está la fuerza.
Las minorías siempre han existido en todos los países del mundo. Existen minorías políticas, étnicas, de género, de edades y otras más. Sin embargo, se respetan sus derechos, porque esa es una de las bases de la democracia. Amigos, democracia no es carecer de dictadura; es, podríamos decir, participación, tener derechos que se respeten, sobre todo de parte de las mayorías.
Si esos cambios en la ley electoral no se producen, seguiremos con un monstruo injusto y lleno de irregularidades, sobre todo que no representa los diferentes quereres a la hora de una elección. Si se hubieran tenido esas modificaciones, varios legisladores que hoy ocupan curules, no las tendrían.
Un peligro que debemos evitar es el poder excesivo de los partidos grandes. Recordemos que nuestro sistema político es presidencialista y partidista; recordemos igualmente que, dentro de algunos partidos no hay democracia, lo que hace más poderosos a sus dirigentes.
Se piensa que ahora existe un balance legislativo, porque varias leyes se han aprobado por consenso. Balance entre quiénes, ¿entre los dos grandes partidos que se entienden? ¿Sabemos los intríngulis de esos arreglos? De ser esto así, ¿qué papel jugamos los partidos pequeños, a quienes ya ni gobierno ni oposición necesitan para aprobar leyes o para sacar un presupuesto?
El gobierno está tranquilo y la oposición también y, entre ellos se entienden. Por eso es que los grandes no apoyan ciertas reformas electorales. Es cómodo para ellos la alternabilidad y la posición entre gobierno y oposición. Es hora de que los partidos pequeños despertemos; que comprendamos que no sólo es alrededor de los primeros de septiembre que somos tomados en cuenta. No sigamos durmiendo del mismo lado; tenemos que conversar, entendernos y demostrar que también tenemos un espacio en el devenir político. Veo con preocupación cómo perdemos la democracia que va quedando sólo en palabras. (ojo con el bipartidismo).
Los partidos grandes dicen que ellos ponen los votos. Sueño a menudo con ver la reunión de los pequeños partidos. ¡Cuán diferentes serían las elecciones! ¡Muy distintos los resultados! Desafortunadamente no estamos preparados para una tercera fuerza, aunque ya empezamos. Pero, como decía un tío mío: "El no perdía película de vaqueros, porque algún día ganarían los indios". Lo mismo digo: "Algún día veré una tercera fuerza en grandecida y un mejoramiento positivo de los partidos tradicionales".
O los partidos cambiamos, nos modernizamos, hacemos una reconversión de los mismos o perderemos el pequeño poder que hoy nos rodea como aureola. Poco a poco, granito a granito podremos lograrlo. Eduquemos a los votantes y tengamos un buen candidato y lograremos, algún día, desplazar a los dos grandes partidos o mejorarlos.