El desarrollo de una democracia
Ya fue anunciado el Gabinete que dirigirá los rumbos de la nación, al tiempo que las calles siguen llenas de la basura electorera. El desgastante torneo debe quedar atrás y ahora nos toca unir fuerzas para luchar por un único partido: el Panamá de todos.
Entre las cosas buenas que no deben cambiar está la excelente labor realizada por el Tribunal Electoral que, a pocas horas de finalizado el torneo, anunció el Presidente electo, siendo ejemplo de capacidad y transparencia. Lo malo fue lo extenso y negativo del proceso, mal ejemplo para los políticos y panameños que vivieron su primera campaña electoral; y también el torrencial aguacero. No es posible que en pleno siglo XXI aún tengamos sitios de votación a la intemperie, en donde los propios electores trataron infructuosamente de ayudar para que toldas improvisadas no se inundaran y desplomaran sobre mesas de votación.
Lo feo de las elecciones lo aportaron los ex candidatos Balbina y Endara, quienes no tuvieron la hidalguía ni humildad de reconocer el triunfo del candidato ganador. También, el actual presidente Torrijos que no pudo ocultar su tristeza por la derrota al asistir al acto de proclamación del presiente electo; y el alcalde electo, Bosco Vallarino, quien debe entender que ya acabó la contienda con el Sr. Velásquez y que ahora se debe comportar como tal, respetando a sus conciudadanos.
Pero, ¿el haber vivido un torneo electoral tan prístino nos convierte en un ejemplo de democracia? NO. La palabra democracia proviene de los vocablos griegos “demos”, que quiere decir “pueblo” y “krátos” que quiere decir “poder o gobierno”, y significa “el gobierno del pueblo” o “el poder del pueblo”, vocablos que no han sido bien analizados, pues ya hemos tenido tres presidentes electos que no han escuchado la voz del pueblo. El Toro ganó con un 33%, Mireya con un 38% y Martín con 45%; todos ganadores como resultado del voto castigo al gobierno de turno. Esta elección no fue diferente, sólo el pueblo le otorgó a Martinelli un 60% de los votos, cifra nunca antes vista. Además, le premio con el alcalde capitalino y casi un tercio del Legislativo, donde muy pocos diputados fueron reelectos.
Lejos de ser un premio, el presidente electo y su recién nombrado gabinete adquirieron una deuda MUY GRANDE con los electores que deseamos un cambio real en el cual las riquezas de este pequeño país puedan permear a cada uno de los panameños, especialmente en las áreas más necesitadas. Y aquí nuestro nuevo mandatario tendrá un reto aún mayor, pues fue precisamente en las áreas más pobres como Colón, Darién y las cinco comarcas indígenas, en donde su propuesta de cambio no llegó y donde empató o perdió avasalladoramente.
El nuevo gobierno tendrá que trabajar mucho para probar que su propuesta es inclusiva a todos los grupos sociales y étnicos del país. Si lo logra, el fenómeno Martinelli–Varela será recordado como la alianza por el cambio que supo poner los intereses del demos o pueblo, por encima de los intereses personales y partidistas para convertir a Panamá en un verdadero ejemplo de democracia.