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El desarrollo en la paz


El mundo pretende ser controlado por los intereses de las macro economías. Las artes, las ciencias, las armas, las profesiones, el periodismo, la energía, la comunicación, el transporte, las investigaciones, y aún la política, son ya sólo partes de su red. El objetivo: el crecimiento económico. No importa que a consecuencia de ello vaya quedando la pobreza, la inseguridad, la violencia, la desnutrición, la guerra; y al final, la muerte.
¿Adónde vamos? La pobreza acaba con los consumidores, la desinformación y las distancias destruyen la seguridad y la familia; la manipulación de las noticias y la publicidad engañosa desorientan y confunden. La desleal competencia de países ricos tecnológicos y subsidiados contra países atrasados, endeudados y descapitalizados, traerá la violencia, el hambre, la delincuencia, las guerrillas y las guerras.
Las inversiones, generalmente, buscan sus máximas ventajas (mangos bajitos) y su objetivo único son las ganancias; pero disfrazan estas reales razones buscando pretextos como lavado de dinero, dinero de drogas, listas negras, ineficiencia, corrupción. Nos han hecho creer que la globalización es la única solución. Si el problema es el desempleo, por qué no globalizan el empleo y permiten la entrada en sus países a nuestros trabajadores. Por el contrario, cierran sus fronteras.
Los mercados regionales como el MERCOSUR y el ALCA, como instrumentos, podrían ver valederos, siempre que efectivamente sean para permitir la exportación “libre” (como ellos desean) de los países pobres a los mercados de los ricos, y no para seguir sólo consumidores de productos subsidiados de los países desarrollados. El aprovecharse del progreso técnico del capitalismo histórico contra el subdesarrollo económico y el endeudamiento de los países pobres es, sencillamente, otra forma de colonialismo económico.
La educación y el tiempo sí son una solución. Chile es hoy exitoso; no lo es por los neoliberales dictatoriales, sino por más de 150 años de ser un país con desarrollo educativo y político, lo que le ha permitido a sus trabajadores y a sus empresarios aceptar democráticamente que el capital tiene que cumplir una función de desarrollo social para el progreso de todos. Esta fue la meta de Allende, y que ahora recuperada la democracia, su mismo partido lo está logrando. Pretender desvincular la educación y el desarrollo social como bases fundamentales del progreso, es condenar la globalización y el neoliberalismo al fracaso, con sus fatales consecuencias: la violencia de la pobreza y la violencia bélica. Y para evitar ahora éstas, Panamá tiene que dedicarse exclusivamente a su progreso y a mantener su neutralidad como país, y por su Canal.
El mejor amigo es el que no hace daño, y queremos verdaderos y justos amigos en la paz.

101 años de Panamá América

 
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