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El desarrollo latinoamericano


El nuevo secretario general de la OEA, Miguel Angel Rodríguez, ha dicho asumir proactivamente una reforma en la administración de esa organización. Esto es adecuado cuando América Latina vive momentos cruciales en su desarrollo democrático. Tenemos a Venezuela a puertas de una revocatoria de mandato presidencial, una salida hacia el mar de parte de Bolivia por Chile, la crisis institucional en Haití, así como de fuertes demandas sociales en Perú y Argentina.
Frente a esto, Rodríguez ha señalado que su gestión se centrará en impulsar la democracia, derechos humanos, ayuda internacional, programas sociales, participación de la sociedad civil y seguridad hemisférica.
Las iniciativas que se desarrollen en ese sentido deben priorizar la ética y la educación en todos sus niveles y formas. Así - y tal como se destacara en la actual asamblea general de la OEA - se propiciará un verdadero desarrollo social y democrático incidiendo en la lucha contra un flagelo que ha dañado por mucho tiempo los sectores públicos y privados de nuestros países: la corrupción.
Hablar de ética, por tanto, no sólo comprende evitar caer en malos manejos administrativos y con ello dar un mal ejemplo a los ciudadanos. La ética alcanza a una actuación que sea coherente con la lucha contra la pobreza, así como de no permitir la escasez de una educación de calidad. Es precisamente esta falta de una buena educación la que nos ha impedido plantear aportes significativos que redunden positivamente en la transformación de nuestra realidad latinoamericana. No basta que los programas sociales que se pretenden promover se limiten al "asistencialismo", sino que resalten el desarrollo integral del ser humano sobre la base de su dignidad. Entendemos que para lograrlo deberán ponerse todos los medios necesarios para que los objetivos de dichos programas atiendan las necesidades materiales, intelectuales, espirituales y afectivas de los beneficiarios.
Sin la participación de los sectores involucrados en el desarrollo no podrá lograrse este reto. De ahí que se señale como imprescindible una acción coordinada entre los representantes de los gobiernos, sociedad civil y sector privado. Debemos plantearnos propuestas multilaterales. Por ello es necesario que se fortalezcan las capacidades de diálogo y de acuerdos entre los países de ambas regiones como en la nuestra.
Las decisiones de los líderes y dirigentes deben estar orientadas a erradicar uno de los factores que caracterizan a nuestra región: la desigualdad. América Latina tiene 0.57 en el coeficiente de Gini medido de 0 a 1, donde 0 es equidad y 1 es desigualdad. En el mundo este coeficiente varía entre 0.25 y 0.65, de ahí deducimos la gran brecha entre ricos y pobres en nuestros países.
Deseamos que la gestión de Rodríguez tenga efectos que mejoren la calidad de vida de los latinoamericanos, quienes están dispuestos a participar de su propio desarrollo. Si tenemos que ser éticos, debemos darle rostro humano a nuestra economía, impulsando la integridad y el desarrollo de los estados.

101 años de Panamá América

 
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