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El desarrollo y la política


Después de casi 20 años de trabajar fuera del país, regreso a la patria y me encuentro un escenario político que no es muy diferente de lo que se observa en otros países de la región latinoamericana, especialmente en Centroamérica que es el área que mejor conozco. Los partidos políticos, o los propios políticos, deben tener en cuenta que para alcanzar niveles deseados de desarrollo en los países, con mejores niveles de calidad y eficiencia de los servicios de salud, educación y en la infraestructura productiva, no se pueden dejar por fuera factores políticos que inciden sobre la obtención de una calidad de “política democrática” que permita dicho desarrollo social y económico. Los partidos políticos constituyen un elemento indispensable para el funcionamiento democrático. Su rol debe promover el mejoramiento progresivo de la institucionalidad del Estado a fin de permitir a los gobiernos, tanto a nivel nacional como subnacional, mantener una debida gobernabilidad, a fin que se puedan implementar las políticas de desarrollo priorizadas por dichos gobiernos. Estos aspectos deben comprenderse con la debida profundidad conceptual. La lucha política tiene que fortalecer la institucionalidad y no atentar contra ella.

En las últimas elecciones generales en Panamá, surge un grupo de ganadores que inicia un gobierno con muchas iniciativas de cambios, las que gran parte de los ciudadanos esperan se lleguen a concretar en un alto porcentaje. Otro grupo, el de los políticos que perdieron, decide erigirse en la fuerza opositora al gobierno, rol natural en este contexto. No obstante, el coaccionar político parece entenderse como la toma de acciones para “no dejar hacer”, inclusive atentando contra la misma institucionalidad, la que es necesaria para viabilizar los planes de desarrollo. Esto puede producir frustraciones en la población que luego opta por buscar alternativas no tradicionales que pretenden introducir ideas exógenas al contexto nacional, tal como se nota en Sur America actualmente. En muchos casos, estas alternativas resultan ser más frustrantes.

En síntesis, los roles políticos tienen que coincidir en priorizar el desarrollo del país en lugar de oponerse de forma mecánica a cualquier alternativa planteada en este sentido. La clase política no puede seguir desgastándose porque corre el peligro de caer en estratos cuya recuperación sea costosa y prolongada.

101 años de Panamá América

 
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