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El desastre urbanístico


No podemos estar en contra del progreso nacional. Construir más edificios genera divisas y empleos para una gran cantidad de panameños. Sin embargo, cuando se trata del desarrollo integral de un país, debemos tomar en cuenta otros temas que permitan que este fenómeno inmobiliario que nos abruma, generado por la construcción de altos edificios, resulte para beneficio de la mayor cantidad de panameños. No solo de los que van a comprar los inmuebles, sino de los que transitamos y vivimos en esta urbe capitalina.

No hay que ser técnico en urbanismo para entender que si vamos a construir edificios de 30, 40 y hasta más de 50 pisos, es imprescindible contar con la infraestructura requerida para soportar estas moles. Nos referimos a que las calles deben ser lo suficientemente anchas para manejar, las aceras lo suficientemente amplias para caminar; tomar en cuenta, por ende, la densidad de población del barrio donde se construye el rascacielos con relación a la cantidad de personas que lo habitarán; tener las suficientes áreas verdes para esparcimiento; y no saturar los servicios de agua, luz y teléfono, lo que termina encareciéndolos y escaseándolos. Este desorden también traerá la devaluación paulatina de muchas propiedades que quedarán en medio de estos monumentos a la desidia estatal, la inaccesibilidad de equipos de seguridad en caso de accidentes, así como el empeoramiento en el sistema de recolección de la basura.

¿Y qué estamos logrando actualmente? Estamos desmejorando progresivamente el nivel de vida del panameño con decenas de rascacielos en calles estrechas y sin posibilidad de ser ensanchadas, sin aceras para que los peatones puedan caminar con seguridad, sin áreas verdes para el esparcimiento de niños y adultos, así como dificultando la eficiencia de los servicios básicos. Lo lamentable es que la actual administración gubernamental, a través del MIVI, el MOP o el Municipio, se lavan las manos tirándose uno al otro la pelota de este caos urbanístico.

Lo que está sucediendo es una prueba más de la incapacidad de un gobierno que prometió hasta la saciedad que todo lo iba a resolver, a través de arengas demagógicas, frases vacías y palabras huecas. Sin haber construido un paso elevado, ensanchado una calle o inaugurado un parque, está aprobando proyectos de hierro y cemento a diestra y siniestra, sin ningún tipo de control técnico, jurídico o urbanístico.

101 años de Panamá América

 
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