El desprecio a Guillermo Endara
Guillermo Endara experimenta hoy la injusta indiferencia de Moscoso y la satrapía que, al timonel de sus gestiones, la acompaña. Era de esperar y así se lo vaticiné en varios artículos que reposan en ediciones anteriores. Sin duda Endara fue uno de los que más contribuyó al ascenso al trono presidencial del símbolo Moscoso, de escaso valor intrínseco como estadista aunque, según coro de alabanzas, pletórica de sublimes intenciones. Se cumplió aquello de que "cada vez que ayudes a quien no lo merece a obtener lo que no merece, terminarás con un adversario sino con enemigo."
Todo comenzó cuando Endara, desde la poderosa y ensalzada Presidencia, escogió el destemplado denominativo, nostálgico y no institucional, de Partido Arnulfista, ordenando el diseño de los antidemocráticos estatutos a fin de garantizar que el clan que lo acompañaba en el poder no perdiera el control del colectivo como resultado de consultas ciertamente democráticas; a tales propósitos argumentó, junto a sus adláteres de otrora magnánima era, que se evitaba la experiencia de supuestos entreguismo, cual calificaban, entre varios, al de Nicosia.
Con ello sacrificaba Endara la perdurabilidad institucional, óptima organización y una dirigencia de bases genuina y efectiva del colectivo, el único "triunfo" electoral hasta ahora registrado se remite exclusivamente al circunstancial resultado presidencial de 2 de mayo de 1999, puesto que en las legislativas y municipales mostraron resultados catastróficos que dibujan los efectos de una satrapía sin dirigencia que cobijó sus ambiciones al poder en una simbología nostálgica.
Sería injusto no reconocerle a Moscoso sobre el control del clan, en cuanto la otrora viuda en 1989 lo apoyó oportunamente por razones que, principalmente, respondieron a nexos de cofradía y vínculos relacionados con los trámites legales por superar aquellos inestables días; de ahí que no se le puede restar su contribución al ascenso de Endara al poder, más aún, que cedió a favor de él la otrora poco prometedora de triunfo y riesgosa candidatura que le ofrecieron en bandeja de pinotea los políticos de oposición que, enceguecidos por la represión dictatorial, estaban dispuestos, aún con el desaparecido Pelúa, a librarse de la misma.
En reciente entrevista, Endara manifestó que durante su gobierno Moscoso tuvo mucho acceso directo a él, con lo que quiso significar que ahora en el de ella, no le presta reciprocidad. ¿Cómo pudo esperar Endara nada diferente cuando, para los oportunos de la satrapía, ya él no cuenta con fuerza dentro del frágil y desorganizado Arnulfista y, por lo demás, acarrea el estigma de haberse constituido en el recipiente principal del más obstinado rencor del PRD con el que muchos de la satrapía comparten estrechos lazos?
Lamento no haber publicado la opinión que dejé en la computadora ante la noticia sobre el flaco favor que le deparó la mandataria, cuando lo propuso como Magistrado a la Suprema; en cuanto supe que la satrapía buscaba una buena excusa para deshacerse de él, ya que sabían que la precaria condición legislativa, causada por el descarado fraude legislativo, conduciría a su rechazo. Nadie en su sano juicio podía esperar que el PRD y el PDC lo avalaran, más aún ante la ausencia del poderoso push presidencial.
Por lo demás y sin aclarar, agregó que hay amores que matan, debemos interpretar que se refiere a la fe que le depara Moscoso a ciertos del clan (que no han sido exterminados) o a las nuevas adhesiones a su círculo. Como resultado de lo fabricado en gran medida por Endara y ya acostumbrado a las increíbles ñamuras de la política, estamos preparados a pasar estos pinitos del XXI (si Dios nos da vida), observando las alegres actuaciones del gabinete de predominante símil nórdico y de algunos asesores con ejemplar hoja de servilismo y oportunismo dictatorial que la acompañan.
Espero que Alberto despierte y salga al ruedo, porque de otra manera retornarán los perredes al poder en el 2004, al igual que Moscoso, impulsados por el circunstancial y de la nada meritorio voto castigo que está generando una satrapía que tiene al gobierno marchando al garete, debido a la codicia y petulancia que abruman sus frentes.
Todo comenzó cuando Endara, desde la poderosa y ensalzada Presidencia, escogió el destemplado denominativo, nostálgico y no institucional, de Partido Arnulfista, ordenando el diseño de los antidemocráticos estatutos a fin de garantizar que el clan que lo acompañaba en el poder no perdiera el control del colectivo como resultado de consultas ciertamente democráticas; a tales propósitos argumentó, junto a sus adláteres de otrora magnánima era, que se evitaba la experiencia de supuestos entreguismo, cual calificaban, entre varios, al de Nicosia.
Con ello sacrificaba Endara la perdurabilidad institucional, óptima organización y una dirigencia de bases genuina y efectiva del colectivo, el único "triunfo" electoral hasta ahora registrado se remite exclusivamente al circunstancial resultado presidencial de 2 de mayo de 1999, puesto que en las legislativas y municipales mostraron resultados catastróficos que dibujan los efectos de una satrapía sin dirigencia que cobijó sus ambiciones al poder en una simbología nostálgica.
Sería injusto no reconocerle a Moscoso sobre el control del clan, en cuanto la otrora viuda en 1989 lo apoyó oportunamente por razones que, principalmente, respondieron a nexos de cofradía y vínculos relacionados con los trámites legales por superar aquellos inestables días; de ahí que no se le puede restar su contribución al ascenso de Endara al poder, más aún, que cedió a favor de él la otrora poco prometedora de triunfo y riesgosa candidatura que le ofrecieron en bandeja de pinotea los políticos de oposición que, enceguecidos por la represión dictatorial, estaban dispuestos, aún con el desaparecido Pelúa, a librarse de la misma.
En reciente entrevista, Endara manifestó que durante su gobierno Moscoso tuvo mucho acceso directo a él, con lo que quiso significar que ahora en el de ella, no le presta reciprocidad. ¿Cómo pudo esperar Endara nada diferente cuando, para los oportunos de la satrapía, ya él no cuenta con fuerza dentro del frágil y desorganizado Arnulfista y, por lo demás, acarrea el estigma de haberse constituido en el recipiente principal del más obstinado rencor del PRD con el que muchos de la satrapía comparten estrechos lazos?
Lamento no haber publicado la opinión que dejé en la computadora ante la noticia sobre el flaco favor que le deparó la mandataria, cuando lo propuso como Magistrado a la Suprema; en cuanto supe que la satrapía buscaba una buena excusa para deshacerse de él, ya que sabían que la precaria condición legislativa, causada por el descarado fraude legislativo, conduciría a su rechazo. Nadie en su sano juicio podía esperar que el PRD y el PDC lo avalaran, más aún ante la ausencia del poderoso push presidencial.
Por lo demás y sin aclarar, agregó que hay amores que matan, debemos interpretar que se refiere a la fe que le depara Moscoso a ciertos del clan (que no han sido exterminados) o a las nuevas adhesiones a su círculo. Como resultado de lo fabricado en gran medida por Endara y ya acostumbrado a las increíbles ñamuras de la política, estamos preparados a pasar estos pinitos del XXI (si Dios nos da vida), observando las alegres actuaciones del gabinete de predominante símil nórdico y de algunos asesores con ejemplar hoja de servilismo y oportunismo dictatorial que la acompañan.
Espero que Alberto despierte y salga al ruedo, porque de otra manera retornarán los perredes al poder en el 2004, al igual que Moscoso, impulsados por el circunstancial y de la nada meritorio voto castigo que está generando una satrapía que tiene al gobierno marchando al garete, debido a la codicia y petulancia que abruman sus frentes.