El destino de los dictadores
El destino de los dictadores es como el de los que roban al Estado, que con el dinero robado le sirve de garantía y de poder para defenderse y apresar a quienes se atrevan a decirlo públicamente. A pesar de ello, la sociedad los acoge en su seno como grandes y honestos ciudadanos, sin llevar en cuenta el daño que le han hecho a la patria y a los panameños. Los dictadores y tiranos en sus épocas de terror han creado su propia personalidad de temor, que junto a la incapacidad de la cultura política y con la combinación de sus políticos en los gobiernos de turno, llegan a conseguir el perdón y cubren sus delitos cometidos en el pasado.
Cuando caen sus regímenes queda a su favor el temor creado, la estima de sus cómplices y el perdón, en apariencia, de los que los suceden en el poder, sin importarles el saldo de barbaries cometidos durante su período de mandato absoluto y los derechos humanos salen a relucir en su defensa. Lo podemos observar en el regreso del exdictador chileno Augusto Pinochet a su país, sin que las autoridades hayan hecho justicia contra él, aparte del premio que le dieron con la distinción del Senador Vitalicio, igual sucedió con el exdictador Efraín Ríos Montt de Guatemala, donde el pueblo lo eligió Senador y presidente del Senado de su país También el exdictador Hugo Bánser recientemente elegido presidente constitucional de Bolivia. Igual pudiera pasar con el exdictador Manuel Antonio Noriega cuando sea liberado por la justicia de Estados Unidos, y es posible que nuestros tribunales y autoridades se manifiesten inoperantes para hacerle justicia a la patria y a los panameños.
El caso de Pinochet pone en evidencia que la incapacidad los tribunales de justicia internacionales y nacionales contribuyen a estimular a que los tiranos sean más crueles con sus pueblos indefensos a sabiendas lo que dice el viejo adagio "Que las críticas pasan, y las conveniencias quedan a su favor". Los pueblos y gobiernos que perdonan a sus dictadores se manifiestan insensibles, cómplices y faltos de cultura política, patriótica y humana, contribuyendo a estimular y crear nuevos tiranos en el mundo. No es justo, desde el punto de vista moral, humano y patriótico que los dictadores y ladrones económicos se paseen por las calles de sus pueblos como si nada hubieran hecho, haciendo alardes de grandes estadistas y ejemplares ciudadanos.
A veces los pueblos se dan su propio destino por culpa de los políticos, como es el caso de Venezuela con su nuevo gobierno, que por el descontento y la frustración, eligieron de presidente a un elemento que intentó desestabilizar la democracia y la constitución, jugándose con ello, su última carta por el destino y la política de ese país de Sur América.
Cuando caen sus regímenes queda a su favor el temor creado, la estima de sus cómplices y el perdón, en apariencia, de los que los suceden en el poder, sin importarles el saldo de barbaries cometidos durante su período de mandato absoluto y los derechos humanos salen a relucir en su defensa. Lo podemos observar en el regreso del exdictador chileno Augusto Pinochet a su país, sin que las autoridades hayan hecho justicia contra él, aparte del premio que le dieron con la distinción del Senador Vitalicio, igual sucedió con el exdictador Efraín Ríos Montt de Guatemala, donde el pueblo lo eligió Senador y presidente del Senado de su país También el exdictador Hugo Bánser recientemente elegido presidente constitucional de Bolivia. Igual pudiera pasar con el exdictador Manuel Antonio Noriega cuando sea liberado por la justicia de Estados Unidos, y es posible que nuestros tribunales y autoridades se manifiesten inoperantes para hacerle justicia a la patria y a los panameños.
El caso de Pinochet pone en evidencia que la incapacidad los tribunales de justicia internacionales y nacionales contribuyen a estimular a que los tiranos sean más crueles con sus pueblos indefensos a sabiendas lo que dice el viejo adagio "Que las críticas pasan, y las conveniencias quedan a su favor". Los pueblos y gobiernos que perdonan a sus dictadores se manifiestan insensibles, cómplices y faltos de cultura política, patriótica y humana, contribuyendo a estimular y crear nuevos tiranos en el mundo. No es justo, desde el punto de vista moral, humano y patriótico que los dictadores y ladrones económicos se paseen por las calles de sus pueblos como si nada hubieran hecho, haciendo alardes de grandes estadistas y ejemplares ciudadanos.
A veces los pueblos se dan su propio destino por culpa de los políticos, como es el caso de Venezuela con su nuevo gobierno, que por el descontento y la frustración, eligieron de presidente a un elemento que intentó desestabilizar la democracia y la constitución, jugándose con ello, su última carta por el destino y la política de ese país de Sur América.