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El destino trágico de Norman Lewis (II)


En mi primer artículo mencioné que yo había concebido una hipótesis sobre la liberación de Norman Lewis del campo de concentración de Compiegne. Deduzco que el accidente que sufrió el destacado banquero norteamericano, presidente del American Club París, que ocasionó su conducción al Hospital Americano de París, motivó que alguna autoridad militar o influyente funcionario germano hubiese intervenido para que él recobrara su libertad.
Para dar verosimilitud a esta aberrante conjetura surgida en mi ánimo tras intensas rememoraciones del período de siete años de mi convulsionada vida estudiantil en Francia, desde 1937 a 1944, es menester exponer lo siguiente:
Además de las personas citadas en mi artículo anterior, hago referencias a múltiples vínculos sociales entre diversos actores de variados tintes. Estos fueron intensificándose con el trato frecuente, cimentado con valores humanos, que resaltaban mayormente con los apremios, vicisitudes y zozobras de los avatares bélicos.
Jorge Julio Royo, nuestro compatriota y ex cónsul de Panamá en el Havre, se había casado con una dama norteamericana. En 1937 se separaron y ella retornó con sus dos hijos al país norteño. Al casarse Norman Lewis con una joven francesa después de la primera guerra mundial, llegó a compenetrarse profundamente con la cultura e idiosincrasia del pueblo galo. El Barón Von Cram, secretario de la embajada alemana antes de la guerra, era otro de los asiduos concurrentes a la peña del Ritz. El también había desposado a una norteamericana. El hermano menor del barón, ex campeón de tenis de Europa, era igualmente bien acogido en el seno de la colonia americana. Estas incidencias ligaron entrañables lazos de amistad entre las distinguidas parejas.
La Providencia permitió que una singular dama de extraordinaria sensibilidad humana se cruzara en nuestras vidas. Fue la norteamericana viuda millonaria Ms Dorothy Freeman, presidenta de la Cruz Roja Americana de París. Sus cualidades de gran solidaridad contribuyeron a fortalecer dichas relaciones. Querida y respetada por las autoridades por su generosidad y abnegación, representaba para la colonia americana y sus allegados cercanos un pilar de aglutinamiento social.
Me impresionó la primera vez que la vi entrar al lobby del hotel con su hábito blanco y largo cofia azul. Proyectaba una imagen mística. Fue para mí un verdadero soporte de toda índole -mi ángel en varias instancias.
Durante los siguientes meses de la ocupación alemana en París, notamos la ausencia de Von Cram por los predios del Ritz. Repentinamente apareció, contándole a Royo que para ciertas importantes personalidades de rancio abolengo, de la industria y de la economía germánicas, el nazismo era visto como una fatalidad a la que no podían sustraerse. Eran estimados por el alto mando, pues muchos nobles ciudadanos de Prusia habían conducido numerosas campañas militares de su nación. Entendimos que ellos no eran especialmente fanáticos del hitlerismo. Nos intrigaban sus más distanciadas visitas por el Hotel Ritz. ¿Qué misión lo traería nuevamente a París?
En mi libro "Truenos de Guerra y Luces - París 1937 - 1944-" y en cuatro artículos publicados en la prensa local hace un par de años, titulados "Gestapo", figura un episodio sobre los graves problemas que sobrevivieron a Jorge Tulio Royo. El había sido acusado ante un temible cuerpo de seguridad por un ciudadano francés, sobrino de otro muy ilustre y ligado a nuestra independencia de Colombia y coautor del Tratado Hay-Bunau-Varilla. El personaje clave que salvó a Royo de ser internado en una ergástula nazi fue nuestro querido Barón Von Cram.
No me extrañaría que hubiese sido el mismo Von Cram, a petición de Ms. Freeman, la cual acompañó seguramente a Norman Lewis en el hospital, quien intercedió ante las autoridades militares para liberarlos, en vista de su parcial discapacidad.
Abrigo la convicción de que este hecho transcurrió después del mes de marzo de 1944. En marzo de 1944, yo fui liberado por gestiones de la Cruz Roja Internacional de mi condición de prisionero civil de los nazis.
Hasta entonces no teníamos noticias de la liberación de Norman Lewis. Jamás podré olvidar la hospitalidad y apoyo que me prodigó el valiente pueblo francés durante los años cruciales cuando la desesperanza afligía los ánimos y la ansiada intervención militar de los Estados Unidos para destronar el nazismo se vislumbraba incierta en lontananza cual deleznable quimera.

101 años de Panamá América

 
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