El Día del Niño: gran mentira
En Panamá tenemos la costumbre de celebrar un día en particular para cada cosa. No es que esté mal. Pero a veces se nos pierde de óptica que ese día sólo se resalta el hecho, pero que el resto del año se debe seguir en un estándar de atención al tema. Tal es el caso del día del Niño, que en general, todos celebramos con bombos y platillos el 1 de noviembre de cada año en Panamá.
Muchos padres hacen cábalas y pirámides esperando que a sus hijas o hijos los elijan para ocupar alguna de las posiciones adultas que ese día se permite que un menor de edad jefature. Así tenemos niños que van a ocupar la dirección de una entidad, ser alcaldes, corregidores, maestros y tantas cosas bonitas. Ciertamente eso está bien. Lo malo es que como no se regula apropiadamente, los padres se gastan por adelantado el decimotercer mes de fin de año para comprar un vestido que haga ver digna a su hija o guapo a su hijo.
Otro desplazamiento del día del Niño ocurre con el cumpleaños de la persona, pero claro, esto se extiende hasta que nos lleven a nuestra última morada en el cementerio, de modo que no es algo tan especial.
Cuando en el mundo cristiano se celebra la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, los comerciantes han logrado prostituirnos tanto que creemos obligado obsequiar algo a los infantes y de hecho, a toda la familia. Si nos vamos a la fuente, la Sagrada Escritura, veremos que si hubo algún obsequio, lo fue el de los Magos de Oriente al Niño Dios.
El cristianismo conmemora los 6 de enero este acontecimiento llamado Epifanía. Pero como ya no somos cristianos, raras personas lo hacen, y si lo hacen, sólo a título decorativo.
Hablando de cristianismo, a los niños y jóvenes los padrinos les obsequiaban con regalos buenos para el alma en el día de su bautismo. Pero ocurre lo mismo que el párrafo anterior: ya nadie lo hace.
El primer día de clases de un infante en preescolar, pre-kinder, kinder y primaria, debería ser, junto con el primer día de clases de los demás años, otra fecha de festejo para el menor. Lamentablemente se convierte en un trauma de ropa mal planchada, libros no comprados, cuadernos no tan bien forrados, padres apurados, colegios no preparados, sueño mal reparado e himnos pésimamente cantados.
Si nos ponemos a analizar, veremos entonces que no hay durante el año más fechas en que atender a los menores de edad, especialmente a los niños. Y el 1 de noviembre, desde que está incrustado en el mes de la Patria, ya no se ve como un día sólo de niños, sino como los actos enmarcados a las festividades de nuestra patria, a veces no tan querida ni tan amada como debería serlo.
Y como todos pertenecemos a una sociedad de consumo, si no tenemos dinero no valemos nada. Esto se traduce en los padres y madres que, pensando hacerle un favor al hijo aumentando los ingresos, los dejan solos por estar trabajando en dos y tres trabajos.
Luego aparecen los niños con problemas de delincuencia, desvíos de rol sexual, baja de calificaciones o embarazos sorpresivos, y los padres se quejan de los hijos que hacen eso, pese al esfuerzo rayano al heroísmo que realizan para su bienestar.
Como vemos, serán muy pocos los padres que se han dado cuenta que el Día del Niño es igual que el Día de la Madre, del padre, de la Patria, del perro y del pepino, es siempre. Todos los días. A todas las horas. En todo lugar. No importa la época. Cuando nos demos cuenta de esto, entonces seremos padres de veras, que tendremos hijos verdaderos que ocuparán nuestra atención toda la vida. Eso es lo que quieren los hijos, no los actos ni homenajes, que son accesorios. ¡Meditemos antes que nos arrepintamos!
Muchos padres hacen cábalas y pirámides esperando que a sus hijas o hijos los elijan para ocupar alguna de las posiciones adultas que ese día se permite que un menor de edad jefature. Así tenemos niños que van a ocupar la dirección de una entidad, ser alcaldes, corregidores, maestros y tantas cosas bonitas. Ciertamente eso está bien. Lo malo es que como no se regula apropiadamente, los padres se gastan por adelantado el decimotercer mes de fin de año para comprar un vestido que haga ver digna a su hija o guapo a su hijo.
Otro desplazamiento del día del Niño ocurre con el cumpleaños de la persona, pero claro, esto se extiende hasta que nos lleven a nuestra última morada en el cementerio, de modo que no es algo tan especial.
Cuando en el mundo cristiano se celebra la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, los comerciantes han logrado prostituirnos tanto que creemos obligado obsequiar algo a los infantes y de hecho, a toda la familia. Si nos vamos a la fuente, la Sagrada Escritura, veremos que si hubo algún obsequio, lo fue el de los Magos de Oriente al Niño Dios.
El cristianismo conmemora los 6 de enero este acontecimiento llamado Epifanía. Pero como ya no somos cristianos, raras personas lo hacen, y si lo hacen, sólo a título decorativo.
Hablando de cristianismo, a los niños y jóvenes los padrinos les obsequiaban con regalos buenos para el alma en el día de su bautismo. Pero ocurre lo mismo que el párrafo anterior: ya nadie lo hace.
El primer día de clases de un infante en preescolar, pre-kinder, kinder y primaria, debería ser, junto con el primer día de clases de los demás años, otra fecha de festejo para el menor. Lamentablemente se convierte en un trauma de ropa mal planchada, libros no comprados, cuadernos no tan bien forrados, padres apurados, colegios no preparados, sueño mal reparado e himnos pésimamente cantados.
Si nos ponemos a analizar, veremos entonces que no hay durante el año más fechas en que atender a los menores de edad, especialmente a los niños. Y el 1 de noviembre, desde que está incrustado en el mes de la Patria, ya no se ve como un día sólo de niños, sino como los actos enmarcados a las festividades de nuestra patria, a veces no tan querida ni tan amada como debería serlo.
Y como todos pertenecemos a una sociedad de consumo, si no tenemos dinero no valemos nada. Esto se traduce en los padres y madres que, pensando hacerle un favor al hijo aumentando los ingresos, los dejan solos por estar trabajando en dos y tres trabajos.
Luego aparecen los niños con problemas de delincuencia, desvíos de rol sexual, baja de calificaciones o embarazos sorpresivos, y los padres se quejan de los hijos que hacen eso, pese al esfuerzo rayano al heroísmo que realizan para su bienestar.
Como vemos, serán muy pocos los padres que se han dado cuenta que el Día del Niño es igual que el Día de la Madre, del padre, de la Patria, del perro y del pepino, es siempre. Todos los días. A todas las horas. En todo lugar. No importa la época. Cuando nos demos cuenta de esto, entonces seremos padres de veras, que tendremos hijos verdaderos que ocuparán nuestra atención toda la vida. Eso es lo que quieren los hijos, no los actos ni homenajes, que son accesorios. ¡Meditemos antes que nos arrepintamos!