El día más triste del año
Miguel se ha acostumbrado a las incansables miradas piadosas de sus familiares, quienes lo apoyan moralmente, mientras dure lo que él cree es producto de un "mal karma". Pero todavía se le dificulta mencionar que es portador del virus de inmuno deficiencia humana (VIH), causante del SIDA. Confiesa estar arrepentido de sus encuentros sexuales sin protección, de los cuales no precisó el número, aunque sí recuerda que los experimentó a partir de la adolescencia, y que se reía cuando veía las campañas televisivas de prevención de enfermedades de transmisión sexual.
A sus 25 años de edad, es un profesional panameño temeroso del futuro, solitario y melancólico, a la espera de los síntomas característicos del SIDA, que provoca una profunda alteración del estado vital debido a la ausencia de reacciones inmunitarias.
Le angustia pensar en la posibilidad de perder su posición laboral junto con sus amistades, por lo que el conocimiento de su nueva condición es exclusiva de su familia, mientras pueda ocultarlo. Este año lo dedicará a reflexionar en silencio sobre los próximos años de vida que le restan, porque tiene la esperanza de vivir hasta que se descubra la cura de dicha enfermedad, cuya aparición se le achaca a la misma mano del hombre.
La versión científica mundial oficial asevera que, el virus del SIDA, se originó a raíz de la mordedura accidental de un mono africano portador a un ser humano, momento en el cual el virus dio un "salto entre especies". Y fue hace 20 años cuando se divulgó el primer caso.
Desde entonces, han muerto 22 millones de personas en el mundo, a pesar de los esfuerzos globales para detener la denominada pandemia y revertir sus efectos.
Sólo el año pasado, fallecieron 3 millones de seres y casi 40 millones son actuales portadores del VIH. En tanto que, en el ámbito latinoamericano, América Central ostenta las mayores tasas de infección.
Para los gobiernos, es crítico tener ciudadanos con SIDA, dado que arrastran consigo una cadena de situaciones que van desde los precios de los medicamentos hasta la orfandad resultante, pasando por el financiamiento de las terapias y las costosas campañas educativas.
Tan polémico es el tema, que los expertos en salud, políticos, científicos, pacientes y activistas mantienen sus diferencias en foros internacionales, respecto de qué es más importante, si la prevención de la enfermedad o el tratamiento de los infectados, que en su mayoría se contagian a través de las relaciones sexuales.
Cuántas vidas productivas se han desperdiciado por el SIDA, por negarse a cambiar su conducta sexual a tiempo, mientras que otras, deben lidiar también con los juicios públicos y las estigmatizaciones. Reforzar los añejos principios morales, en el seno familiar, sería la primera de las estrategias, entre otras, que eximirá a las siguientes generaciones de hombres del SIDA.
A sus 25 años de edad, es un profesional panameño temeroso del futuro, solitario y melancólico, a la espera de los síntomas característicos del SIDA, que provoca una profunda alteración del estado vital debido a la ausencia de reacciones inmunitarias.
Le angustia pensar en la posibilidad de perder su posición laboral junto con sus amistades, por lo que el conocimiento de su nueva condición es exclusiva de su familia, mientras pueda ocultarlo. Este año lo dedicará a reflexionar en silencio sobre los próximos años de vida que le restan, porque tiene la esperanza de vivir hasta que se descubra la cura de dicha enfermedad, cuya aparición se le achaca a la misma mano del hombre.
La versión científica mundial oficial asevera que, el virus del SIDA, se originó a raíz de la mordedura accidental de un mono africano portador a un ser humano, momento en el cual el virus dio un "salto entre especies". Y fue hace 20 años cuando se divulgó el primer caso.
Desde entonces, han muerto 22 millones de personas en el mundo, a pesar de los esfuerzos globales para detener la denominada pandemia y revertir sus efectos.
Sólo el año pasado, fallecieron 3 millones de seres y casi 40 millones son actuales portadores del VIH. En tanto que, en el ámbito latinoamericano, América Central ostenta las mayores tasas de infección.
Para los gobiernos, es crítico tener ciudadanos con SIDA, dado que arrastran consigo una cadena de situaciones que van desde los precios de los medicamentos hasta la orfandad resultante, pasando por el financiamiento de las terapias y las costosas campañas educativas.
Tan polémico es el tema, que los expertos en salud, políticos, científicos, pacientes y activistas mantienen sus diferencias en foros internacionales, respecto de qué es más importante, si la prevención de la enfermedad o el tratamiento de los infectados, que en su mayoría se contagian a través de las relaciones sexuales.
Cuántas vidas productivas se han desperdiciado por el SIDA, por negarse a cambiar su conducta sexual a tiempo, mientras que otras, deben lidiar también con los juicios públicos y las estigmatizaciones. Reforzar los añejos principios morales, en el seno familiar, sería la primera de las estrategias, entre otras, que eximirá a las siguientes generaciones de hombres del SIDA.