El diferendo comercial con Colombia
Llevar ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) la controversia comercial con Colombia, sin antes agotar la vía diplomática es poco menos que una tontería. Hacerlo sería costoso para ambas partes, sobre todo para el demandante, Panamá, que debe llevar el peso probatorio de su causa.
En esencia, el conflicto es sencillo. Colombia está aplicando una tasa extra de aranceles por ciertos productos que consideran sensitivos, provenientes de la Zona Libre de Colón. Entre ellos, se incluyen cuadernos, textiles y calzados. En verdad, la medida no diferente a la que aplicamos en Panamá para la introducción de ciertos rubros agrícolas. No es una política general., Panamá América
¿Qué hacer? Pues negociar y negociar, antes que acudir a la OMC. Una buena muestra de la senda a seguir es el conflicto bananero con la Unión Europea. Pasaron años, antes que los países productores se vieran la cara en los entrados con el bloque europeo que aplica una sobre tasa al banano latinoamericano para favorecer a la fruta de sus ex colonias del Caribe y África. ¿Qué falló la OMC? Que se sentaran a negociar para eliminar el recargo. Y siguen en la mesa. ¿No habría sido mejor hacerlo desde un principio en vez de aguardar el dilatado y oneroso trámite ante la OMC? Claro que sí.
Otro ejemplo acaba de ocurrir con Costa Rica, que restringió unilateralmente las importaciones de productos lácteos y guandú panameños, de la fábrica Nestlé. Sencillamente, desconfiaban de la llamada prueba de origen o de la panameñidad del producto. Bastó una semana de conversaciones francas y el problema se arregló. Nadie insinuó siquiera lejanamente la posibilidad de acudir a la OMC.
Con Colombia debe hacerse igual. Despachar cuanto antes a nuestro viceministro de Comercio Exterior a negociar y, antes que todo, acordar un calendario de conversaciones. Hay toda una gama de alternativas, desde aranceles graduales hasta reciprocidades y cuotas. Los nuestros y los otros lo saben. Pero hay que sentarse a la mesa ya.
En esencia, el conflicto es sencillo. Colombia está aplicando una tasa extra de aranceles por ciertos productos que consideran sensitivos, provenientes de la Zona Libre de Colón. Entre ellos, se incluyen cuadernos, textiles y calzados. En verdad, la medida no diferente a la que aplicamos en Panamá para la introducción de ciertos rubros agrícolas. No es una política general., Panamá América
¿Qué hacer? Pues negociar y negociar, antes que acudir a la OMC. Una buena muestra de la senda a seguir es el conflicto bananero con la Unión Europea. Pasaron años, antes que los países productores se vieran la cara en los entrados con el bloque europeo que aplica una sobre tasa al banano latinoamericano para favorecer a la fruta de sus ex colonias del Caribe y África. ¿Qué falló la OMC? Que se sentaran a negociar para eliminar el recargo. Y siguen en la mesa. ¿No habría sido mejor hacerlo desde un principio en vez de aguardar el dilatado y oneroso trámite ante la OMC? Claro que sí.
Otro ejemplo acaba de ocurrir con Costa Rica, que restringió unilateralmente las importaciones de productos lácteos y guandú panameños, de la fábrica Nestlé. Sencillamente, desconfiaban de la llamada prueba de origen o de la panameñidad del producto. Bastó una semana de conversaciones francas y el problema se arregló. Nadie insinuó siquiera lejanamente la posibilidad de acudir a la OMC.
Con Colombia debe hacerse igual. Despachar cuanto antes a nuestro viceministro de Comercio Exterior a negociar y, antes que todo, acordar un calendario de conversaciones. Hay toda una gama de alternativas, desde aranceles graduales hasta reciprocidades y cuotas. Los nuestros y los otros lo saben. Pero hay que sentarse a la mesa ya.