El dilema de una mujer que sólo quiere trabajar
"Yo no pido un trabajo, tan sólo quiero que me ayuden a conseguir un local para reubicarme y poder seguir vendiendo comida, pues es el único medio que tengo para mantener a mis tres hijos y a mí", dijo con voz entrecortada Omaira Bósquez, panameña oriunda de la provincia de Herrera.
Omaira se dedica a la venta de alimentos en un puesto ubicado en la avenida Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), exactamente al lado del antiguo club IRHE - INTEL, desde hace varios años. Sin embargo, luego de ser víctima de las mentiras y los engaños del anterior propietario del local, se ve en la necesidad de tener que abandonar el sitio, porque así se lo han pedido los dueños del terreno donde opera.
El terreno, según explicó, es propiedad privada y los dueños de éstos le dieron plazo hasta el próximo martes para desalojarlo. El anterior propietario del local, Ernesto Cuéllar, y antiguo jefe de Omaira, decidió dejarle el negocio cobrándole B/.20.00 por día, en concepto de alquiler, que cubría además el pago de la luz y el agua, lo cual nunca hizo, pues las cuentas son elevadas y ante la posibilidad de que le cortaran estos servicios, la humilde mujer se vio en la necesidad de hacer un arreglo de pago.
Manifestó que Cuéllar no le daba recibo del dinero que le pagaba, por lo que tomó la decisión de comprarse una libreta para que constara que estaba pagando al día, pero de nada le sirvió.
Reveló que como si fuera poco, un día que no había nadie en el local, aprovechó para llevarse la nevera y otros artefactos que eran de él, "dejándonos peor", relató.
Al interrogarla de por qué no actuaba legalmente contra Cuellar, informó que según averiguaciones, éste viajó a Estados Unidos, dejando atrás una serie de deudas, pues le debe dinero a ella, a algunos familiares que le sirvieron de fiadores en transacciones bancarias y a varios prestamistas indostanes, quienes diariamente van al local a cobrarle.
La trabajadora, que no tiene dónde quedarse a vivir, aseguró que duerme en un pequeño local ubicado en la parte posterior del establecimiento, por lo que obligarla a abandonar el lugar, sería además dejarla sin espacio para pasar la noche.
"Junto a mí trabaja otra muchacha que como yo tiene tres hijos y somos madres solteras, y usted no tiene idea de la cantidad de trabas que hemos tenido que enfrentar para que alguien nos pueda ayudar; lo más tristes es que Panamá parece ser para los extranjeros, ya que para los nacionales las "cosas" nos la ponen difícil", dijo con tono desalentado.
Expresó que sus retoños aún están en la escuela. La grande cursa el sexto año, la segunda quinto año y la última está por iniciar la secundaria y ante su situación se preocupa por la llegada del próximo año lectivo, pues no cuenta con dinero para comprar los útiles de éstos. Con relación al padre de sus hijos, reveló que éste anteriormente le daba 60 balboas de pensión al mes y desde hace un tiempo, ya no les manda dinero.
Al preguntársele cuánto dinero se hacía en su establecimiento, dijo que sacando los 20 balboas de Cuéllar, y el pago de su ayudante, le quedaba entre 20 y 40 balboas, dependiendo de la actividad del día.
Aseguró que trató de contactar a la representante de Betania, Minerva de Batista, de quien le habían dado buenas referencias. "Llegué a la junta a conversar muy motivada con la profesora Batista, sin embargo, al no poder lograrlo, me fui desilusionada", expresó.
"He tratado de dialogar con la representante Batista en tres ocasiones, pero no ha sido posible", señaló. Precisó que no busca que le den un empleo porque trabajo casi no hay, ante esa situación prefiere generar su propio trabajo y de esa manera no molestar a nadie.
"Yo quiero que la representante me dé una especie de visto bueno para poder salir del lugar en donde actualmente me encuentro, y ubicarme en las cercanías, para poder seguir con mi fonda, más aún que ya cuento con una clientela que diariamente va a almorzar al restaurante", acotó.
El Panamá América contactó a la representante Batista, a quien se le planteó el problema de Omaira, accediendo a conversar con ella para estudiar el caso y analizar las posibles soluciones.
Igualmente la humilde trabajadora espera que en la Alcaldía de Panamá le den la ayuda deseada, a fin de ubicarse y poder trabajar digna y honradamente.
Omaira se dedica a la venta de alimentos en un puesto ubicado en la avenida Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), exactamente al lado del antiguo club IRHE - INTEL, desde hace varios años. Sin embargo, luego de ser víctima de las mentiras y los engaños del anterior propietario del local, se ve en la necesidad de tener que abandonar el sitio, porque así se lo han pedido los dueños del terreno donde opera.
El terreno, según explicó, es propiedad privada y los dueños de éstos le dieron plazo hasta el próximo martes para desalojarlo. El anterior propietario del local, Ernesto Cuéllar, y antiguo jefe de Omaira, decidió dejarle el negocio cobrándole B/.20.00 por día, en concepto de alquiler, que cubría además el pago de la luz y el agua, lo cual nunca hizo, pues las cuentas son elevadas y ante la posibilidad de que le cortaran estos servicios, la humilde mujer se vio en la necesidad de hacer un arreglo de pago.
Manifestó que Cuéllar no le daba recibo del dinero que le pagaba, por lo que tomó la decisión de comprarse una libreta para que constara que estaba pagando al día, pero de nada le sirvió.
Reveló que como si fuera poco, un día que no había nadie en el local, aprovechó para llevarse la nevera y otros artefactos que eran de él, "dejándonos peor", relató.
Al interrogarla de por qué no actuaba legalmente contra Cuellar, informó que según averiguaciones, éste viajó a Estados Unidos, dejando atrás una serie de deudas, pues le debe dinero a ella, a algunos familiares que le sirvieron de fiadores en transacciones bancarias y a varios prestamistas indostanes, quienes diariamente van al local a cobrarle.
La trabajadora, que no tiene dónde quedarse a vivir, aseguró que duerme en un pequeño local ubicado en la parte posterior del establecimiento, por lo que obligarla a abandonar el lugar, sería además dejarla sin espacio para pasar la noche.
"Junto a mí trabaja otra muchacha que como yo tiene tres hijos y somos madres solteras, y usted no tiene idea de la cantidad de trabas que hemos tenido que enfrentar para que alguien nos pueda ayudar; lo más tristes es que Panamá parece ser para los extranjeros, ya que para los nacionales las "cosas" nos la ponen difícil", dijo con tono desalentado.
Expresó que sus retoños aún están en la escuela. La grande cursa el sexto año, la segunda quinto año y la última está por iniciar la secundaria y ante su situación se preocupa por la llegada del próximo año lectivo, pues no cuenta con dinero para comprar los útiles de éstos. Con relación al padre de sus hijos, reveló que éste anteriormente le daba 60 balboas de pensión al mes y desde hace un tiempo, ya no les manda dinero.
Al preguntársele cuánto dinero se hacía en su establecimiento, dijo que sacando los 20 balboas de Cuéllar, y el pago de su ayudante, le quedaba entre 20 y 40 balboas, dependiendo de la actividad del día.
Aseguró que trató de contactar a la representante de Betania, Minerva de Batista, de quien le habían dado buenas referencias. "Llegué a la junta a conversar muy motivada con la profesora Batista, sin embargo, al no poder lograrlo, me fui desilusionada", expresó.
"He tratado de dialogar con la representante Batista en tres ocasiones, pero no ha sido posible", señaló. Precisó que no busca que le den un empleo porque trabajo casi no hay, ante esa situación prefiere generar su propio trabajo y de esa manera no molestar a nadie.
"Yo quiero que la representante me dé una especie de visto bueno para poder salir del lugar en donde actualmente me encuentro, y ubicarme en las cercanías, para poder seguir con mi fonda, más aún que ya cuento con una clientela que diariamente va a almorzar al restaurante", acotó.
El Panamá América contactó a la representante Batista, a quien se le planteó el problema de Omaira, accediendo a conversar con ella para estudiar el caso y analizar las posibles soluciones.
Igualmente la humilde trabajadora espera que en la Alcaldía de Panamá le den la ayuda deseada, a fin de ubicarse y poder trabajar digna y honradamente.