El dilema MOLIRENA
Después de seis campañas electorales el Partido del Gallo enfrenta una encrucijada desdorosa para su propia existencia. Sin culminar todavía el primer año del Gobierno de Ricardo Martinelli y la “alianza” de Partidos que lo acompaña, la condición del Molirena da pesar. Los pasos dados por la actual presidencia en la ruta al “triunfo” de la alianza victoriosa, lejos de fortalecer la identidad electoral de un partido que hace tiempo alcanzó ciudadanía política, comenzó a desdibujarse, llegando prácticamente a la condición de “desconocido” en medio de la alianza gubernamental y por último de “paria” político, nueva nomenclatura en la extraña fauna electoral panameña. ¿A quién culpar de tan grave situación? ¿A los partidos que integraron la alianza?, ¿Al Presidente Martinelli? ¿O al poco interés demostrado para empujar la nave del Partido a puerto y derroteros seguros? La situación es grave, pero no imposible de revertir y ello requiere de esfuerzo mancomunado de verdaderos dirigentes que logren empinarse sobre intereses realeros para llevar adelante las tarea de reorganización rectificadoras del desastre actual. ¿Cuánto vale políticamente el Molirena que ha sido incapaz en 10 meses de transcurrida la gestión de gobierno, de pronunciarse siquiera sobre algún tema de interés? ¿Qué capacidad tiene el partido para solicitar espacios políticos en el evento fusionista si no posee fuerza política alguna? Con una Presidencia reducida a comensal de ínfima categoría a cuanto sancocho sea invitado o no, que nos espera? Sin fusión estamos desvalorizados y fusionados valemos menos, esa es la encrucijada Molirena. Frente a tan lamentable escenario urgen correctivos que enrumben el Partido a mejores derroteros. Es necesario que la actual Presidencia, CEN, Comisión Política, Directorios Provinciales, etc., toda subsumida en la persona de Sergio González Ruíz, comprenda que sus intereses personales, subalternos y dirección deslegitimada no puede seguir usurpando las directrices partidarias, que es necesario un cambio en el timón político del Partido Molirena para que no siga sin rumbo ni norte fijo; que el Partido es más que la hacienda familiar, que los amigos de política son transitorios y que el Partido, sus militantes y su historia jalonada a sacrificios están por encima de éstos. Es necesario también que los dirigentes provinciales, los convencionales y los militantes tengan claro que es necesario organizarse para impulsar desde todas las provincias el movimiento rectificador para asumir la conducción política del Partido Molirena en las circunstancias que se presenten, que su militancia, su arrojo y desprendimiento por el fortalecimiento del Partido no se mide ni vale, talegas de salario mínimo, ni instituciones de corregimiento. El Molirena es mucho más de lo que lo ha reducido la actual “Presidencia” desmoralizadora. Los Molirenas tenemos la palabra y asumamos la acción. El país, la democracia participativa y el Gobierno del Presidente Martinelli, necesitan a este partido histórico, para que con su experiencia, afiancemos un programa que resuelva los problemas populares que prometimos en la campaña electoral y contribuyamos con la unidad de gobierno, pero con la diversidad democrática que el país requiere y necesita.