El dinero no se come
El Banco Mundial acaba de advertir que al menos treinta países están amenazados de inestabilidad social como consecuencia de la escasez y los altos precios de los alimentos. Lo más irónico es que en la lista figuran dos latinoamericanos: Panamá y Venezuela.
¿Qué tenemos en común con los venezolanos para que estemos en peligro de sufrir una crisis alimentaria y social? Que ambos somos importadores netos de casi todo lo que comemos, porque nos sobran dólares para comprar en vez de producir. Los dos contamos con robustas fuentes de dólares, uno como país petrolero y el otro por el Canal, y ambos poseemos un agro débil.
Ese no es el caso de los demás países del continente, que no figuran en la lista porque, de un modo u otro, se autoabastecen de alimentos y, algunos, son importantes exportadores. No les sobra el dinero.
Tengamos presente que fueron nuestros gobiernos quienes apostaron al modelo que nos convirtió en importadores de alimentos, bajo la premisa de que la exportación de servicios nos daría de sobra para comprar más barato en el extranjero todo lo que comemos. Bajo esa premisa, debíamos "cerrar" el agro y lo hicimos. Pero nos equivocamos. Y lo lamentable es que desde hace más de una década lo advertimos en nuestras páginas, que al sacrificar el agro caeríamos en nuestra trampa. Y caímos. Hoy, igual que los venezolanos, aquejados por una existencia mundial de alimentos insuficiente y cara, descubrimos que el dinero no se come.