El discurso de George W. Bush
Pocas veces el mundo ha esperado con tanta inquietud el discurso anual sobre el estado de la economía de Estados Unidos que pronuncia el presidente de la república de este país ante el Congreso. La posible declaratoria de guerra a Irak, que algunos esperaban, no se produjo en forma específica. Sin embargo, a pocos les quedó duda que George W. Bush preparó el camino para un inminente enfrentamiento bélico contra un enemigo sin escrúpulos, ducho en engañar sobre su real poderío de armas nucleares y bioquímicas y que no vacila no sólo en atacar a un vecino por sorpresa, como en el caso de Kuwait, sino que es sospechoso de estar apoyando a las más siniestras redes de terroristas árabes en posible ataques contra intereses de Estados Unidos dentro de su territorio o en ultramar.
Bush aclaró con resolución que se reserva el derecho de actuar por sí solo si los estados miembros del Consejo de Seguridad no concuerdan con la determinación norteamericana de usar las armas antes que el enemigo lo haga. Fue ésta una clara alusión a las reservas de Francia y Alemania y a la postura cautelosa de Rusia y China Continental, países que insisten en mantener el diferendo dentro del ámbito del Consejo de Seguridad. Sin embargo, a diferencia de la lentitud del accionar de los inspectores de la ONU en busca del arsenal de Irak, Bush aseguró que su gobierno posee información de inteligencia actualizada y precisa sobre el ocultamiento de sustancias bacteriológicas y equipos móviles de armamento nuclear que el régimen iraquí mueve de un lugar a otro para ponerlos a cubierto de las visitas de los inspectores. Esta información más las pruebas de los vínculos de Sadam Husseim con Al Qaeda y otras organizaciones terroristas serán presentadas el 5 de febrero al Consejo de Seguridad por Colin Powell.
El impacto de la información recopilada por las agencias de inteligencia norteamericanas decidirá si las acciones militares obtienen el respaldo de los dubitativos miembros del Consejo de Seguridad, atenidos hasta ahora a la información técnica de los inspectores de la ONU.
Si los países europeos encontraran que, de acuerdo a su criterio, la información norteamericana es inconvincente para una declaratoria de guerra, Bush, sin duda, asumirá plenamente la responsabilidad de una decisión unilateral. En ese momento se sentirá respaldado por antecedentes trágicos, como los desencadenados el 11 de setiembre, que él tiene la obligación moral y estratégica de afrontar en defensa de su país y de la vida de su población.
Bush aclaró con resolución que se reserva el derecho de actuar por sí solo si los estados miembros del Consejo de Seguridad no concuerdan con la determinación norteamericana de usar las armas antes que el enemigo lo haga. Fue ésta una clara alusión a las reservas de Francia y Alemania y a la postura cautelosa de Rusia y China Continental, países que insisten en mantener el diferendo dentro del ámbito del Consejo de Seguridad. Sin embargo, a diferencia de la lentitud del accionar de los inspectores de la ONU en busca del arsenal de Irak, Bush aseguró que su gobierno posee información de inteligencia actualizada y precisa sobre el ocultamiento de sustancias bacteriológicas y equipos móviles de armamento nuclear que el régimen iraquí mueve de un lugar a otro para ponerlos a cubierto de las visitas de los inspectores. Esta información más las pruebas de los vínculos de Sadam Husseim con Al Qaeda y otras organizaciones terroristas serán presentadas el 5 de febrero al Consejo de Seguridad por Colin Powell.
El impacto de la información recopilada por las agencias de inteligencia norteamericanas decidirá si las acciones militares obtienen el respaldo de los dubitativos miembros del Consejo de Seguridad, atenidos hasta ahora a la información técnica de los inspectores de la ONU.
Si los países europeos encontraran que, de acuerdo a su criterio, la información norteamericana es inconvincente para una declaratoria de guerra, Bush, sin duda, asumirá plenamente la responsabilidad de una decisión unilateral. En ese momento se sentirá respaldado por antecedentes trágicos, como los desencadenados el 11 de setiembre, que él tiene la obligación moral y estratégica de afrontar en defensa de su país y de la vida de su población.