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El discurso de la desigualdad


Fue indulgente nuestro recordado amigo Ricaurte Soler cuando, al compilar numerosos documentos políticos panameños de los siglos XIX y XX, incluyó el pensamiento del Dr. Arnulfo Arias bajo el epígrafe de populismo y panameñismo. Ya antes había definido al liberalismo del Dr. Belisario Porras como populista, y luego diría que el período del General Omar Torrijos correspondería al de un populismo, en este caso, militar. Me parece que se trata de una lectura inadecuada de la historia política del país. Porque no son fenómenos similares o parecidos, y porque la categoría política utilizada lo ha sido sin la debida precisión. A pesar de todos los avatares sufridos por el término, la categoría populismo describe algunos fenómenos políticos.
Sólo lo podemos resumir en el marco del presente artículo. El populismo de Europa oriental se refiere a un fenómeno campesino, en tanto que en Estados Unidos se refiere a un fenómeno de medianos propietarios agrarios. Por último, en América Latina es un fenómeno de masas urbanas movilizadas en un proceso de industrialización acelerada y de redistribución del ingreso. Nada de eso ha ocurrido en Panamá en los tres casos mencionados.
El panameñismo del Dr. Arnulfo Arias podrá haber sido popular, pero no es populismo. Se trata de un movimiento de masas, heterogéneo, en un país atrasado, de ideología conservadora y autoritaria.
No se puede afirmar o sustentar sobre una poderosa burguesía industrial, inexistente; sino en una pequeña burguesía de comerciantes y profesionales.
En un discurso pronunciado el 1 de octubre de 1940, en ocasión de su toma de posesión de la Presidencia de la República, el Dr. Arnulfo Arias fijó las metas de su próximo gobierno y, de paso, los rudimentos de lo que algunos han denominado "doctrina panameñista".
Veamos algunos elementos del referido discurso: Parte el mismo de una conexión histórica entre el Partido Nacional Revolucionario y el movimiento de Acción Comunal, es decir, entre 1931 y 1941. En otras palabras, eso que el discurso denomina "doctrina panameñista" reconoce su origen histórico en el golpe de Estado de 1931.
La doctrina se compone, en primer lugar, de un elogio a la desigualdad: "El concepto demagógico de que todos los hombres nacen libres e iguales, no tiene aceptación ni justificación en la vida biológica y evolutiva, base de nuestra existencia. Los hombres no nacen iguales..." Se trata, no cabe duda, de un principio antiliberal, conservador y reaccionario. Esta visión se enfrenta, de igual manera, a los Frentes Populares. Lo mismo se expresa, en concreto, al plantear el problema de la migración en Panamá, angloantillana y asiática. Para no dejar dudas, el Discurso propone una política inmigratoria con "ciertos requisitos físicos y morales".
Un segundo rasgo de esta curiosa doctrina es su anti-intelectualismo. Así, al definir el papel de la Universidad, la concibe como productora de ciudadanos prácticos y no "amargados pseudo-intelectuales", proclives a doctrinas personales. Esto parece un dardo dirigido o a Demetrio Porras, dirigente del Partido Socialista o a Diógenes de la Rosa, ambos opositores al gobierno del Dr. Arnulfo Arias.
Finalmente, se combinan dos rasgos más, uno positivo y otro negativo. El primero es su nacionalismo, elemento que explica mucho de la conducta del Dr. Arnulfo Arias. Se trata de un nacionalismo de derecha, al que es tan proclive un sector de la pequeña burguesía. El segundo es el autoritarismo, rasgo permanente en la doctrina panameñista que no dejó nunca de expresarse en los diversos partidos políticos de raíz panameñista.
(simgonp@cwpanama.net)

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