El discurso de Mireya Moscoso
No recordamos a ningún presidente panameño que fuera ovacionado en la ONU. En muchas ocasiones hasta creímos que era privilegio exclusivo de Fidel Castro. Pero ayer lo consiguió, Mireya Moscoso, al referirse en medio del discurso a los derechos de la mujer y al hecho de que sea la primera de su género en ascender a la jefatura de gobierno en la historia de su país.
Fue un discurso breve y bien balanceado, ausente de las grandilocuencias del pasado que no encajan con la pequeñez y modesta importancia estratégica de Panamá en el concierto de naciones. En esta ocasión se tuvo el cuidado de abordar justo lo necesario para consignar los principales temas internos del país, sin los detalles innecesarios de otrora, así como aquellos que trascienden a la comunidad internacional.
Empezó por el Canal, dejando generosa constancia de la reversión de la vía y las bases militares norteamericanas, conforme a lo pactado con Estados Unidos, cristalizando un caro anhelo soberano de la República; en lo que aprovechó para invitar a los demás mandatarios a celebrar el acontecimiento en diciembre próximo.
Adicionalmente, dirigiéndose a las naciones usuarias, enfatizó que nuestro país está listo para cumplir responsablemente su compromiso de administrar la vía eficientemente y libre de intromisiones políticas. Dejó constancia empero, que Panamá sacará pleno provecho a las oportunidades que ello conlleva, en su condición de país marítimo y por razón de las áreas revertidas.
Hizo también una cautelosa salvedad, en la necesidad que resta de lograr un acuerdo para sanear áreas contaminadas por la prolongada presencia militar norteamericana, aludiendo obviamente a las tres mil hectáreas de los polígonos de tiro que faltan por limpiar.
Criticó con valor la política fondomonetarista y la globalización a ultranza que empobrece a sectores sensitivos, mencionando en especial al interior de la República y a su sector agrícola, depositario de sus tradiciones culturales y de las raíces de su nacionalidad.
Habló también de preservación del medio ambiente como política que armonizará con las obras que se adelantan para modernizar el Canal y aumentar acaso en 20% su eficiencia. Con ese detalle armonizó hábilmente dos conceptos usualmente contradictorios.
En el aspecto interno, mencionó su compromiso con los más pobres y su prioridad por crear más fuentes de empleos. Y en un momento, lució extraordinaria cuando pareció coquetear con la ONU la mayoría tercermundista del pleno de su Asamblea, llamando al debilitado organismo "foro de los pobres".
Finalmente, merece también destacarse su alusión a la esperanza de edificar una nueva estrecha relación con Estados Unidos, sobre la base de la equidad y el respeto mutuo, en lo que hemos insistido que será pieza fundamental de su política exterior. En fin, fue un magnifico discurso.
Fue un discurso breve y bien balanceado, ausente de las grandilocuencias del pasado que no encajan con la pequeñez y modesta importancia estratégica de Panamá en el concierto de naciones. En esta ocasión se tuvo el cuidado de abordar justo lo necesario para consignar los principales temas internos del país, sin los detalles innecesarios de otrora, así como aquellos que trascienden a la comunidad internacional.
Empezó por el Canal, dejando generosa constancia de la reversión de la vía y las bases militares norteamericanas, conforme a lo pactado con Estados Unidos, cristalizando un caro anhelo soberano de la República; en lo que aprovechó para invitar a los demás mandatarios a celebrar el acontecimiento en diciembre próximo.
Adicionalmente, dirigiéndose a las naciones usuarias, enfatizó que nuestro país está listo para cumplir responsablemente su compromiso de administrar la vía eficientemente y libre de intromisiones políticas. Dejó constancia empero, que Panamá sacará pleno provecho a las oportunidades que ello conlleva, en su condición de país marítimo y por razón de las áreas revertidas.
Hizo también una cautelosa salvedad, en la necesidad que resta de lograr un acuerdo para sanear áreas contaminadas por la prolongada presencia militar norteamericana, aludiendo obviamente a las tres mil hectáreas de los polígonos de tiro que faltan por limpiar.
Criticó con valor la política fondomonetarista y la globalización a ultranza que empobrece a sectores sensitivos, mencionando en especial al interior de la República y a su sector agrícola, depositario de sus tradiciones culturales y de las raíces de su nacionalidad.
Habló también de preservación del medio ambiente como política que armonizará con las obras que se adelantan para modernizar el Canal y aumentar acaso en 20% su eficiencia. Con ese detalle armonizó hábilmente dos conceptos usualmente contradictorios.
En el aspecto interno, mencionó su compromiso con los más pobres y su prioridad por crear más fuentes de empleos. Y en un momento, lució extraordinaria cuando pareció coquetear con la ONU la mayoría tercermundista del pleno de su Asamblea, llamando al debilitado organismo "foro de los pobres".
Finalmente, merece también destacarse su alusión a la esperanza de edificar una nueva estrecha relación con Estados Unidos, sobre la base de la equidad y el respeto mutuo, en lo que hemos insistido que será pieza fundamental de su política exterior. En fin, fue un magnifico discurso.