El discurso que amenaza la institucionalidad democrática
Nuestra democracia aún revela ciertos grados de insuficiencias que demandan de todos los panameños una labor permanente de culturalización democrática para ir construyendo una sociedad en la que prevalezcan los valores de justicia, libertad, relaciones de solidaridad y equidad; así como la prevalencia de un clima de participación ciudadana.
Hoy estamos envuelto en un ambiente electoral; no cualquiera, sino en uno donde se juegan definiciones que tienen una gran significación, las cuales tendrán que incidir en nuestra democracia, ya sea para dotarla de mayores contenidos de alcance progresista o, sencillamente, anclarla, introduciendo mecanismos y procedimientos que no se compadecen con la dinámica social y de participación ciudadana.
El país no resistiría una gobernatura, de rasgos y sentido autoritario, de manejo empresarial del Estado, de menosprecio a las colectividades sociales y que no tiene un proyecto de cultura democrática, menos un plan de nación, y mal lo puede tener el señor Ricardo Martinelli, quien abandera precisamente los intereses de un bloque económico que coloca a la nación en la subalternalidad. Eso es peligroso para la estabilidad de la nación y sus instituciones democráticas.
Nada bueno se puede esperar de un candidato que le dijo a nuestro pueblo que él no podía comprometerse a rebajar la canasta básica alimentaria; peor, que en otros países la comida es más cara.
Además de ello, ha venido atentando contra la institucionalidad democrática de Panamá: primero habló de fraude en esta elecciones y ahora, otra vez ataca al Tribunal Electoral, porque no falló a su favor en el tema de los aspirantes a diputado al PARLACEN, y como la decisión no lo favoreció, dice que retirará a Panamá de ese importante foro regional. Como si eso fuera poco, amenaza con meter presos, según él, a los corruptos; es decir, pasar por encima de la justicia y los tribunales.
Panameños y panameñas, juventud divino tesoro, cuidemos nuestra democracia que, aunque imperfecta, es nuestra y debemos consolidarla.