El doble discurso
La elección y pretendida defenestración de Pedro Miguel González pasará a la historia política como una de las mayores chambonadas que se recuerden. Pero el doble discurso de personeros del gobierno y sobre todo de la oposición, con respecto a esta situación, sólo se iguala a similar conducta en el caso del posible retorno de Noriega a Panamá. Los que dicen que debe renunciar, en el fondo no quieren que lo haga; como los que decían que Noriega debía volver, realmente querían lo contrario. Sus opiniones no son principistas sino finalistas. No defienden principios jurídicos ni éticos sino sólo fines políticos electoreros. Los que lo impulsaron a buscar la Presidencia de la Asamblea, sólo querían utilizarlo para que los favoreciera en sus propias aspiraciones desde esa relativamente poderosa posición y cuando otros intereses no se cuadraron, no tuvieron ningún empacho en tramar y ejecutar maniobras contrarias a sus promesas. Los que clamaban por el retorno de Noriega no lo hacían por defender la nacionalidad, sino por enredar el clima político para poder pescar en río revuelto. En una etapa en donde lo que le conviene al país - y por ende al gobierno- es estabilizar la sociedad para que las importantes decisiones tomadas rindan sus frutos en paz, introducir estos temas y manejarlos con la ineptitud que se han manejado, señala una especie de instinto suicida de la clase dirigente que es peligrosa para la nación.
El doble discurso puede ser pues un recurso demagógico, pero también puede ser un grave indicio patológico. El doble discurso puede ser la manifestación de una clase dirigente irresponsable o inepta, pero también puede ser el producto de una especie de esquizofrenia política. Lo que los panameños queremos son dirigentes de una sola pieza que nos digan las cosas como son y no que anden con peligrosos jueguitos políticos, sean estos causados por esquizofrénicos o peor aun, por oligofrénicos. Porque en uno u otro caso están en posiciones de poder político, sea en el gobierno o en la oposición.
El doble discurso puede ser pues un recurso demagógico, pero también puede ser un grave indicio patológico. El doble discurso puede ser la manifestación de una clase dirigente irresponsable o inepta, pero también puede ser el producto de una especie de esquizofrenia política. Lo que los panameños queremos son dirigentes de una sola pieza que nos digan las cosas como son y no que anden con peligrosos jueguitos políticos, sean estos causados por esquizofrénicos o peor aun, por oligofrénicos. Porque en uno u otro caso están en posiciones de poder político, sea en el gobierno o en la oposición.