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El drama de los niños


LOS NIÑOS Y LAS niñas de hoy serán los hombres y mujeres del mañana, y están llamados a construir las estructuras para el sostenimiento de un nuevo país, grande, soberano y democrático; todo recurso que tanto el Estado como las asociaciones cívicas y religiosas dedican a la protección y buena orientación de la niñez y de la juventud como es el caso de Cáritas, Hogares Crea y otras, se traducirá en una Patria Nueva como lo pregona el actual régimen.
En buena hora el Gobierno ha decidido iniciar un programa de "Combate a la Pobreza" en los distritos de Santa Fe (Veraguas) y Morono (comarca Ngöbe Buglé) a través del FIS, que se comprometerá a entregar bonos alimenticios a más de cuatro mil familias, complementada por la asistencia de los niños a la escuela, vacunación y controles de la salud de la mujer. Se trata de un proyecto piloto que combatirá la pobreza en estas áreas marginadas con alimentación, atención médica y educación. Y es que los niños del campo, perdidos en las montañas, en los riscos y los valles de la patria, mueren cada día minados por las enfermedades y por la hambruna sin que hasta ellos llegue la justicia social que vienen clamando por tanto tiempo.
Y esta preocupación de las autoridades debe llegar a todos los rincones de la nación, porque los niños están olvidados en la ciudad y en el campo. En las calles de la metrópoli, los observamos mendingando y realizando actividades que le procuren algo para aliviar el hambre, expuestos a los peligros de los vicios y a la influencia de "gavillas"; niños con hogares que no cumplen su función moralizadora y son golpeados por la irresponsabilidad de padres y madres que no han llegado a comprender la importante misión que tienen en sus manos; niños con hogares rotos que contribuyen a su caída a la delincuencia y no encuentran la guía para encauzar sus vidas por caminos de rectitud, honestidad y solidaridad humana.
Es un imperativo entregarnos sin distingos de credo, raza, color e intereses políticos y económicos, a una cruzada a favor del niño panameño del medio rural y el urbano; de ese niño que se encuentra en las esquinas de los semáforos pidiendo qué comer, llenos de dolor y amargura por el abandono en que se encuentra, acorralados en la miseria, porque en ningún momento se le ha dado la oportunidad para convertirse en un futuro ciudadano, digno del respeto y de la consideración que todo ser humano merece; sin una familia, sin escuelas que lo ayuden a encauzar su vida por senderos de rectitud y disciplina; de ese niño de los campos y la sierra que se muere a cada instante en el suelo frío de viejos ranchos, en espera de que la democracia y la justicia social hagan el milagro para una vida mejor.
Esta pobreza amarga de los niños panameños y el abandono en que han vivido son caldos de cultivo para la promoción de la violencia, el crimen y la corrupción existentes. Lo que se haga por ellos y la familia debe surgir del corazón, de la sinceridad plena y responsable de que anhelamos mejores días para ellos. Jamás debemos hacer demagogia con el dolor del niño. El Ministerio de Desarrollo Social debe trabajar, planificadamente, y llegar hasta lo más profundo de este drama, buscando siempre el fortalecimiento, de nuestros valores éticos y morales, y la dignificación de un ser, que como el niño panameño, es la esencia y presencia de la patria que anhelamos alcanzar.
*Presidente coordinador del Consejo Nacional de la Empresa Privada.

101 años de Panamá América

 
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