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El duelo de Mireya


Las insólitas y extemporáneas decisiones de la Sra. Presidenta, han llamado la atención a psicólogos, sociólogos, politólogos y sobre todo al ciudadano común. La pregunta que incesantemente recorre los pasillos de las universidades, de las tertulias en los cafés, la plática con el barbero, el taxista o la billetera es, ¿por qué hasta ahora?
Ninguna de sus respuestas me satisfacen, así que decidí consultar con el moderno Oráculo de Delphos ¡Internet! Y es así que encontré la explicación que buscaba. Mireya está de duelo. El duelo, según vivirlaperdida.com, es la reacción normal después de la muerte de un ser querido. Supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación. Produce sensaciones como: Negación/Incredulidad (¡No puede ser verdad!); Tristeza (siento una pena muy grande y todo me hace llorar); Miedo/Angustia (estoy asustada, ¿qué va a ser de mí?); Culpa/Autorreproches (si al menos hubiera sido más cariñosa); Ambivalencia/cambios de humor (hace un rato me sentía agradecida a mis amigos por su ayuda y ahora los mandaría a todos por un tubo!); Enojo/Rabia/Resentimiento (¿Por qué has permitido esto Dios mío? ¡Todos siguen viviendo como si nada!)
Afirma nuestro moderno oráculo, que el duelo puede durar de uno a tres años y depende de muchos factores: tipo de muerte, la intensidad de la unión con el fallecido; las características de la relación con la persona pérdida, etc.
La derrota electoral produce en los gobernantes sensaciones similares al duelo, por la pérdida de un ser querido. A Endara se le manifestó el duelo con ambivalencia, le picaban los pies para irse de la presidencia. Pérez Balladares expresó su duelo con enojo, rabia, resentimiento, y violó la autonomía universitaria: ¡mano dura!
Ahora, la mandataria arnulfista, recurre a la represión selectiva de los menores: ¡mano dura! Los detiene sin pruebas, porque son "sospechosos". Ahora sí; la sospecha es un crimen. En cambio, dejó ¡manos libres! a los delincuentes de cuello blanco; sospechosos o confesos de participar en crímenes de corrupción porque "no se presentan pruebas". Estos no son investigados ni detenidos, a pesar de que todos, "sospechamos", están vinculados escándalos como: las partidas secretas, los Cartier, el CEMIS, Panama Ports, los "Afúdolares", nombramiento de magistrados en la Corte, los Cadillac, los "duro dólares", los indultos a narcotraficantes, tráfico de armas a Colombia, la "visita" clandestina de Montecinos a Panamá, el HP-1430, la casa de Punta Mala, la carretera de Pedasí, el Camino Ecológico, el "Puente Hundido", defalco en el Banco Nacional y el Ministerio de Educación, becas del 5-1, venta de visas, etc.
Sólo con los $20 millones que el gobierno de la presidenta Moscoso exoneró anualmente a Panama Ports, se podría financiar el precario sistema penitenciario juvenil y crear los programas de resocialización aprobados desde agosto 1999. Recordemos la complacencia que tuvo, durante estos cinco años, con los conductores de autobuses. Autorizó el alza del pasaje, a pesar de las condiciones desastrosas de los vehículos, aprobó otorgar $30 millones en préstamos incobrables en el Banco Nacional para renovar la flota. ¿Y qué decir de los ahora estigmatizados menores infractores? Hace un año, el Legislador Marcos González, propuso el aumento de la pena a los menores y su gobierno, el de la Presidenta Moscoso, se opuso a ello por considerarlo violatorio de las convenciones con organismos internacionales ratificados por Panamá.
¿Qué hizo cambiar la complaciente posición de los arnulfistas y de su presidenta, para que ahora estén preocupados, tardíamente, por los flagelos de la criminalidad de los adolescentes, la proliferación de las pandillas o de la irresponsabilidad de los "buseros"?
¿El duelo de Mireya será por negación, incredulidad, tristeza, miedo, angustia, culpa, autorreproches, ambivalencia, cambios de humor, enojo, rabia, resentimiento? Seguro que mi barbero, el taxista, la billetera o el Departamento de Estado tendrán la respuesta.

101 años de Panamá América

 
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