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El eco de las cadenas


Como en muchos otros procesos creativos, Panamá se subió a la ola de la independencia de España como reacción a los pasos que ya otros países vecinos estaban dando. No es que llegaron tarde los aires de libertad, es que eran inevitables, y no romper las cadenas hubiese sido una acción antihistórica y tarada.
Entonces, fuimos libres. Entre el mito y la realidad, los pobladores de La Villa de Los Santos mantienen los laureles de ser quienes encendieron la llama de lo que para nosotros fue la rebelión, aunque haya algunos que nos critiquen la falta de heroicidad que otras gestas ostentaron en territorios cercanos., Panamá América
Una vez despojados de cadenas, caímos en los brazos de Bolívar y su sueño. Era imposible para una nación tan pequeña e imberbe en las cosas de gobierno no hacerlo. La ilusión duró poco. La Gran Colombia desapareció mucho antes que el Libertador muriera, y después de su desaparición física se hizo evidente que en cada país las fuerzas económicas y militares preferían ser dueños y señores de su finca, en lugar de construir una gran patria latinoamericana. En medio de esa desazón, Panamá se desangró, sola y maltratada por los granadinos.
A principios del siglo XX el destino nos deparó otro drama, la separación de los colombianos y la entrada en una sufrida sociedad con Estados Unidos, que nos duró hasta el año 2000. Ciento ochenta y cinco años después de aquella acción santeña, con Rufina Alfaro a la cabeza, Panamá se da el lujo de decir que ahora sí, y por primera vez en casi dos siglos, somos una nación independiente y soberana.
Cabe preguntarnos en qué medida estamos libres de los resabios del colonialismo. ¿Cuánto hemos crecido en el concepto de la libertad, y qué tanto somos capaces de administrar nuestro destino? De la España medieval heredamos muchos comportamientos y principios que nos cierran las puertas de salida: La corrupción, el juega vivo, la visión cortoplacista de la vida, la juerga como un valor, el paternalismo, la dependencia.. Todos estos pueden ser considerados ecos de una época que nos acecha y disminuye.
España pudo dar el salto al siglo XXI después de mucho dolor y sacrificio. Hoy nos toca a los panameños volver a vivir nuestro 10 de noviembre, creyendo que también podemos.

101 años de Panamá América

 
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