El edificio de Juan Carlos Navarro
¡Claro que es un disparate! Un buen empresario jamás compraría un edificio viejo, de más de 30 años por B/. 12 millones, como sede de sus operaciones. Con esa plata se pueden hacer maravillas, comprar un buen lote y construir un regio edificio nuevo y a la medida. ¡Sobraría dinero!
La construcción de un nuevo edificio generaría más empleos y produciría un mayor impacto en la economía del distrito. Además, ya hay unos planos, pagados por la propia administración del alcalde Navarro. No queremos pensar que no los usa sólo porque fueron elaborados durante la gestión de Mayín Correa. ¡Sería absurdo! Y creemos que Navarro está por encima de esas pequeñeces. Además, el mérito será de quien lo construya. El terreno está allí, aguardando. Es un tremendo y elegante edificio, con estacionamientos de sobra, que consulta admirablemente la arquitectura de su entorno, no como otros proyectos que riñen con el Viejo Casco.
Cierto, se hizo una licitación. Pero igual que la de las tiendas del Aeropuerto, fue un evento telegrafiado, donde era imposible que hubiera competencia cuando en la ciudad no existen dos edificios viejos, con similares características al Hatillo. Si se hubiera tratado de uno nuevo, habrían salido decenas de proponentes.
¿Un favor para alguien? No lo creemos. Pero se presta. La operación recuerda la compra del Hospital América y el San Judas Tadeo, dos compras de viejas edificaciones, para rescatar a copartidarios en apuros o para llevar agua al molino de alguien, habiendo mejores alternativas. ¿Qué hacen los juzgados de comercio, por ejemplo, operando en un edificio sin elevador, ni estacionamientos, frente a la Iglesia de Don Bosco? ¡Es política de la más perversa! Si hay que ayudar a un amigo o ganarse algo, que al menos brinden un buen servicio.
En tiempos de Omar Torrijos, se habló pestes de algunas grandes inversiones, pero para la gente, allí están Tocumen, las hidroeléctricas, Atlapa, la autopista a La Chorrera, los ensanches a cuatro carriles de la vía al aeropuerto, Calle 50, vía Israel, los Ingenios, Contadora y otros, aunque algunos estén privatizados. De no ser por esas obras, Martín no sería presidente. Comprar un edificio viejo no tiene mérito, salvo para el actual dueño. Navarro no debiera empañar de ese modo su gestión. Si algo le importa la posteridad, sepa que será recordado por el Hatillo.
La construcción de un nuevo edificio generaría más empleos y produciría un mayor impacto en la economía del distrito. Además, ya hay unos planos, pagados por la propia administración del alcalde Navarro. No queremos pensar que no los usa sólo porque fueron elaborados durante la gestión de Mayín Correa. ¡Sería absurdo! Y creemos que Navarro está por encima de esas pequeñeces. Además, el mérito será de quien lo construya. El terreno está allí, aguardando. Es un tremendo y elegante edificio, con estacionamientos de sobra, que consulta admirablemente la arquitectura de su entorno, no como otros proyectos que riñen con el Viejo Casco.
Cierto, se hizo una licitación. Pero igual que la de las tiendas del Aeropuerto, fue un evento telegrafiado, donde era imposible que hubiera competencia cuando en la ciudad no existen dos edificios viejos, con similares características al Hatillo. Si se hubiera tratado de uno nuevo, habrían salido decenas de proponentes.
¿Un favor para alguien? No lo creemos. Pero se presta. La operación recuerda la compra del Hospital América y el San Judas Tadeo, dos compras de viejas edificaciones, para rescatar a copartidarios en apuros o para llevar agua al molino de alguien, habiendo mejores alternativas. ¿Qué hacen los juzgados de comercio, por ejemplo, operando en un edificio sin elevador, ni estacionamientos, frente a la Iglesia de Don Bosco? ¡Es política de la más perversa! Si hay que ayudar a un amigo o ganarse algo, que al menos brinden un buen servicio.
En tiempos de Omar Torrijos, se habló pestes de algunas grandes inversiones, pero para la gente, allí están Tocumen, las hidroeléctricas, Atlapa, la autopista a La Chorrera, los ensanches a cuatro carriles de la vía al aeropuerto, Calle 50, vía Israel, los Ingenios, Contadora y otros, aunque algunos estén privatizados. De no ser por esas obras, Martín no sería presidente. Comprar un edificio viejo no tiene mérito, salvo para el actual dueño. Navarro no debiera empañar de ese modo su gestión. Si algo le importa la posteridad, sepa que será recordado por el Hatillo.