El Efecto Adelag
Los actuales propietarios adquirieron Adelag de su padre, Aquilino de la Guardia q.e.p.d., hace ya más de una década. Iniciaron entonces una escalada de alto nivel de endeudamiento. Simultáneamente, lanzan un proceso agresivo de expansión, no sólo mediante la adquisición y apertura de locales adicionales sino también mediante la compra de participaciones en nuevos negocios. Al menos uno de ellos, los casinos, resultó una excelente inversión, pero muchos otros fueron un rotundo fracaso.
Esa expansión coincidió con un período de crecimiento económico para el país, en el cual el sistema financiero nacional contó con excesos de liquidez. Tanto las instituciones bancarias como los ahorristas se desbocaron a colocar sus dineros en el mercado de crédito, con particular énfasis en la bolsa de valores que recién había nacido en 1990. Por razones evidentes, Adelag y sus accionistas, los hermanos De la Guardia, eran vistos con buenos ojos por todos los bancos y los inversionistas.
En esas circunstancias, los bancos dieron más atención en asegurarse la colocación de sus dineros que a cerciorarse del repago de las obligaciones. Peor aún, después de los desembolsos de préstamos gigantescos no dieron estricto seguimiento a su uso y siguieron prestando. En esa época (a mediados de los noventa), ni la Superintendencia de Bancos ni la Comisión Nacional de Valores contaban con el amplio mandato supervisor que tienen hoy y algunos asesores y auditores externos se limitaban a realizar revisiones superficiales de la información administrativa y financiera suministrada por Adelag. Resulta revelador que los incumplimientos ocurren antes de la desaceleración de la economía nacional, en momentos de expansión. Eso es un signo de que los pesares de Adelag son producto de situaciones internas del grupo, la debilidad legislativa de entonces y el descuido de sus acreedores.
En fin, la confluencia de un elevado nivel de endeudamiento inicial, la pobre supervisión y las malas inversiones produjeron el descalabro de una de las principales empresas del país y sin duda millonarias pérdidas para los inversionistas. Y aún falta por determinar si hubo dolo. Las demás empresas del país están sufriendo el "Efecto Adelag" toda vez que secó los mercados de capitales y causó que los bancos restringieran el crédito y aumentaran los requisitos para financiamientos existentes y nuevos. No obstante, ya es hora que se expliquen las situaciones peculiares del grupo Adelag, los informes financieros cuestionados, las malas decisiones bancarias y se restituya la confianza en el sistema.
Esa expansión coincidió con un período de crecimiento económico para el país, en el cual el sistema financiero nacional contó con excesos de liquidez. Tanto las instituciones bancarias como los ahorristas se desbocaron a colocar sus dineros en el mercado de crédito, con particular énfasis en la bolsa de valores que recién había nacido en 1990. Por razones evidentes, Adelag y sus accionistas, los hermanos De la Guardia, eran vistos con buenos ojos por todos los bancos y los inversionistas.
En esas circunstancias, los bancos dieron más atención en asegurarse la colocación de sus dineros que a cerciorarse del repago de las obligaciones. Peor aún, después de los desembolsos de préstamos gigantescos no dieron estricto seguimiento a su uso y siguieron prestando. En esa época (a mediados de los noventa), ni la Superintendencia de Bancos ni la Comisión Nacional de Valores contaban con el amplio mandato supervisor que tienen hoy y algunos asesores y auditores externos se limitaban a realizar revisiones superficiales de la información administrativa y financiera suministrada por Adelag. Resulta revelador que los incumplimientos ocurren antes de la desaceleración de la economía nacional, en momentos de expansión. Eso es un signo de que los pesares de Adelag son producto de situaciones internas del grupo, la debilidad legislativa de entonces y el descuido de sus acreedores.
En fin, la confluencia de un elevado nivel de endeudamiento inicial, la pobre supervisión y las malas inversiones produjeron el descalabro de una de las principales empresas del país y sin duda millonarias pérdidas para los inversionistas. Y aún falta por determinar si hubo dolo. Las demás empresas del país están sufriendo el "Efecto Adelag" toda vez que secó los mercados de capitales y causó que los bancos restringieran el crédito y aumentaran los requisitos para financiamientos existentes y nuevos. No obstante, ya es hora que se expliquen las situaciones peculiares del grupo Adelag, los informes financieros cuestionados, las malas decisiones bancarias y se restituya la confianza en el sistema.