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El efecto Endara


Cuando hace escasas tres semanas el ex presidente Guillermo Endara Galimany hizo pública su intención de aspirar a la presidencia de la República en las elecciones a realizarse en mayo del 2004, la crisis política, orgánica y endémica que conocen las cúpulas de los partidos políticos ha comenzado a aflorar y a mostrar los múltiples desajustes, la carencia de cohesión, de representación eficaz, la incapacidad de formular formas racionales de acción política.
Entre los primeros efectos causados por la candidatura de Endara está el creciente desajuste que empieza a manifestarse en los adherentes de los partidos políticos que encuentran “más que atractiva” la propuesta Endara, pero que no cuentan con los medios para exteriorizarla en el seno de sus colectivos por la ausencia de medios, reglas y tradición democrática en los mismos.
Uno de los partidos más afectados por el “efecto Endara” es el partido gobernante -hoy día más mireyista que arnulfista- cuyos mascarones de proa electorales no logran despertar la menor simpatía, atracción o acción entre sus propios copartidarios, mientras que Endara aparece como una atracción...fatal para algunos de los que se han encargado de secuestrar al ‘legendario’ partido para lograr hacer realidad sus ambiciones oportunistas.
Pero si en el mireyismo llueve, en el PRD no escampa. Los promotores, seguidores y demás del ‘partido del proceso’, han sufrido una parálisis que ha afectado su triunfalista dinámica de los últimos meses y se miran los unos a los otros con más interrogantes que respuestas, como resultado de un “espontáneo” que no estaba en el programa elaborado desde junio del 2000 para el rol de ‘oposición responsable”.
La crisis de los siameses [mireyismo y perredismo] es cada día más evidente. Las diversas fuerzas que lo componen -poderosas o no- los coaccionan, los desgastan, los amenazan. Cada día se siente más la ausencia de prácticas verdaderamente democráticas y participativas para con los propios integrantes de dichos partidos. ¿Cómo pueden entonces, prometer al país lo que no practican ni en su propio seno?
Las restantes agrupaciones políticas integrantes de la partidocracia parecen optar por repetir su papel de satélites sordomudos. Incapaces de escuchar el clamor popular, parecen optar por el desempeño de una actuación secundaria y deslucida, antes que asumir posiciones democráticas en defensa del derecho a escoger y en defensa de las grandes mayorías nacionales que claman por trabajo, pan y honestidad. De ahí que los efectos de los planteamientos formulados por Endara en cuanto a lo que motiva su candidatura, terminarán siendo determinantes y decisorios para su sobrevivencia actual y venidera.
Nos ha tocado a todos los seguidores del acontecer, observar cómo los actuales directivos de la cosa pública, con sus aliados del Legislativo, han optado por sumarse a las nefastas corrientes que identifican la idea de crecimiento con la desaparición de todo lo social y humano. En su desesperada carrera por enriquecerse a costa del erario, han hecho de todo para favorecer el fatalismo y el conformismo. Se han aferrado a la idea de negarle a la mayoría de la sociedad toda posibilidad de reestructurarse, de cambiar su visión del mundo, sus valores básicos, su estructura política y social. Las principales figuras gubernamentales hacen gala de su ignorancia inexcusable y se recrean en darle la espalda a la necesidad de hacer el futuro.
El efecto Endara ha traído también vientos de esperanza a los habitantes de nuestro Panamá que, desde distintos puntos del país, mantienen viva la llama de mejores días para nuestra sociedad, y lograr un gobierno que deje atrás la poca racionalidad y el primitivismo.

101 años de Panamá América

 
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