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El efecto Mireya


Durante la pasada contienda electoral, la alianza Unión por Panamá generó encuestas para uso interno, cuyos resultados nunca vieron la luz pública. Estas, realizadas cada quince días, mostraban consistentemente que hasta febrero de 1999, Mireya Moscoso estaba perdiendo las elecciones. Sus resultados coincidían con los publicados en las encuestas de los medios de comunicación. Aún así, los voceros de Moscoso negaban la veracidad de las encuestas publicas, expresando que se contradecían con las propias.
Si Mireya se hubiese limitado al tradicional estilo arnulfista de campaña, el de las caminatas y contactos personales, tal como lo hizo en 1994, y no hubiese agregado los elementos modernos de la tecnología y el uso de los medios de comunicación, no habría ganado las elecciones.
Mireya Moscoso comenzó a crecer en el apoyo del electorado, después de su participación en programas de TV como "En la Mira," "Juventud," "De Mujeres", etc. Hasta ese momento, las expectativas sobre la capacidad de Moscoso eran tan bajas que su desempeño aceptable en estos programas le permitió captar el apoyo de los indecisos. A diferencia de Martín "el continuismo" y Alberto "el mal perdedor", Mireya "la incapaz" logró romper su paradigma.
La actitud despectiva de los arnulfistas cuando no les favorecen las encuestas, es sólo una defensa de los dientes para afuera. En el fondo, los resultados les impactan y preocupan. Por eso la encuesta publicada el pasado 25 de octubre debe evaluarse con detenimiento. Según ésta, el 56% de la población considera la gestión de Moscoso como mala o muy mala. Si las elecciones se repitieran hoy, Moscoso no ganaría la presidencia. A un año de gobierno su desgaste es mayor que lo usual. ¿ Por qué? Según un legislador oficialista, la razón principal es la recesión económica que vive el país y superada ésta, volverá la popularidad.
La recesión está afectando no sólo a las empresas pequeñas. Ha puesto en peligro a las medianas y grandes empresas panameñas. Diariamente se conocen nuevos casos de intervenciones bancarias, despidos y dramáticas caídas en ventas, que contrastan con el mutismo de los voceros empresariales, convencidos de que no hablar del problema es la mejor forma de resolverlo.
El gobierno basa sus esperanzas de reactivación en los macro proyectos económicos. El turismo crecerá mágicamente con sólo aumentar el presupuesto de promoción del IPAT; la construcción del nuevo puente sobre el Canal será otra cura milagrosa, aunque sus efectos no se sentirán, con suerte, hasta el 2002; los cruceros llegarán, pero ni siquiera han firmado el contrato con la principal línea de estos buques, Carnival Cruisses; la privatización de Howard será la panacea, pero su licitación sigue pospuesta.
Todo indica que el efecto de los macro proyectos no se sentirá durante el año 2001 y en ese lapso numerosas empresas habrán colapsado. La situación económica está en su peor momento de los últimos diez años. La contracción es violenta en los sectores internos de la economía y menos grave en aquellos vinculados al mercado internacional. Se prevé un crecimiento del PIB menor al 2% para el año en curso, pero hay sectores donde el desempeño es inferior a este porcentaje. El afán del gobierno de llevar el déficit de la cuenta corriente al 1% este año y a 0% el próximo, a cambio de las felicitaciones del FMI, ha agravado la falta de liquidez del sistema. En estas circunstancias es una locura promover una reforma fiscal para extraer doscientos millones de dólares más del bolsillo de los panameños, tal como plantea el presupuesto presentado por esta administración para el año 2001. El sólo hecho de presentar un presupuesto inflado, parece un ejercicio inofensivo, si no fuera porque, tras la imposibilidad de las recaudaciones presupuestadas, vendrán los ajustes con sus traumas y desperdicios.
Se mencionan diversas causas para explicar la recesión. Por ejemplo, la salida de los norteamericanos, pero en 1999 la presencia de tropas gringas en Panamá no llegaba al 15% del nivel histórico. Se habla de una caída en la exportación de bienes, debido a la disminución de exportaciones del banano y del camarón. Las exportaciones de bienes en el año 2000, pequeñas en relación a las exportaciones de servicios, son casi idénticas a las de 1999, porque la exportación de bienes no tradicionales ha compensado la caída del banano y el camarón. Se acusa al aumento internacional de las tasas de interés y del costo del petróleo, pero ¿ cómo explicar que países como Rep. Dominicana, Costa Rica y hasta Cuba, afectados por estas mismas condiciones, estén creciendo este año por encima del 5%, mientras Panamá no llega al 2% de crecimiento en su PIB?
En reciente conferencia, el PNUD de las Naciones Unidas anunció una disminución en los índices de desarrollo humano de Panamá en este último año. El asunto es preocupante, porque el objetivo primordial de este gobierno es el de incrementar el desarrollo humano y social de la sociedad panameña. Algo está fallando en el logro de su principal objetivo. Muy pocos en esta administración parecen entender que primero se requiere promover el crecimiento económico, para entonces hacer inversión social. Moscoso demostró ser una política capaz, durante la pasada campaña electoral, pero hacer campaña no es lo mismo que gobernar un país y la Presidenta carece de los conocimientos de economía y administración requeridos para una buena gestión. Esta carencia fue obvia durante el torneo; entonces se pensó que podría compensarse con la asesoría de especialistas. Hoy sabemos que Moscoso no presta atención a ningún asesor.
Este gobierno ha repetido como un calco al carbón todos los vicios que le reclamaba a su antecesor. Se aferró obsesivamente a la millonaria partida secreta presidencial, no quiso desprenderse del avión ni del helicóptero y ha hecho los viajes más intrascendentes, con grupos de cortesanos que hubieran hecho reverdecer de envidia a Luis X1V.
Parece que el pueblo panameño tolera la corrupción en el gobierno, si no, ¿cómo interpretar las encuestas sobre la pasada administración, donde aparecía por un lado una alta percepción de corrupción gubernamental, junto a un alto reconocimiento a la efectividad de la gestión de Pérez Balladares? Pero lo que el pueblo no tolera es la ineficiencia de una gestión gubernamental. El gobierno de Mireya Moscoso ha desilusionado a la mayoría de los que la apoyaron y mantiene el rechazo de los que la adversaron en las pasadas elecciones. La tónica de esta administración es la permanente contradicción en las declaraciones de sus altos personeros, donde es usual que subalternos desautoricen a sus superiores. Recurrir a la mentira para calmar temporalmente los problemas, como se confirmó con las donaciones que nunca llegaron al Hospital Santo Tomás, al Instituto Nacional y a la Ciudad de Colón, son claros síntomas de la descomposición del gobierno que se refleja en una bajísima ejecución presupuestaria y notable falta de respuestas.
Mientras tanto, la oposición política continúa colaborando con el sostenimiento de la institucionalidad. El PRD sabe que tiene la presidencia del 2004 asegurada mientras esta administración no cambie su curso y está jugando con gran habilidad al rol de sostener el status quo, sin hacerse corresponsable de éste. Alguien comentaba jocosamente que, después de todo, Mireya está cumpliendo: prometió gobernar para los pobres y nos está haciendo a todos cada vez más pobres.

101 años de Panamá América

 
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