El EIA en Panamá
He visto con preocupación que los fundamentos básicos del "ser" de la ANAM, que es el principio "Pro Natura" antes que nada, y "En dubio pro natura" después de todo, ha sucumbido ante el materialismo del desarrollo empresarial y urbanístico a un "Semper pro pecunio" desenfrenado. Al parecer, la ANAM tiene la idea de que el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) es un "Requisito" o "Tecnicismo Legal" para justificar lesiones al medio ambiente.
Hace poco la ANAM se quejaba de que el EIA de las hidroeléctricas y mineras no se aprobaba "porque estaban incompletos". Nunca se plantea la posibilidad de no aprobar un EIA simplemente porque sus impactos ambientales son criminales y no tienen mitigación, como la destrucción flora y fauna irremplazables, la contaminación de ríos y quebradas con cianuro o mercurio, la contaminación del ambiente urbano con polvo de clinker, la deforestación y potrerización consentida de miles de hectáreas, etc.
El EIA no es una "patente de corso" para destruir. Algunos funcionarios parecen defender más a los empresarios que al medio ambiente, lo que suscita sospechas. El "desarrollo nacional" no puede estar por encima del medio ambiente, porque podemos vivir modestamente pero no sin respirar. Si se aplicara científica y honestamente la filosofía "Pro Natura", más de la mitad de estos estudios ambientales sería rechazada sin apelación. Esto es hoy una rara excepción y no la regla, como debía ser. Esta actitud poco ética tiene su costo a largo plazo, y no tiene mitigación. Se debería pensar más en la protección de la biodiversidad y el medio ambiente que en los inversionistas o negocios posibles del mercado de carbono. Es un absurdo sofisma demagógico que el mercado del carbono o la reforestación puede contrarrestar el cambio climático o compensar el daño a nuestro medio ambiente.