El ejemplo de las pequeñas ligas
Panamá inició su participación en los campeonatos regionales de béisbol infantil en la década del 70. Gracias al apoyo del Club de Leones de Panamá, y a personas como Colón Guardia, Marcos Cobo, Mamabila Osorio y Plinio Castillo, Panamá pudo organizar su primer torneo latinoamericano en 1980, resultando triunfador la novena infantil de Curazao, tras derrotar en un final cardíaco a nuestro equipo, representado en esa ocasión por la provincia de Herrera.
La primera vez que nuestro país ganó un torneo fue en 1984, el cual se realizó en Mayagüez, Puerto Rico. Nuevamente en 1988 en Carolina, Puerto Rico, la novena infantil de Curundú obtuvo título de campeón, luego que se comprobara que República Dominicana presentara jugadores pasados de la edad reglamentaria, que es entre 11 y 12 años. En 1993 Panamá vuelve a ganarse el pase al Mundial cuando los dominicanos nuevamente presentan jugadores pasados de edad. En aquella ocasión, el equipo infantil de Doleguita, Chiriquí, representó al país en el Mundial donde ocupó el segundo lugar. Y este año es el equipo de la provincia de Veraguas la que nos representará en el Mundial en el mes de agosto.
En la categoría intermedia, Panamá ha ganado igualmente cuatro títulos latinoamericanos (Curundú en 1985, 1995, 2000 y Betania en 1998) y uno mundial el año pasado. Cada partido, cada jugada, cada batazo, cada carrera, representan para estos peloteritos un clamor de realización y competencia. Y para los fanáticos y padres de familia que asisten a cada juego, esto representa el testimonio del esfuerzo encomendado a una organización que año tras año reitera el compromiso ineludible de sembrar en la juventud panameña la semilla de la esperanza de que con carácter y dedicación se puede conseguir los triunfos.
Esta organización es las Pequeñas Ligas, una especie de colaboración de personas amantes del deporte pero creyentes en la juventud como símbolo de inspiración para las nuevas generaciones. Aunque el apoyo y los alientos provienen de varias fuentes, es justo el reconocimiento a los Clubes de Leones del país quienes desde la década de los años 60 tienen dentro de sus actividades la organización de las temporadas del béisbol infantil. Todos los grandes jugadores panameños que incursionan a las Ligas Mayores en los Estados Unidos dan sus primeros pasos dentro de las pequeñas ligas: Mariano Rivera, Roberto Kelly, Ramiro Mendoza, Omar Moreno y muchos más, que han dejado sus huellas, lágrimas y sudor corriendo las bases de los estadios de las pequeñas ligas.
Felicitaciones, en primer lugar, al equipo ganador de este año por tan meritorio triunfo. Felicitaciones también a los organizadores por la forma responsable en que se llevó a cabo todo el evento; puntualidad, respeto y disciplina marcaron la pauta del XXXV Campeonato Latinoamericano de Béisbol Infantil. Pero también hay que resaltar la labor tras bastidores que realiza la organización de Pequeñas Ligas por el talento que año tras año impulsa para que decenas de ligas y cientos de partidos se realicen en todo el territorio nacional para que los peloteritos encuentren una distracción y una fuente de motivación. Por eso decimos ¡vivan las pequeñas ligas! y deseamos suerte a nuestros peloteritos en el Mundial de este año.
La primera vez que nuestro país ganó un torneo fue en 1984, el cual se realizó en Mayagüez, Puerto Rico. Nuevamente en 1988 en Carolina, Puerto Rico, la novena infantil de Curundú obtuvo título de campeón, luego que se comprobara que República Dominicana presentara jugadores pasados de la edad reglamentaria, que es entre 11 y 12 años. En 1993 Panamá vuelve a ganarse el pase al Mundial cuando los dominicanos nuevamente presentan jugadores pasados de edad. En aquella ocasión, el equipo infantil de Doleguita, Chiriquí, representó al país en el Mundial donde ocupó el segundo lugar. Y este año es el equipo de la provincia de Veraguas la que nos representará en el Mundial en el mes de agosto.
En la categoría intermedia, Panamá ha ganado igualmente cuatro títulos latinoamericanos (Curundú en 1985, 1995, 2000 y Betania en 1998) y uno mundial el año pasado. Cada partido, cada jugada, cada batazo, cada carrera, representan para estos peloteritos un clamor de realización y competencia. Y para los fanáticos y padres de familia que asisten a cada juego, esto representa el testimonio del esfuerzo encomendado a una organización que año tras año reitera el compromiso ineludible de sembrar en la juventud panameña la semilla de la esperanza de que con carácter y dedicación se puede conseguir los triunfos.
Esta organización es las Pequeñas Ligas, una especie de colaboración de personas amantes del deporte pero creyentes en la juventud como símbolo de inspiración para las nuevas generaciones. Aunque el apoyo y los alientos provienen de varias fuentes, es justo el reconocimiento a los Clubes de Leones del país quienes desde la década de los años 60 tienen dentro de sus actividades la organización de las temporadas del béisbol infantil. Todos los grandes jugadores panameños que incursionan a las Ligas Mayores en los Estados Unidos dan sus primeros pasos dentro de las pequeñas ligas: Mariano Rivera, Roberto Kelly, Ramiro Mendoza, Omar Moreno y muchos más, que han dejado sus huellas, lágrimas y sudor corriendo las bases de los estadios de las pequeñas ligas.
Felicitaciones, en primer lugar, al equipo ganador de este año por tan meritorio triunfo. Felicitaciones también a los organizadores por la forma responsable en que se llevó a cabo todo el evento; puntualidad, respeto y disciplina marcaron la pauta del XXXV Campeonato Latinoamericano de Béisbol Infantil. Pero también hay que resaltar la labor tras bastidores que realiza la organización de Pequeñas Ligas por el talento que año tras año impulsa para que decenas de ligas y cientos de partidos se realicen en todo el territorio nacional para que los peloteritos encuentren una distracción y una fuente de motivación. Por eso decimos ¡vivan las pequeñas ligas! y deseamos suerte a nuestros peloteritos en el Mundial de este año.