El ejemplo de Menem y Alfonsín
El mandatario argentino Carlos Menem está en los últimos meses de su mandato. El próximo 24 de octubre se celebra en su país elecciones generales en las que se perfila al momento como próximo presidente de la nación el opositor del Partido Radical, Fernando de la Rúa.
Hace poco, la ácida campaña política en la que de la Rúa disputa la presidencia del país al peronista, del partido de Menem, Eduardo Duhalde, tuvo una nota conciliadora tras ser destacada en todos los medios de comunicación, la inesperada visita que hizo Menem a su acérrimo adversario radical y expresidente Raúl Alfonsín.
Ambos, Menem y Alfonsín, hicieron públicas manifestaciones de apoyo al ganador, cualquiera que surgiera, entre De la Rúa y Duhalde, lo que ha llamado profundamente la atención en una nación donde la campaña política se desarrolla con mucha intensidad y apasionamiento, entre partidos de gran rivalidad, solo emulados en el deporte por la existente entre los clubes de fútbol River Plate y Boca Junior.
La visita a Alfonsín fue, según Menem, para constatar personalmente la evolución del estado de salud de su adversario, quien sufrió el pasado 17 de junio un aparatoso accidente automovilístico. Y en todos los círculos políticos de la hermana nación ha llamado la atención el gesto de hidalguía del mandatario, lo que momentáneamente hizo bajar el tono a la enconada campaña electoral.
Con agudeza usual, nuestro corresponsal en Washington, Henry Raymont, autor de la nota-, contrasta el gesto conciliador de Menem y Alfonsín, con lo ocurrido recientemente aquí en Panamá, donde el expresidente Ernesto Pérez Balladares estuvo intencionalmente ausente del acto de toma de posesión de la nueva mandataria, Mireya Moscoso.
Como expresó un veterano embajador a Raymont: "La concertación de los partidos políticos en apoyo de los programas económicos y sociales que reclaman nuestros pueblos no sólo representan un acto de sensato patriotismo, sino también un mensaje al mundo de que el espíritu democrático en Latinoamérica ha echado raíces". Difícilmente encontraremos comentarios más atinado y oportuno, teniendo en Panamá un nuevo gobierno, con una precaria mayoría en la Asamblea Legislativa, en cuyo seno parece que imperará la irremediable línea partidista por sobre los mejores intereses nacionales. Ojalá nos equivoquemos.
Hace poco, la ácida campaña política en la que de la Rúa disputa la presidencia del país al peronista, del partido de Menem, Eduardo Duhalde, tuvo una nota conciliadora tras ser destacada en todos los medios de comunicación, la inesperada visita que hizo Menem a su acérrimo adversario radical y expresidente Raúl Alfonsín.
Ambos, Menem y Alfonsín, hicieron públicas manifestaciones de apoyo al ganador, cualquiera que surgiera, entre De la Rúa y Duhalde, lo que ha llamado profundamente la atención en una nación donde la campaña política se desarrolla con mucha intensidad y apasionamiento, entre partidos de gran rivalidad, solo emulados en el deporte por la existente entre los clubes de fútbol River Plate y Boca Junior.
La visita a Alfonsín fue, según Menem, para constatar personalmente la evolución del estado de salud de su adversario, quien sufrió el pasado 17 de junio un aparatoso accidente automovilístico. Y en todos los círculos políticos de la hermana nación ha llamado la atención el gesto de hidalguía del mandatario, lo que momentáneamente hizo bajar el tono a la enconada campaña electoral.
Con agudeza usual, nuestro corresponsal en Washington, Henry Raymont, autor de la nota-, contrasta el gesto conciliador de Menem y Alfonsín, con lo ocurrido recientemente aquí en Panamá, donde el expresidente Ernesto Pérez Balladares estuvo intencionalmente ausente del acto de toma de posesión de la nueva mandataria, Mireya Moscoso.
Como expresó un veterano embajador a Raymont: "La concertación de los partidos políticos en apoyo de los programas económicos y sociales que reclaman nuestros pueblos no sólo representan un acto de sensato patriotismo, sino también un mensaje al mundo de que el espíritu democrático en Latinoamérica ha echado raíces". Difícilmente encontraremos comentarios más atinado y oportuno, teniendo en Panamá un nuevo gobierno, con una precaria mayoría en la Asamblea Legislativa, en cuyo seno parece que imperará la irremediable línea partidista por sobre los mejores intereses nacionales. Ojalá nos equivoquemos.