El ejercicio de la ingeniería civil y la arquitectura
Para prepararse para el ejercicio idóneo de la ingeniería civil y de la arquitectura, el estudiante debe desarrollar en su ser, que la profesión se ejerce con la mente como un proceso intelectual inductivo y deductivo. Inductivo, porque parte de hechos experimentales para establecer proposiciones generales y deductivo, porque se analizan, por medio de las matemáticas, los principios fundamentales para los análisis y diseños de las obras. Se desarrolla la aptitud del aprendizaje para el conocimiento (saber).
El desarrollo de la inteligencia se define por la capacidad de discernir el valor de cada ambiente del conocimiento; no es para saber mucho, sino para saber y trasmitir los conocimientos a otros.
El conocimiento se aplica para diseñar y construir con eficiencia las obras civiles. Son necesarias la habilidad y la destreza para alcanzar el éxito con la mejor utilización de los recursos económicos y técnicos, las máquinas y las herramientas (saber hacer).
Se debe ejercer con un propósito humanitario, al servicio de la comunidad y del país, con actitudes de respeto a la sociedad, amor y también compasión para con el prójimo necesitado (saber ser y saber convivir).
Un proyecto se desarrolla con perfección y excelencia cuando resulta del conocimiento, de la capacitación, de la habilidad y de la experiencia del responsable. Esto se denomina idoneidad. Sólo quien posea idoneidad debe responsabilizarse del desarrollo de un proyecto, porque mal concebido, afecta profundamente a los usuarios y conlleva a desastrosos resultados en la vida social y económica.
Un buen ingeniero o un buen arquitecto deriva gran satisfacción si su proyecto se desarrolla basado en el conocimiento, gobernada por el razonamiento y ejecutada con pasión y perfeccionismo para con la sociedad. El profesional virtuoso, para ejercer su profesión, desarrolla y aplica dos tipos de virtudes en su ser: la de competencia, o sea el ser intelectual, capaz, apto e idóneo y la de un buen comportamiento en la moral y en la ética.
La virtud de la competencia es el resultado del conocimiento por el estudio y comprende sabiduría, inteligencia y prudencia y se deriva de la facultad del ser racional. Desarrolla el propósito y el diagnóstico de un proyecto para la toma de decisiones.
La virtud de la moral y la ética se deriva de los hábitos y de las costumbres que comprende liberalidad y moderación y debe ser obligada a actuar en concordancia con los dictados de la razón. Las virtudes morales no son naturales; o sea, que no se nace con el conocimiento del bien y el mal, sino que el ser humano las desarrolla mediante el comportamiento de la familia y la sociedad en la que vive. La acción de su buen comportamiento en la moral y ética del ser humano resulta de la disciplina y carácter que se ha desarrollado en el profesional con el pensamiento que debe mejorar la calidad de vida sin dañar el medio ambiente.
El ingeniero civil y el arquitecto deben ingresar al ejercicio de la profesión con una vocación moral y desarrollar sus virtudes morales mediante hábitos disciplinados en su propósito de llegar a la excelencia en los diseños y en las ejecuciones de las obras.
(ilowin@usma.ac.pa)
El desarrollo de la inteligencia se define por la capacidad de discernir el valor de cada ambiente del conocimiento; no es para saber mucho, sino para saber y trasmitir los conocimientos a otros.
El conocimiento se aplica para diseñar y construir con eficiencia las obras civiles. Son necesarias la habilidad y la destreza para alcanzar el éxito con la mejor utilización de los recursos económicos y técnicos, las máquinas y las herramientas (saber hacer).
Se debe ejercer con un propósito humanitario, al servicio de la comunidad y del país, con actitudes de respeto a la sociedad, amor y también compasión para con el prójimo necesitado (saber ser y saber convivir).
Un proyecto se desarrolla con perfección y excelencia cuando resulta del conocimiento, de la capacitación, de la habilidad y de la experiencia del responsable. Esto se denomina idoneidad. Sólo quien posea idoneidad debe responsabilizarse del desarrollo de un proyecto, porque mal concebido, afecta profundamente a los usuarios y conlleva a desastrosos resultados en la vida social y económica.
Un buen ingeniero o un buen arquitecto deriva gran satisfacción si su proyecto se desarrolla basado en el conocimiento, gobernada por el razonamiento y ejecutada con pasión y perfeccionismo para con la sociedad. El profesional virtuoso, para ejercer su profesión, desarrolla y aplica dos tipos de virtudes en su ser: la de competencia, o sea el ser intelectual, capaz, apto e idóneo y la de un buen comportamiento en la moral y en la ética.
La virtud de la competencia es el resultado del conocimiento por el estudio y comprende sabiduría, inteligencia y prudencia y se deriva de la facultad del ser racional. Desarrolla el propósito y el diagnóstico de un proyecto para la toma de decisiones.
La virtud de la moral y la ética se deriva de los hábitos y de las costumbres que comprende liberalidad y moderación y debe ser obligada a actuar en concordancia con los dictados de la razón. Las virtudes morales no son naturales; o sea, que no se nace con el conocimiento del bien y el mal, sino que el ser humano las desarrolla mediante el comportamiento de la familia y la sociedad en la que vive. La acción de su buen comportamiento en la moral y ética del ser humano resulta de la disciplina y carácter que se ha desarrollado en el profesional con el pensamiento que debe mejorar la calidad de vida sin dañar el medio ambiente.
El ingeniero civil y el arquitecto deben ingresar al ejercicio de la profesión con una vocación moral y desarrollar sus virtudes morales mediante hábitos disciplinados en su propósito de llegar a la excelencia en los diseños y en las ejecuciones de las obras.
(ilowin@usma.ac.pa)