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El “ejército de la frontera”


Como a Torrijos le importa muy poco la opinión de la ciudadanía, sigue dando pasos para materializar sus aberraciones militaroides mediante la creación de lo que, eufemísticamente, él y sus obsecuentes incondicionales, han dado en llamar "el Servicio de Fronteras", que es, como se mire y por donde se mire, una fuerza militar.

Usando el risible pretexto de que Panamá requiere de una fuerza especial, distinta a la policía para "combatir el narcotráfico y defender nuestra soberanía e integridad territorial", en abierta burla a la Constitución y al sentir nacional, Torrijos ha decidido volver a un rampante militarismo. El subterfugio de crear "un servicio de fronteras", que ahora hemos venido a enterarnos fue fraguado hace mucho tiempo, es una decisión irresponsable y una absoluta insensatez que, aparte de su astronómico costo en dinero, es una gravísima amenaza para nuestra enclenque democracia.

¡De qué nos defenderá "el ejército de la frontera"? Que sepamos, Colombia no le ha declarado la guerra a Panamá. Que sepamos, los grupos insurgentes colombianos no pretenden derrocar al gobierno panameño y tampoco conquistas territoriales. Y el pretexto de que con el "ejército de la frontera" se impedirá el narcotráfico es una auténtica cretinada. La droga que entra a Panamá no la introducen los guerrilleros de las FARC caminando a través de la frontera. La droga, tanto a Panamá como a cualquier otro país y, especialmente a los Estados Unidos, suponemos que Torrijos lo sabe, entra por muchas otras vías distintas a la fronteras terrestre con Colombia.

Nuestra frontera terrestre con Colombia, sin incluir la marítima, también suponemos que Torrijos lo sabe, tiene una longitud de 263 kilómetros. Paravigilarla y controlarla, palmo a palmo, como se dice hará el flamante "ejército de la frontera", serán necesarios enormes recursos, tanto humanos como materiales. Habría que destacar de 4,000 a 5,000 policías-soldados, equiparlos con armamentos de guerra, vestirlos y alimentarlos, proveerlos con transportes militares para todo terreno y construir cuarteles y puestos de vigilancia. Y como eso, por supuesto, no se pagará con cascaritas de huevo, la aventura militarista de Torrijos nos costará cientos de millones de dólares, que no pagarán él, los Estados Unidos, ni los milicos que ha enquistado en el gobierno, sino el pueblo panameño.

El problema que representan las incursiones del ejército colombiano, los paramilitares y de los insurgentes de las FARC debe enfrentarse y resolverse; pero la solución no es militar, sino política y diplomática. Por un lado, nuestras autoridades, en lugar de utilizarlo para iniciar una escalada militarista, deben, mediante una acción enérgica, demandar que el gobierno del señor Uribe contenga el conflicto, que es interno de Colombia, dentro de sus fronteras. Para eso cuenta con los enormes recursos que le han suministrado los Estados Unidos. Y a la par que planteamos nuestra exigencia, que es justa, al gobierno colombiano, también debemos llevar el tema a instancias internacionales, como el Grupo de Río, la OEA y la ONU. Por esas vías, y sin sacrificar recursos que no tenemos ni tendremos y que deben dedicarse a combatir el hambre y la pobreza que padecen muchos miles de nuestros compatriotas, es que debe actuar un gobierno medianamente responsable.

101 años de Panamá América

 
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