El Elogio de la Ignorancia
En medio de catedráticos, escritores, jurisconsultos y otros intelectuales, reales o imaginarios, leímos y escuchamos por televisión, abochornados, el elogio de la ignorancia. No había en él nada de la crítica social de Erasmo de Rotterdam en el Elogio de la Locura o de la Estulticia, con prefacio al sabio estadista Tomás Moro. Pero era que esos intelectuales en un primer acto de inconsecuencia no entregaron su vocería a un Erasmo panameño. La entregaron a quien nunca ha explicado por qué no terminó sus estudios en una universidad norteamericana, lo que explica sin duda por qué se ha pasado su vida de adulto pretendiendo un saber de fácil y reciente adquisición y tratando de imponer un magisterio intelectual y moral que su praxis contradice. El vocero es un auténtico "estulto" según la descripción del sabio de Rotterdam, quien dedica algunas de sus frases más irónicas a comerciantes "que van mintiendo a todas horas y se creen a la cabeza de la humanidad por el mero hecho de llevar los dedos llenos de sortijas de oro" (c. 48).
Raymond Aron en El Opio de los Intelectuales (1955), Paul Johnson en Los Intelectuales (1988) y Bernard-Henri Lévy en Aventuras en el Camino de la Libertad, los Intelectuales Franceses en el Siglo XX (1991), han demostrado cuántas veces y hasta qué punto los intelectuales, de quienes la sociedad espera integridad en el saber y crítica reflexiva, han actuado como los "estultos" que denunciaba Erasmo de Rotterdam. Y la peor humillación del intelectual ha consistido en traicionar su vocación fundamental, que es vivir la inteligencia, proyectar la inteligencia y defender la inteligencia, como lo hizo Unamuno cuando el Gen. Millán Astray gritó en Salamanca "abajo la inteligencia viva la muerte".
Ahora el grupo de intelectuales que se han pronunciado por Mireya Moscoso, se somete a esta humillación: hacer el elogio de la ignorancia por boca de un improvisado intelectual..
Todos sabemos o debiéramos saber que nuestra civilización se está transformando en una sociedad donde el poder de la tierra y del capital se transfiere al saber. Lo destaca Juan Pablo II, al subrayar que en "la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber se funda la riqueza de las Naciones industrializadas" (Centesimus annus, no 32). De una manera sorprendente la gran intuición de Sócrates, el más auténtico intelectual de todos los tiempos, que el saber es condición del hombre virtuoso y del gobernante, ha pasado del orden de lo ideal al orden de lo real y de lo real colectivo.
Aquí en Panamá, hay quienes entre ellos el vocero- deslumbrados por esta nueva realidad, han promovido la llamada Ciudad del Saber y con una metáfora, fruto de su "estulticia", han recomendado que Panamá dé "un salto de garrocha" al primer mundo. Por eso su humillación es tanto más bochornosa. ¿Cómo va a conducirnos hacia el nuevo milenio del saber, alguien que no ha pasado de la escuela secundaria y no quiso ir a la universidad ni ha querido cultivarse por cuenta propia?
He sido toda mi vida profesor de la Universidad de Panamá. Le he enseñado a cientos de estudiantes, muchos de los cuales trabajaban o cuyos padres, gente sin fortuna, se sacrificaban para pagar su educación. He conocido un Panamá que desde abajo se educa como puede para superarse, surgir, vivir mejor y darle sentido a su vida. Desde que existe la Universidad de Panamá, no es verdad que la pobreza impida adquirir una educación universitaria.
¿Cómo puede conducir a un país que se desvive por educarse, que comprende que la educación es lo decisivo para su futuro, que invierte en educación las partidas más importantes de su presupuesto, que cuenta con más de 80.000 estudiantes universitarios y con muchísimos más ciudadanos que han cursado estudios universitarios, una persona que vive ajena al estudio, a la lectura seria, a la información actualizada, al saber puro y simple? Todos los programas de Gobierno que se han presentado en estas elecciones le otorgan la más alta prioridad a la educación, y sin embargo intelectuales panameños recomiendan para la Presidencia a alguien que es la negación de esa prioridad. ¡Absurdo y bochornoso!
No se trata de elegir a un experto, que tenga conocimientos especializados y sistemáticos en una disciplina, aunque nada impide que un experto sea Presidente. De lo que se trata es de elegir a alguien que, por haber vivido la experiencia universitaria o una experiencia equivalente por cuenta propia, vive mentalmente en un mundo complejo, con percepción de la realidad natural (para apreciar el reto ecológico), del entorno social (para comprender el desafío de la pobreza y la necesidad de una modernización humanizada), de los procesos económicos (para intentar gobernar la globalización con equidad y que ésta no se nos imponga con injusticia) y del surgimiento de una nueva cultura (para inspirar un nuevo sentido de solidaridad humana y de identidad nacional). Necesitamos elegir a alguien que no viva en un mundo simplista, rudimentario y desprovisto de auto-reflexión crítica e ilustrada.
En el elogio de la ignorancia que hizo el improvisado intelectual fui objeto de una andanada, parecida a las que me envió cuando desmantelaba las Fuerzas de Defensa. En la Junta Directiva del Diario La Prensa, de la que formé parte durante los años duros de la dictadura, me le opuse cuando vi cómo convertía el "diario sin dueños" en el diario de un dueño con plata ajena, pero línea propia. Así comenzó nuestro distanciamiento. Lo que lo consagró fueron nuestras diferentes maneras de luchar contra la dictadura. Como todos nosotros, él se sintió amenazado, contrató a dos ex agentes de la CIA para que le evaluaran el peligro y se fue a vivir y a hacer negocios en Miami. Cuando a mí me cargaron físicamente y me arrojaron en un avión el día del golpe contra Del Valle, fui a dar a Miami. Desde allí conseguí que parlamentarios de Costa Rica, Venezuela y Alemania me encontraran en San José para intentar el regreso a Panamá. Antes de realizar el intento, lo invité a que me acompañara. Me dijo: ¿qué haremos cuando los parlamentarios extranjeros se vayan? Le constesté: le haremos frente a la situación como muchos otros panameños. No quiso venir. Regresé con Teresita y con Ariadna Spadafora, quien me conmovió cuando se presentó al aeropuerto de San José e insistió en viajar con nosotros, como yo la había acompañado cuando ella llegó a Panamá con el cuerpo de Hugo Spadafora. El improvisado intelectual nunca me ha perdonado que le ofrecí una opción frente a la cual se reveló a sí mismo su temor. Más tarde, al inicio del Gobierno democrático, le propuse a Endara su nombramiento como Embajador en Washington y éste me autorizó a que se lo ofreciera. Rehusó, como siempre ha rehusado a asumir las responsabilidades políticas que tanto anhela y a las que tanto teme, aunque pueda que ya tenga un puesto convenido si ganara, Dios no lo permita, la candidata en cuyo favor ha hecho su elogio de la ignorancia.
El le tiene temor al fracaso. Yo no. Por eso me he atrevido a luchar 21 años contra la dictadura hasta que ayudé a acabar con ella, mientras él coqueteó con ella al inicio y se ausentó al final. Por eso me atreví a compartir la responsabilidad de instalar el Gobierno democrático después del 20 de diciembre de 1989 y desmilitaricé la fuerza pública, sin suscitar más violencia y trauma. Por eso me atrevo a apoyar la nueva propuesta de Alberto Vallarino que busca superar el continuismo y el tradicionalismo a la vez. En ninguna de estas empresas he traicionado mi vocación de intelectual, sino que la he puesto al servicio de mi pueblo, quien escoge soberanamente a quien elige y a quien no.Si he fracasado en algún propósito honrado es porque soy hombre y no Dios. No me avergüenzo de haberlo intentado.
Raymond Aron en El Opio de los Intelectuales (1955), Paul Johnson en Los Intelectuales (1988) y Bernard-Henri Lévy en Aventuras en el Camino de la Libertad, los Intelectuales Franceses en el Siglo XX (1991), han demostrado cuántas veces y hasta qué punto los intelectuales, de quienes la sociedad espera integridad en el saber y crítica reflexiva, han actuado como los "estultos" que denunciaba Erasmo de Rotterdam. Y la peor humillación del intelectual ha consistido en traicionar su vocación fundamental, que es vivir la inteligencia, proyectar la inteligencia y defender la inteligencia, como lo hizo Unamuno cuando el Gen. Millán Astray gritó en Salamanca "abajo la inteligencia viva la muerte".
Ahora el grupo de intelectuales que se han pronunciado por Mireya Moscoso, se somete a esta humillación: hacer el elogio de la ignorancia por boca de un improvisado intelectual..
Todos sabemos o debiéramos saber que nuestra civilización se está transformando en una sociedad donde el poder de la tierra y del capital se transfiere al saber. Lo destaca Juan Pablo II, al subrayar que en "la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber se funda la riqueza de las Naciones industrializadas" (Centesimus annus, no 32). De una manera sorprendente la gran intuición de Sócrates, el más auténtico intelectual de todos los tiempos, que el saber es condición del hombre virtuoso y del gobernante, ha pasado del orden de lo ideal al orden de lo real y de lo real colectivo.
Aquí en Panamá, hay quienes entre ellos el vocero- deslumbrados por esta nueva realidad, han promovido la llamada Ciudad del Saber y con una metáfora, fruto de su "estulticia", han recomendado que Panamá dé "un salto de garrocha" al primer mundo. Por eso su humillación es tanto más bochornosa. ¿Cómo va a conducirnos hacia el nuevo milenio del saber, alguien que no ha pasado de la escuela secundaria y no quiso ir a la universidad ni ha querido cultivarse por cuenta propia?
He sido toda mi vida profesor de la Universidad de Panamá. Le he enseñado a cientos de estudiantes, muchos de los cuales trabajaban o cuyos padres, gente sin fortuna, se sacrificaban para pagar su educación. He conocido un Panamá que desde abajo se educa como puede para superarse, surgir, vivir mejor y darle sentido a su vida. Desde que existe la Universidad de Panamá, no es verdad que la pobreza impida adquirir una educación universitaria.
¿Cómo puede conducir a un país que se desvive por educarse, que comprende que la educación es lo decisivo para su futuro, que invierte en educación las partidas más importantes de su presupuesto, que cuenta con más de 80.000 estudiantes universitarios y con muchísimos más ciudadanos que han cursado estudios universitarios, una persona que vive ajena al estudio, a la lectura seria, a la información actualizada, al saber puro y simple? Todos los programas de Gobierno que se han presentado en estas elecciones le otorgan la más alta prioridad a la educación, y sin embargo intelectuales panameños recomiendan para la Presidencia a alguien que es la negación de esa prioridad. ¡Absurdo y bochornoso!
No se trata de elegir a un experto, que tenga conocimientos especializados y sistemáticos en una disciplina, aunque nada impide que un experto sea Presidente. De lo que se trata es de elegir a alguien que, por haber vivido la experiencia universitaria o una experiencia equivalente por cuenta propia, vive mentalmente en un mundo complejo, con percepción de la realidad natural (para apreciar el reto ecológico), del entorno social (para comprender el desafío de la pobreza y la necesidad de una modernización humanizada), de los procesos económicos (para intentar gobernar la globalización con equidad y que ésta no se nos imponga con injusticia) y del surgimiento de una nueva cultura (para inspirar un nuevo sentido de solidaridad humana y de identidad nacional). Necesitamos elegir a alguien que no viva en un mundo simplista, rudimentario y desprovisto de auto-reflexión crítica e ilustrada.
En el elogio de la ignorancia que hizo el improvisado intelectual fui objeto de una andanada, parecida a las que me envió cuando desmantelaba las Fuerzas de Defensa. En la Junta Directiva del Diario La Prensa, de la que formé parte durante los años duros de la dictadura, me le opuse cuando vi cómo convertía el "diario sin dueños" en el diario de un dueño con plata ajena, pero línea propia. Así comenzó nuestro distanciamiento. Lo que lo consagró fueron nuestras diferentes maneras de luchar contra la dictadura. Como todos nosotros, él se sintió amenazado, contrató a dos ex agentes de la CIA para que le evaluaran el peligro y se fue a vivir y a hacer negocios en Miami. Cuando a mí me cargaron físicamente y me arrojaron en un avión el día del golpe contra Del Valle, fui a dar a Miami. Desde allí conseguí que parlamentarios de Costa Rica, Venezuela y Alemania me encontraran en San José para intentar el regreso a Panamá. Antes de realizar el intento, lo invité a que me acompañara. Me dijo: ¿qué haremos cuando los parlamentarios extranjeros se vayan? Le constesté: le haremos frente a la situación como muchos otros panameños. No quiso venir. Regresé con Teresita y con Ariadna Spadafora, quien me conmovió cuando se presentó al aeropuerto de San José e insistió en viajar con nosotros, como yo la había acompañado cuando ella llegó a Panamá con el cuerpo de Hugo Spadafora. El improvisado intelectual nunca me ha perdonado que le ofrecí una opción frente a la cual se reveló a sí mismo su temor. Más tarde, al inicio del Gobierno democrático, le propuse a Endara su nombramiento como Embajador en Washington y éste me autorizó a que se lo ofreciera. Rehusó, como siempre ha rehusado a asumir las responsabilidades políticas que tanto anhela y a las que tanto teme, aunque pueda que ya tenga un puesto convenido si ganara, Dios no lo permita, la candidata en cuyo favor ha hecho su elogio de la ignorancia.
El le tiene temor al fracaso. Yo no. Por eso me he atrevido a luchar 21 años contra la dictadura hasta que ayudé a acabar con ella, mientras él coqueteó con ella al inicio y se ausentó al final. Por eso me atreví a compartir la responsabilidad de instalar el Gobierno democrático después del 20 de diciembre de 1989 y desmilitaricé la fuerza pública, sin suscitar más violencia y trauma. Por eso me atrevo a apoyar la nueva propuesta de Alberto Vallarino que busca superar el continuismo y el tradicionalismo a la vez. En ninguna de estas empresas he traicionado mi vocación de intelectual, sino que la he puesto al servicio de mi pueblo, quien escoge soberanamente a quien elige y a quien no.Si he fracasado en algún propósito honrado es porque soy hombre y no Dios. No me avergüenzo de haberlo intentado.