default

El emblema de la cruz


TODAS las religiones anualmente tienen sus celebraciones mayores. Nosotros comenzamos hoy con el Domingo de Ramos o Domingo de las Palmas.
Lo medular hoy, para nosotros los católicos creyentes y practicantes, es la liturgia especial del día. La distribución y bendición de las palmas en recuerdo de aquel domingo triunfal de Jesús y luego la lectura de la Pasión durante la misa.
Estamos en los umbrales de la gran semana litúrgica con una antítesis, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Primera lectura) opuesta a la humillación extrema que padece en el curso de su pasión (Tercera lectura). Este mismo contraste se expresa en términos teológicos en la carta de Pablo a los Filipenses: "Se rebajó hasta someterse a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo" (Segunda lectura).
Yuxtapone el autor del evangelio de San Marcos la humanidad sufriente y la divinidad victoriosa de Jesús. Revela una tensión característica entre el misterio oculto y el misterio revelado de aquel hombre que se vio abandonado de todos sus discípulos (Mc. 14: 50). Los títulos que se le dan, van ganando progresivamente en densidad: Hijo del Hombre, Mesías, Rey de los Judíos o Rey de Israel, finalmente Hijo de Dios. Tiene que ser el centurión romano el que ortorga a Jesús este último título: "Realmente este hombre era Hijo de Dios". (Mc.15: 3-29).
A la repulsa del pueblo judío, opone la adhesión de los paganos.
La historia de los hombres y mujeres y nuestra vida personal obedecen también a la dialéctica de la incredulidad y de la fe, de la ceguera y de la iluminación, del rebajamiento y de la exaltación. Nuestra manera de creer va pasando por estas fases alternativas. Y en la fuente de todas las paradojas está el rostro de Dios revelado por Jesús de Nazaret: Un Dios humillado, dependiente, vulnerable, Jesús el servidor de los más pobres. Su cualidad primera no es ni la omnipotencia, ni la omniscencia eterna, sino el amor.
¿Por qué el sufrimiento del inocente? ¿Por qué la muerte irremediable?
Jesús no nos da explicaciones abstractas. Luchó contra el mal y reveló al hombre la fractura de su libertad. Lejos de pretender abolir la muerte biológica, se enfrentó con ella en la angustia, y en la soledad, pero la existencia singular de Jesús de Nazaret, sellada por la crucifixión, tenía que concluir con la pradoja suprema: la resurrección. Esta ilumina con un resplandor imprevisible no solo el destino de Jesús, sino el de todo hombre que acepta seguirle. En Jesús, confesado en adelante como Cristo, Dios ha manifestado una calidad de amor en donde la gente "sensata" no ve más que escándalo y locura. ¿Estamos nosotros dispuestos a inscribir esta paradoja irritante en el corazón de nuestros pensamientos y de nuestras empresas?
Estamos acostumbrados a ver la cruz por todas partes: en monumentos públicos y en los despachos oficiales, sobre los montes y en las alcobas, en los tribunales y en las escuelas, en los caminos y, por supuesto, en todas las iglesias. Algunos hacen la señal de la cruz al salir de casa, al emprender un viaje o antes de comenzar una competición deportiva, y muchas personas la llevan sobre pecho. ¿Qué es la cruz? ¿Un talismán?
Durante la larga dominación romana, muchos campeones de la libertad de los pueblos sometidos, murieron en la cruz. También aquellos que se alzaron para luchar contra el régimen esclavista, como Espartaco y sus compañeros en número de siete mil. Para los cristianos, la cruz recuerda la Pasión y Muerte de Jesús en Jerusalén bajo el poder de Poncio Pilato y es una señal o símbolo de liberación. Sin embargo, a fuerza de acentuar los sufrimientos de Jesús, de imaginarlos y describirlos patéticamente en estatuas y sermones, se puede llegar a perder el auténtico significado de la cruz y entender qué quiere decir dolor, cuando en realidad nos habla de amor. In Hoc signo vinces. En esta señal vencerás. Después de la cruz viene la luz de la victoria y resurrección.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América