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"El enemigo de tu enemigo es tu amigo"


Así reza el viejo refrán al que han vuelto a dar sentido los extraños socios del pacto META que, según ellos, producirá la metamorfosis de la Asamblea Legislativa, pero que, como resultado inmediato, les aseguraría el control del Palacio Legislativo. El pasado 24 de agosto, la sorpresa impactó al país cuando vio "con sus propios ojos" cómo dos archirrivales de antaño se han hermanado por la sencilla razón de que es mayor su antagonismo al gobierno de Mireya Moscoso que el que existía entre ellos.
Los nuevos aliados hicieron conocer al país un texto de acuerdo, en el que anunciaron que, desde ahora y hasta el 2004, ellos se repartirán los puestos directivos de la Asamblea. De los cuatro períodos legislativos restantes, el PRD presidirá tres, el próximo (con un PRD "light") y los dos últimos; el PDC uno, el que comienza en septiembre del 2001.
También anunciaron que los propósitos de su "alianza táctica y estratégica" son: devolver a la Asamblea el prestigio perdido, aprobar leyes de beneficio para el país y "asegurar la gobernabilidad", mediante el mecanismo de reservarle al sector oficialista las comisiones de Presupuesto y de Credenciales.
En principio, los nuevos aliados aparecen como los ganadores y como perdedores los partidos del Pacto de La Pintada. Y digo que en principio, porque de repente no lo son tanto como ellos o uno de los dos cree.
En primer lugar, si los PDC se creen que sus dos votos son imprescindibles para el PRD y que, por tanto, estarán en igualdad de condiciones y podrán conservar todas las ventajas que obtuvieron con el Pacto de La Pintada, viven en un mundo de sueños. Después de asegurarse el retorno al redil del legislador Cortizo, ex-compañero de terna de Martín Torrijos, al PRD, ahora con 35 votos, le resultan menos cruciales los dos votos del PDC. Cuidado que cuando menos se lo esperen, se les congela la sonrisa, porque el voto adicional salió de otra parte y a menor costo y, por consiguiente, los suyos ya no serían necesarios.
La carta que se ha jugado el PDC está plagada de más riesgos que ventajas y si ocurriera que sus votos resultan no ser necesarios, sus supuestas ganancias se desvanecerían, y también su mermada vigencia política.
Por el lado del PRD, a ojos vista está que resuman alegría por haber logrado el respaldo del PDC, para hacerse con el control de la Asamblea. Hasta allí, aparecen como claros ganadores. Sin embargo, también a ellos puede salirles el tiro por la culata.
Mientras que el gobierno de la señora Moscoso se le achacara tener el control de la Asamblea, para el PRD era fácil endosarle todas las culpas y no tener que justificarse por nada. Sin embargo, en el nuevo escenario que existiría a partir del 1 de septiembre, quienes controlen el Palacio Legislativo no podrán valerse sólo de la crítica sino que tendrán que demostrar resultados.
El compromiso que han asumido frente al país, en el que se obligan transformar la Asamblea Legislativa, no podrán sortearlo con simples declaraciones de intenciones o a base de seguir echándole la culpa al gobierno.
Es pública y notoria la insatisfacción de la comunidad con el desempeño general de la Asamblea y también el rechazo a los privilegios de que disfrutan los legisladores. Si los nuevos aliados, ahora en posición de rectores de los destinos de la Asamblea, no respaldan con hechos sus propósitos de enmienda, su aparente victoria bien puede rebotarles.
Entre las cosas que han prometido destaca, como la primera, la modificación del Reglamento Interno de la Asamblea, del que derivan muchas de las canongías de los legisladores. Cumplir ese cometido, que depende exclusivamente de ellos, no tiene por qué esperar. Por tanto, esa debiera ser la prueba que, de forma inmediata, podrían ofrecerle al país, para desvirtuar la creencia generalizada de que su alianza sólo responde al dicho del viejo refrán.

101 años de Panamá América

 
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