El error de la peatonal
En estos tiempos de vorágine urbana, de ruido, velocidad y angustia, las grandes ciudades han encontrado en las vías peatonales una vacuna contra la demencia colectiva. Buenos Aires, Bogotá, Medellín, Madrid, Lima, el Distrito Federal mexicano y Santiago de Chile son algunos de los ejemplos a la mano, pero no los únicos.
"Somos animales que caminan, necesitamos caminar, no para sobrevivir sino para ser felices", dijo en torno al tema de las peatonales uno de los grandes reformadores de la ciudad de Bogotá, el ex alcalde Enrique Peñalosa.
En Panamá teníamos dos de estas avenidas, pero en los próximos meses nos quedaremos sin ninguna por razones que es fácil pensar están cercanas al enanismo político. La de San Francisco desapareció al poco tiempo de ver la luz, y la de la Central tiene fecha de cumpleaños: el uno de octubre.
El principal argumento es que la gente no acude a comprar. Piensan los quejosos, y el Alcalde quien junto al Consejo Municipal se ha hecho eco de sus voces, que el abrir la vía al paso de autos particulares y taxis permitirá que mejoren los negocios. Error tremendo, pues poco mejorará la situación. No será así porque los comerciantes que allí se encuentran se estancaron en los viejos esquemas de compra y venta, válidos cuanto no existían los "malls", con su imponente y atractiva estructura, con sus locales bajo techo y refrigerados, su amplios pasillos, sus tiendas, los "food courts", las discotecas y casinos..., es decir, micro mundos donde la gente acude a algo más que a comprar.
Cerrando la peatonal perderemos la oportunidad de crear una ciudad más humana, abierta al mundo, hospitalaria y coqueta. En ese sitio, antesala al turístico Casco Viejo, es donde deben establecerse los anticuarios, los bingos, los teatros, los cafés al estilo de principios del siglo XX, las casas de cambio y todo aquello que propicie entretenimiento y utilidad. Quienes la cierren, se estarán retratando de cuerpo entero como gente de luces cortas, y de poca visión de futuro.