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El escenario actual en la educación


Todavía más que en el ayer, la educación panameña se señala hoy por su confusión, incertidumbre y acalorado debate. Pero, hay que tomar en cuenta que las depresiones económicas y las revoluciones, la necesidad de conservar la paz en un mundo libre, han puesto una vez más la cuestión de la filosofía educativa en la agenda de la historia.
El paso acelerado de los descubrimientos tecnológicos, el reto ideológico y el desarrollo de la economía de las grandes potencias, sobre todo, de los Estados Unidos de América, han dado a esa cuestión un importancia capital. Las necesidades inmediatas de planificación institucional para hacer frente a las cambiantes condiciones, la han hecho grave. En consecuencia, durante casi cinco décadas se ha venido enardeciendo en todo el país una gran discusión acerca de la naturaleza, el contenido y las metas de la educación.
Esta inquietud y fermento se han extendido mucho más allá de los límites de los círculos profesionales de la educación. Inclusive algunos empresarios, hasta hace poco en extremo indiferentes a las cuestiones educativas, han estado demostrando especial interés por la educación nacional. Funcionarios clave del gobierno están trazando planos para la reconstrucción educativa. Editores y columnistas de periódicos desarrollan campañas para influir en la instrucción. La Fuerza Pública y otras agencias de seguridad están evaluando los servicios educativos, en relación con lo que suponen que serán las necesidades y tareas de seguridad nacional del mañana. La industria, en considerable escala, está haciendo planes en los que las escuelas del sector vocacional y tecnológico tienen un importante papel. Y hasta los negocios han cambiado el carácter de su tradicional interés en la educación.
En resumen, la educación es ahora, en Panamá y en los demás países democráticos del mundo, noticia de primera plana. Esta sería tal vez la más saludable y alentadora señal en la educación panameña, si no estuviera viciada por la tendencia a aprovechar las discusiones y proposiciones educativas con fines de sensacionalismo. Con demasiada frecuencia se publican las noticias sobre educación como si fueran el relato de un hecho delictivo. Empero, hasta este precio resulta reducido, si permite a todos comprender que la educación es asunto que a todos concierne.
En todo caso, el punto de partida de la mayoría de los participantes en el moderno debate, es la deplorable condición de la educación en todos los niveles de enseñanza. Y es que, a medida que ascendemos en la escala educativa, las críticas se hacen más vehemente y se enfocan en el nivel secundario (colegios e institutos) y universitario. Hay una impresionante unanimidad acerca de la situación educativa en esas instituciones básicas. Pese a las bien anunciadas reformas en la organización administrativa, programa y planes de estudio, en unos cuantos de nuestros principales centros educativos, por lo general el resto de los planteles que funcionan en el país presentan un confuso cuadro de anticuados planes de estudio, ofrecimientos de enseñanza de ciencias sociales misceláneas y programas vocaciones cada vez más circunscritos, todo ello sin planear ni supervisar por medio de ideas directrices. En realidad, lo que encontramos en la mayoría de los planteles educativos no puede ser explicado en términos de una filosofía de educación conscientemente adoptada, sino más bien mediante el proceso de acrecencia histórica.
En este sentido, el proceso de acrecencia histórica es el resultado de presiones divergentes. La inercia de la tradición y el irreprimible deseo de prepararse para una comodidad prevista; las demandas de las legislaturas, de grupos con intereses especiales, de auténticos patriotas y de patrioteros, así como los requisitos establecidos por los gremios profesionales, son algunas de las presiones que han dictado las pautas de la educación, especialmente de la educación superior.
Aceptamos por el momento, todas estas discutibles premisas por lo que resulta fácil formular una deprimente y justificada acusación contra el actual escenario educativo; lo que, justifica también, la crítica que los especialistas y la opinión pública hacen al sistema educativo vigente. La crítica es, desde luego, importante, pues donde nada necesita ser criticado, nada necesita hacerse. No obstante, hay que tener muy presente que las curas o reformas propuestas son mucho más importantes, ya que pueden resultar peores que la enfermedad.
Pero, hagamos una pausa... para señalar un hecho evidente: no se puede negar, por ejemplo, que la educación técnica y científica que se imparte hoy día da a los estudiantes que con éxito se sujetan a ella una ventaja profesional sobre los demás. Las recompensas otorgadas a quienes reciben ese adiestramiento completo son superiores a las que obtienen quienes emprenden carreras de humanidades o de estudios sociales. Vale decir, si las presentes tendencias económicas y sociales continúan, hay el riesgo de que hasta las posibilidades profesionales se vayan reduciendo progresivamente, al extenderse la automatización a la producción de artículos y servicios. Todavía más, la índole de las ocupaciones tecnológicas se hará mucho más especializada a medida que el número de profesionales disminuya. Y esto presupone, a la vez, una sociedad en la que la automatización suministre artículos y servicios adecuados para todos, por medio de máquinas que diseñarán y producirán otras máquinas, casi sin intervención del trabajo humano. Por eso es fácil reconocer que toda esta cuestión encierra una certera y ominosa moraleja.

101 años de Panamá América

 
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