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El escenario constituyente (IV)


Inicio esta última entrega (las anteriores fueron el 23/02/04, 02/03/04 y 16/03/04) con una sencilla pregunta, ¿qué garantías tendremos los ciudadanos de que los que elegimos el 2 de mayo de 2004 harán cumplir la nueva Constitución e iniciarán el proceso de reformas socio-políticas que todo proceso constituyente implica continuar, luego de aprobada una nueva Carta Magna?
Si se cumple el proceso tal y como lo expusimos anteriormente, tendremos una nueva Constitución que, para surtir efecto, involucraría la ejecución de un proceso de adecuación legal; es decir, hay que revisar nuestras normas para determinar cuáles hay que reformar para ponerlas acorde con la nueva Constitución; o bien, determinar cuáles han quedado derogadas o en qué materias se hace prudente legislar de forma inmediata.
Todo ese proceso quedaría en manos de la Asamblea Legislativa electa el 2 de mayo de 2004, una Asamblea que estará compuesta, en gran porcentaje, por muchas de las personalidades que ahora la componen o que la han conformado con no muy lejana anterioridad.
Las propuestas de cambios o actualizaciones legales pueden nacer también del Ejecutivo; sin embargo, dicho órgano, a juzgar por las figuras que aspiran a ocupar la máxima magistratura de la nación, no estará compuesto por personas duchas en las cualidades que caracterizan a aquellos que están dispuestos a sacrificarse por el bienestar de las mayorías.
Durante el tiempo que separará al país de la aprobación de una nueva Constitución y la realización de nuevas elecciones, mucha tela se puede cortar y muchas decepciones se pueden crear.
Si los gobernantes de turno no son capaces de sacrificarse y generar las reformas que complementen el trabajo de la Asamblea Constituyente Paralela, más temprano de lo imaginado, tendremos a un pueblo desilusionado del proceso que le prometía una nueva nación.
Así, la nueva Constitución no pasará de ser lo que es la de 1972 con las reformas de 1983. Quienes participaron en el ejercicio de reformas aseguran que hicieron más democrática la Constitución militarista; no obstante, sólo en eso quedó. A los militares nunca les interesó respetarla, tal y como pasa ahora con los que dicen administrar nuestro país democráticamente.
Si bien es cierto, el hecho de llamar a nuevas elecciones para escoger nuevos gobernantes no es lo que va a garantizar que se haga bien el trabajo posterior a la Constituyente Paralela -tomando en consideración que todo el proceso llegue a buen fin-; no obstante, es un paso sustancial que le daría al ciudadano la merecida oportunidad de renovar sus autoridades y de aspirar a que el real cambio se concrete.
Sin embargo, si se insiste en satisfacer el ego del próximo mandatario o en mantener una Asamblea numerosa hasta el 2009 o en darle continuidad a una Corte Suprema de Justicia que ha olvidado la justicia, ¿cómo podremos aspirar a que una ciudadanía harta de tanta mentira, responda con paciencia a ver más de lo mismo hasta el 2009?
Recordemos que los panameños tenemos una característica muy especial, queremos que las medidas se tomen de inmediato, eso se lo debemos a aquellos a quienes entregamos nuestra confianza en las urnas, y no cesan de engañarnos y de hacer y deshacer a su antojo.
Ya para cerrar, como marchan las cosas, el proceso constituyente no va a ser lo que esperamos. Para que éste se desenvuelva en verdadera democracia, se requiere el amplio sacrificio de quienes, sin siquiera haber llegado, ya se están aferrando al poder.
La única garantía que tenemos es que los ciudadanos seamos vigilantes, indistintamente de que apoyemos o no apoyemos la Constituyente, estemos pendientes de cómo se desarrolle el proceso, y si éste no se da, si muere en su cuna -que es también un escenario con grandes posibilidades-, seamos lo suficientemente valientes para levantarnos y apostar a nuestro propio destino.
Si los que nos gobiernan no están dispuestos a sacrificar su orgullo, la Constituyente será la burla que ya se ha advertido.
Sin con eso no tenemos para decidirnos a originar el Estado que deseamos, entonces la última esperanza se habrá perdido, la esperanza en nosotros mismos. Gracias a ustedes y a este prestigioso medio.
(augusto2312@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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