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El espacio de la cultura


La casi totalidad de las convicciones o ideas que posee el hombre no se las fabrica espontáneamente, sino que las recibe de su medio histórico, de su tiempo. Los pueblos las reciben a través de sistemas de transmisión aparentemente simples o enormemente complejos. Ese sistema es la cultura. Quienes vivan al margen de un sistema superior de ideas, están condenados a vivir de forma arcaica y tosca.
Por ello resulta penoso el magro presupuesto destinado a la cultura en Panamá, pues los políticos desconocen su importancia y nos inducen a la incultura. En la actualidad, para innovar el desarrollo cultural, éste no debe descansar sólo en las siempre tardías respuestas burocráticas del Estado panameño. Ya es hora que más empresas del sector privado asuman su cuota de responsabilidad para restaurar, subsidiar, apoyar y promover la actividad cultural en Panamá.
Debe romperse el círculo vicioso consistente en tener el cuello amarrado a la soga presupuestaria estatal. Los diputados aprobaron un presupuesto cultural que representa menos del 1% del producto interno bruto (PIB). En general, esta partida presupuestaria termina por sostener una planilla de funcionarios del Instituto Nacional de Cultura que poco hacen para desarrollar las políticas culturales del país, dejando a los verdaderos creadores (literatura, teatro, patrimonio, danza, música, pintura, etc.) con una ínfima cantidad para el impulso a sus proyectos.
Los espacios privilegiados que ocupa la cultura en Panamá son escasos. Basta observar los sitios que ocupan estos temas en los medios, en el presupuesto estatal, en la agenda de los partidos políticos y en la conciencia de los ciudadanos, quienes nunca protestan por su notoria ausencia.
Se está generando un vacío cultural que se puede convertir en un disparo a quemarropa contra el desarrollo. Hay que reforzar los vínculos entre cultura y desarrollo con una clara identidad de ideas y de la nación que deseamos construir.

101 años de Panamá América

 
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