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El espejismo de las reformas


EL ESPEJISMO es una ilusión de la imaginación. También el Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define como, "ilusión óptica debida a la reflexión total de la luz cuando atraviesa capas de aire de densidad distinta, con lo cual los objetos lejanos dan una imagen invertida, ya por bajo suelo como si se reflejasen en el agua, lo que sucede principalmente en las llanuras de los desiertos, ya en lo alto de la atmósfera, sobre la superficie del mar ".
No es casual, entonces, que el contenido de las recién anunciadas reformas tributarias pasen de inmediato a formar parte del paisaje nacional como una ilusión de la imaginación, como otro espejismo más. Y no puede ser de otra manera desde el momento en que el gobierno saliente y el entrante pactaron las reformas a la constitución militarista para evitar el cambio constitucional vía Constituyente, que es lo que la sociedad, el Estado y el país requieren con urgencia. No olvidemos que las reformas constitucionales forman el marco inmediato de referencia estructural del por qué de las reformas tributarias propuestas, del TLC que se negocia a espaldas de la población y con un hermetismo preocupante, de las próximas reformas a la Caja de Seguro Social y de la planeada ampliación del Canal de Panamá.
Desde el momento en que los factores reales de poder, asistidos por los círculos y grupos de presión aspirantes a caminar por los pasillos del poder y de los nunca ausentes arribistas y oportunistas, optaron por impedir el cambio constitucional para lograr un verdadero Estado de Derecho social y prefirieron rechazar como pilares de la organización política de Panamá, la dignidad humana, la igualdad y la solidaridad, resulta entonces una interminable ilusión pensar que las reformas propuestas -y por proponer- servirán de punto de partida para promover la vigencia de un orden social justo y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en las Costituciones modernas.
Toda gestión pública debe estar presidida por una justicia material que debe servir de referencia inmediata para una justicia distributiva. En ese terreno, no perdamos de vista que las reformas son un espejismo porque arrastran -en su forma y fondo- una falla ética estructural, no sólo por querer promover un equilibrio tributario que mantiene el desequilibrio en términos de valores sociales, sino también porque el marco constitucional preserva las formas de gobierno autoritarias.
Debo reiterar en este punto, que las formas de gobierno autoritarias que siguen presidiendo las instituciones locales sólo se preocupan por acrecentar los espacios de poder estatal y por los negocios o aspectos monetarios de la gestión pública. No perdamos de vista que los promotores de las reformas tributarias "son los mismos con las mismas". ¿O es que no aprendimos la lección hace exactamente veinte años?
A los actuales gobernantes, al igual que a los que los precedieron, sólo les interesa el Estado como lugar de dominación. No forma parte de su agenda la consideración urgente de los valores sociales en la gestión pública, ni tampoco el contar con proyectos reales al respecto, con verdaderos espacios y ámbitos de discusión y de capacitación ciudadana.
Las reformas constitucionales se dieron penetradas de relativismo y utilitarismo. No podemos esperar que las reformas tributarias dejen de venir desvanecidas de los principios de solidaridad y de equidad porque estamos frente al mismo modelo de "gerencia agresiva e impersonal que se instala en lo económico" y que también se proyecta sobre la política y la educación.
Tampoco podemos esperar que las próximas reformas que nos están preparando -desde los campamentos del desierto social gubernamental- para la Caja de Seguro Social, la Universidad de Panamá y el Organo Judicial puedan llegar a ser diferentes.
Cada día nos alejamos más, en lugar de acercarnos, de un verdadero Estado Constitucional. Cada día se abandonan más y más las libertades y los derechos que nos corresponden como seres humanos del siglo XXI. Cada día la dignidad se negocia más por la falta de principios, por la ausencia de responsabilidad social y de respeto por la condición humana. Sigamos así, viviendo de espejismos, que, entre conformismo y reformismo, ya nos falta menos para terminar de pasar de ciudadanos a camellos.

101 años de Panamá América

 
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