El esperado proyecto del Canal
El tan largamente esperado proyecto oficial de la Autoridad del Canal de Panamá sobre la necesaria ampliación de la vía acuática será presentado seguramente luego de Semana Santa. De ser así, es altamente oportuno que los especialistas de la ACP hayan podido anticipar todos los escenarios posibles que un documento de esta envergadura va a suscitar entre la población panameña. No hacerlo es no contemplar la realidad del movedizo y siempre sugestivo pero también fascinante mundo de la opinión pública. Especialmente si el mismo va a ser sometido luego a referéndum.
Sin embargo, la primera pregunta que nos hacemos es si dicho documento servirá para un debate nacional, que permita que el resto de los panameños opinemos y luego votemos. O tan sólo para que votemos y nos guardemos nuestra opinión.
Es decir, ¿será un documento para ser modificado, cambiado y se incorporen en el mismo otras posiciones o ideas ajenas al documento inicial?, o será más bien, un proyecto oficial que, además de ser secreto y tan hermético, como ha sido hasta el momento, será inamovible con conclusiones casi dogmáticas de los profetas de la ampliación del Canal. Pero la controversia no terminará allí.
Seguramente el tan heterogéneo Panamá de hoy querrá hacer valer sus ideas. La población lo hará sustentando sus posiciones sobre el mismo con base en la idea que el Canal es de todos. Especialmente si vamos a votar en referéndum dicha propuesta.
Por otro lado, es muy probable que los especialistas tengan su punto de vista, los grupos interesados otros, y finalmente la gran masa del pueblo panameño otro. Y en medio estarán los afectados directamente por la obra. De allí que el tan esperado documento oficial ojalá sepa adelantar diversos niveles de comprensión del mismo. Pero no hay que asustarse. Esa es la base de la democracia. Todas las opiniones son igualmente importantes y válidas ante lo que está por suceder. En asuntos difíciles hemos logrado conciliar posiciones y hemos dado muestras de madurez política.
Es posible que si la tarea de comunicación se realiza bien y con transparencia, todos ganemos con la gran obra que es nuestro orgullo nacional. Obtener el apoyo del pueblo para una gran obra es legítimamente comparable a la creación de una meta programada de comunicación social donde la democracia abierta y participativa sea la que finalmente reine en el debate nacional.